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La diosa de la luna - Capítulo 103

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Capítulo 103: Capítulo 40: El poder de la luna_2

Eriol

Se levantó con prisa de la cama, cuando le pregunté qué haría, respondió con la misma idea que había tenido antes, irse a dormir al sofá, pero el resultado era el mismo o peor si se enteraran que ella había dormido en la sala. Le pedí que no lo hiciera, ella solo quería que pasara una buena noche, ella sabía que lo necesitaba. En un punto de la conversación comentó que Beatriz era mi novia, ¿de dónde había sacado aquella historia? Seguramente Beatriz le haya dicho algo, pero esa no era su forma de ser, lo más probable es que ella lo haya intuido con mi trato hacia ella, pero enseguida le negué aquella afirmación. Bajó un poco la guardia cuando acepte dormir a su lado… en la misma cama, escuchando su respiración y sus latidos toda la noche.

Tenía una mezcla de nerviosismo con incomodidad, una sensación casi indescriptible, pero quería hacer la estadía lo más cómodo para ella, se encontraba de espaldas, no podía verle el rostro lo que era un pequeño alivio para mí, le pregunté si estaba bien, respondió que sí, hasta que le pregunté como se sentía con respecto a lo ocurrido con el rey Aries, me preocupaba el hecho que ella si se fuera a sentir muy incómoda, compartir la cama con un hombre a pocos días de que uno intentase violarla, sin embargo, no me respondió.

—No quise incomodarla. —dije.

—Solo que no sé cómo sentirme al respecto. —dijo respondiendo mi pregunta.

—¿Se encuentra bien? —pregunté de nuevo.

—Hace un momento te respondí, estoy bien, agradezco tu preocupación. —respondió con firmeza.

—Es que… se nubló un poco.

De repente se sentó en la cama y dijo: —Así fue como lo notaste.

No había querido decirle cómo fue que lo supe ese día, no sabía por qué, solo no deseaba hacerlo, pueda que haya sido para no verme como una persona obsesiva que analiza todo lo que sucede a su alrededor, pero con ese simple comentario me había quedado al descubierto.

Cada vez la conversación se tornaba más incomoda entre los dos, sobre todo cuando me preguntó los motivos por los cuales lo hacía, al principio no entendía su pregunta y se lo expresé, porque había muchas cosas que hacía porque era mi deber, otras porque quería hacerlo.

—¿Por qué siempre te preocupas por mí? —insistió. —Sé que es tu trabajo, pero siempre haces más.

—Mi deber es protegerla, majestad. —respondí. —Haré lo que sea necesario para que la luna siempre brille.

No mentía, cada una de mis palabras eran ciertas, pero aún le falta para que sean verdaderas.

Por instinto o quizá porque desde hace mucho tiempo había querido hacerlo, quise llevar mi mano para acariciar su mejilla, una sencilla muestra de afecto, pero me arrepentí al último momento.

—Ese gesto. —dijo ella. —Es a lo que me refiero, los demás guardianes mantienen su distancia con sus reyes, pero siempre estas cerca de mí.

Ella lo sabía, se había dado cuenta de mis sentimientos, quizá Agatha no lo entendía de la misma forma que los demás, pero sabía que la trataba diferente. Sentí vergüenza, la pena no me dejó verla a la cara, sobre todo, por lo que le diría para “justificar” mis acciones hacia ella.

—Majestad, ¿sabe lo que es el poder de la luna? —pregunté. —Mis actitudes hacia usted están impulsadas por la luna.

Quedó en silencio un momento, comprendiendo mis palabras, no era capaz de mirarla a los ojos, después de un rato que pareció eterno fue que habló.

—Entiendo, tienes razón. —respondió. —Lamento hacerte tantas preguntas.

Sentí como se volvió a acostar, de nuevo dándome la espalda, no podía arrepentirme de lo que había hecho, después de todo no estaba del todo seguro cuál de los dos mandaba en mí. Al cabo de un rato escuché como su cuerpo se relajó, indicando que se había quedado dormida, no quise abandonarla allí e irse a la sala, o incluso a la silla que tenía enfrente.

Intenté quedarme dormido una y mil veces, pero invadía en mi mente una sola frase que habíamos escuchado: “no puedes morir, pero existen los medios para lograrlo”, mi corazón latía con fuerza porque temía que ese día llegase, aunque fuera imposible que Agatha muriera.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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