La diosa de la luna - Capítulo 101
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Capítulo 101: Capítulo 39: El nuevo portal_5
A su vez, le conté a ella lo que me habían dicho los sacerdotes que me encontraron en el bosque de Agnes sola, siempre diciendo que desconocían quienes eran mis padres, le dije como me había enterado de que Daria y Nathaniel eran mis padres, lo que había ocurrido en la mansión Odola, incluso lo que ocurrió cuando fuimos a visitar al padre de Eriol, le conté sobre mis suposiciones, siempre omitiendo algo de información, sobre los ataques, lo que pasó realmente en el bosque o todo lo demás que me había estado ocurriendo de cosas muy extrañas, porque todavía no sabía que pasada. Saber que tenía familia era un alivio para mí, resolvía la mayor duda de toda mi vida, pero ahora había otras cosas que necesitaba resolver, lo que les ocurrió a mis padres, quien quiere hacerme daño y quien es la persona que dirige el grupo “los hijos del caos”. Sin duda eran respuestas que no podía resolver sentada en el sofá en un mundo desconocido, necesitaba volver, pero no podía hacer algo ya que el conjuro solo lo conocía Runa y ella había dicho que le proporciona energía el sol, así que habrá que esperar que amanezca.
—De lo que me cuentas hay muchas cosas que no entiendo. —comentó Runa.
—Tenemos el mismo sentimiento. —respondí. —Con mis labores en el reino, me ha quedado difícil buscar respuesta, sobre todo porque casi no las hay.
—Me alegra saber que tú si estás viva. —se acercó a mí para darme un abrazo. —Lamento mucho no buscarte, pero agradezco a las diosas por haberte salvado.
—¿Por qué huiste de Hirina? —pregunté.
Durante toda la conversación nunca mencionó los motivos por los cuales no estaba en Hirina, es cierto que, de estar allá, no hubiéramos recibido ayuda para salir de este lugar, la verdad es que las decisiones que tomamos lo hacemos por una razón que desconocemos, pero sentimos que es lo correcto. Pienso que cada acto que hacemos trazamos una línea que, aunque tarde años se conectará con otra o con alguien más.
—Ya no me hallaba en Hirina. —respondió. —Le pedí a mis hermanas que vinieran conmigo, pero tuvieron miedo.
—¿Cómo llegó aquí? —preguntó Eriol.
—No quería seguir ejerciendo como sanadora e inicié como investigadora, recorrí toda Hirina juntando conocimiento, hasta que alguien me dio el libro. —dijo señalándolo. —Contiene muchos encantamientos…
—¿Es el libro Gogledd? —pregunté sorprendida.
—No, pero se parecen mucho en algunos aspecto. La gran diferencia es que este libro es para hacer el bien, Gogledd solo buscaba destrucción. —se levantó, tomó el libro y me lo extendió. —Pueden hojearlo si desean.
—Señor Gerlaria, si lo desea ver. —dije entregándoselo. —Me gustaría que me dijera donde puedo dormir.
Runa se levantó y me guio por la casa, había algunas habitaciones ya cerradas supongo que son de las que ocupan Seiko y Atlas, al final del pasillo señaló una habitación.
—No tengo suficiente espacio, ¿hay problema por qué duerman juntos? —preguntó Runa.
—No, no hay problema. —respondí
Recordé las otras veces que Eriol y yo habíamos dormido en la misma habitación la diferencia era muy notoria y es por el tamaño de las habitaciones, mientras que en las otras ocasiones Eriol se quedaba en un lugar para pasar la noche, como el sofá de mi habitación en el palacio, aquí posiblemente nos tocaría compartir la cama. Runa buscó algo en el clóset y me dio unas prendas diciendo que podía usarla de pijama si deseaba dormir más cómoda y luego salió de la habitación. Eriol entró observó la habitación y luego a mí, notando lo mismo que yo.
—Dormiré afuera, majestad. —comentó él saliendo.
—No entiendo, mientras estábamos en el palacio insistías dormir en mi habitación.
—Es diferente…
—No me molesta que compartamos habitación. —comenté acercándome a él, me giré y le dije: —¿Puedes soltar el lazo, por favor?
Normalmente mis shauri lo harían y cuando ellas no están optaba por vestidos más fáciles de usar, pero ahora la situación era otra, necesitaba la ayuda de alguien para poder desvestirme, las prendas eran demasiado incomodas para poder dormir, me preguntaba que les había sucedido, ellas se encontraban resguardadas en otro salón, solo esperaba que se encontraran bien. Él desató el lazo de mi espalda, con delicadeza paso sus dedos entre los listones para aflojarlos, poco a poco sentía como me iba liberando del corsé, hasta que se detuvo.
—Muchas gracias. —le dije girándome.
No era capaz de verme a los ojos, pero salió de la habitación diciendo que me daría privacidad para poder vestirme con calma. Mientras me colocaba el pijama dado por Runa, escuché como él intercambiaba palabras con ella, hasta que lo escuché reír, sentí una punzada en mi estómago, las veces que lo había escuchado reír habían sido pocas y no había sido conmigo sino con alguien más, normalmente conmigo solía ser demasiado serio, posiblemente tomaba muy en serio su trabajo. Dejé el vestido tendido en una silla pequeña, a la mañana tendría que pedir ayuda para vestirme, lo más seguro es que Seiko también pueda necesitar ayuda, aunque teniendo a Alena ella sabía mejor como ayudarla, por lo que le podía decir a alguna de las dos.
Me acosté en la cama observando la noche por la ventana, me sentí pesada, quizá era la acumulación de sentimientos, pensamientos y sensaciones que hacían que me sintiera así, en ese momento solo deseaba desaparecer, deseaba sentir nada.
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