La debilidad del rey vampiro - Capítulo 79
- Inicio
- Todas las novelas
- La debilidad del rey vampiro
- Capítulo 79 - Capítulo 79: 79
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 79: 79
Gema despertó sobresaltada, el corazón golpeando en su pecho como si hubiese peleado en sueños. Algo la empujaba a levantarse, un susurro interno que la impulsaba con urgencia: búscalo. Ahora.
Se cubrió con su bata de terciopelo rojo oscuro, una mano instintivamente sobre el vientre abultado, y caminó descalza por los pasillos del castillo. El eco de sus pasos se fundía con el silencio denso, cargado de presagios. Un escalofrío le recorrió la espalda. No sabía lo que iba a encontrar, pero lo sentía: algo estaba mal.
Cuando llegó al despacho de su esposo, encontró la puerta entreabierta. Se detuvo, el corazón suspendido, la respiración contenida.
—Mi rey… —susurraba una voz femenina desde el interior—. ¿Por qué sigues con ella? Yo puedo darte lo que tanto buscas. Un heredero fuerte, perfecto. Gema es débil… está rota…
Era Marina. La empleada humana se encontraba arrodillada frente al escritorio de Kyllian. Su vestido había caído hasta la cintura, dejando su torso desnudo, vulnerable, ofrecido.
—Puedo hacerte feliz… —continuaba ella—. Solo tienes que probarme. Una noche, mi rey. Y no volverás a pensar en ella.
Gema se paralizó. Sus manos temblaban, el alma hecha trizas. Pero no irrumpió. No aún. Espió desde la sombra de la puerta, esperando… temiendo.
Kyllian se levantó de su escritorio con una calma que helaba. Ni siquiera la miró a los ojos. Caminó hacia Marina con la frialdad de un depredador desinteresado. Sus pupilas se habían tornado negras como la noche.
—¿Terminaste? —preguntó con voz plana, peligrosa.
Marina asintió, confiada, con una sonrisa triunfante.
Pero él no sonrió.
—¿Crees que eres capaz de cambiar mis sentimientos?¿Que puedes corromperme mostrándome tu cuerpo ?
La tomó del cuello con una sola mano. Marina jadeó, sorprendida. Intentó hablar, pero no pudo.
—Si realmente querías algo de mí… debiste intentar matarme. Eso, al menos, habría sido interesante. Pero esto… esto es patético.
Un chasquido seco atravesó el aire. El cuello de Marina se quebró como una rama débil. Su cuerpo cayó al suelo con un golpe sordo.
El silencio se hizo eterno.
Kyllian observó el cadáver por un instante, sin rabia ni compasión. Solo un asco frío, distante.
Desde el pasillo, Gema soltó un gemido involuntario. La emoción, el miedo, la tensión la desbordaban. Sintió un espasmo agudo, un dolor punzante que le arrancó el aliento.
—¿Gema?
Kyllian apareció en el umbral de la puerta en un parpadeo. La vio encorvada, con una mano apoyada en la pared y la otra en su vientre. Gema temblaba, pálida, y sus ojos brillaban de lágrimas.
—Me duele mucho… el bebé viene —susurró, apenas consciente.
Kyllian la sostuvo antes de que cayera al suelo. Sus colmillos aún estaban expuestos, pero en su mirada ya no había oscuridad. Había fuego. Había amor.
—Estoy aquí, mi reina —dijo, y la besó en la frente.
La levantó con facilidad, ignorando el cadáver en el suelo, ignorando el caos latente. Nada importaba más que ella.
Mientras corría con Gema en brazos, sus pasos resonaban como truenos por los pasillos. Gritaba órdenes. Convocaba médicos, comadronas, hechiceros. El castillo entero despertó, alertado por su furia protectora. La luna, afuera, parecía observarlo todo.
Gema apenas podía hablar entre contracciones. Sentía que su cuerpo se partía, pero al mismo tiempo una energía ancestral se agitaba dentro de ella. Sabía que este no era un parto común. Lo que venía al mundo traía más que sangre y vida: traía destino.
Kyllian no se separó de su lado ni un segundo. Sujetó su mano con fuerza mientras la preparaban, y susurraba palabras antiguas en su oído, hechizos de protección que solo los antiguos vampiros conocían.
Pero en lo más profundo de su mente, algo ardía. Si Marina se había atrevido a intentar seducirlo, ¿cuántos más podrían intentar arrebatarle lo que amaba?
La guerra no había terminado.
El peligro aún acechaba.
Y bajo la intensidad del dolor, la traición y el amor feroz…
Un nuevo heredero estaba por llegar.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com