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La diosa de la luna - Capítulo 100

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Capítulo 100: Capítulo 39: El nuevo portal_4

—¿Cuáles son? —preguntó Seiko emocionada.

—La primera es mediante un conjuro, es la más sencilla. La segunda es mediante la grieta, es un viaje muy largo hasta allí. Y la tercera, es con el heraldo, pero nadie sabe dónde está.

—¿El heraldo? —preguntó Atlas.

—Es la llave que separa los mundos, tenerla en tus manos te garantiza ir a donde quieras con ella, incluso puedes utilizarla para moverte dentro del mismo lugar donde te encuentras.

—Conjuremos el portal para regresar. —comentó Seiko.

—Debe hacerse con la luz del sol, es lo que le da energía al conjuro. Pueden pasar la noche aquí, les diré dónde pueden dormir.

—Un momento, ¿cómo podemos confiar en usted? —preguntó Atlas desconfiado.

—Soy la única salida, además, si intentara hacerles algo, sería seis contra uno.

—Pueden confiar en ella. —respondí. Runa me observó, pero no añadió algo más.

Runa guio por la casa a los demás para enseñarles donde podían dormir, ofreciéndose incluso a sanar la herida de Atlas, Alena le dijo que ella había hecho con sus poderes lo que pudo, ambas comenzaron a hablar sobre los poderes de sanación, diciendo que ella era sanadora y lo había sido durante gran parte de su vida.

Eriol se quedó conmigo en el sofá, puso su mano sobre la mía acariciándola, gesto que agradecí, han estado ocurriendo tantas cosas que en ese momento solo quería dejar de sentir.

—¿Crees que si sea ella? —preguntó Eriol.

—¿Qué posibilidad existía que de tantas personas nos encontráramos a una Odola?

—¿Qué quiere hacer?

—Ya no lo sé. —respondí llevándome mis manos a mi rostro.

—Sin importar lo que decida hacer, siempre estaré a su lado. —comentó Eriol.

Runa llegó a la sala y se sentó frente a nosotros.

—Todos los días me levantó preguntándome que ocurrió. —dijo ella. —Después de recibir la carta que me trajo un mensajero del palacio llamado Angelos, fui a la mansión Odola, pero ella no estaba allí, tampoco estaba Nathaniel, que jamás llegué a conocerlo.

—Fuiste a ayudarla… —susurré.

—Si, siempre me pregunté si ella o el bebé aun continuaban con vida y hoy veintiún años después aquí estas frente a mí. —dijo llorando.

—También me he hecho la misma pregunta todos los días de mi vida, ¿qué les pudo ocurrir a ellos?

Su rostro se llenó de sorpresa.

—¿Ella no está contigo? —preguntó.

—Hasta hace poco supe cómo se llamaban mis padres porque no lo sabía.

Ninguna de las dos sabía que la otra se encontraba con vida, si antes sentía que cada pregunta que tenía estaba sin respuesta, poco a poco iba encontrando las piezas que sentía perdidas, descubrí que Nina es mi hermana, hija de mi padre. Runa, mi tía, y por el contenido de la carta sé que mi padre estaba vivo poco antes de nacer, existía la posibilidad que después de la carta y de lo que les haya sucedido en la mansión Odola, mi madre saliera corriendo hasta la casa del padre de Eriol donde nací y después de eso… nada. Pero, sobre todo, el hecho que a Runa le haya entregado la carta Angelos, el padre de Aristeo, mensajero de los reyes, solo significaba que alguno de los dos tenía conexiones con el reino.

Runa me explicó que Daria la había protegido de muchas cosas que ella no entendía, que le debía muchas cosas y que no lo entendió hasta muy tarde, lo que incluso le costó la vida a su hermana Malaia, que ellas decidieron ocultarse del mundo porque deseaban enviarlas a un orfanato para que las adoptaran por separado, pero ellas deseaban mantenerse juntas por lo que huyeron, jamás le dijeron a alguien quienes eran hasta muchos años después, pero eso aún no me explicaba que relaciones tenían ellos con el reino, porque incluso para estas épocas mi nacimiento no estaba previsto y mucho menos se sabía que sería una descendiente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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