La diosa de la luna - Capítulo 104
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Capítulo 104: Capítulo 41: La habitación
Había cerrado mis ojos no sé por cuanto tiempo, el crujir de la puerta abriéndose hizo que me despertara. Observé a Eriol entrando con cautela a la habitación, tenía su cinturón en la mano. Me incorporé para verlo mejor, aún era de noche, no parecía haber pasado muchas horas.
—Lo lamento, majestad. —dijo Eriol cuando me vio despierta. —No quise despertarla.
—No te preocupes. —le respondí volviendo a acomodarme en la cama.
Mis ojos seguían lo que hacía Eriol, dejó el cinturón a un lado de la cama, tomó mi vestido y lo puso dentro del clóset de donde Runa había sacado la pijama, se quitó la armadura que llevaba puesta dejando solo su uniforme, de la camisa quitó los tres primeros botones dejando de ver su pecho, comencé a sentir la extraña sensación de tensión de cuando estábamos en el reino de los sueños, no sabía si iba a ser capaz de poder dormir con ese sentimiento. Se acomodó en la silla pequeña donde tenía el vestido y me quedó mirando.
—¿Ocurre algo? —pregunté.
—No, no ocurre… nada. —respondió él.
—¿Por qué no vienes a dormir?
—Dormiré aquí.
—Te dije que no me molesta compartir habitación.
—Ya le dije, es diferente.
—¿Por qué?
No lograba entender, estando en el palacio con miles de soldados haciendo guardia, con él durmiendo en la misma torre donde estaba, insistió en más de una ocasión quedarse en mi habitación. Ahora, estando en un lugar desconocido para nosotros con un mal al acecho, no quería estar en el mismo lugar conmigo. Me levanté de la cama hablaría con Runa para saber la posibilidad de dormir en el sofá, para que él pudiera estar cómodo en la habitación y que pudiera descansar, incluso sabiendo que no deseaba estar conmigo.
—¿Qué va a hacer? —preguntó.
—Me iré al sofá para que puedas estar aquí. —respondí.
—No haga eso, majestad. —dijo él levantándose de la silla.
Su cuerpo quedó frente al mío, su respiración se sentía un poco agitada. Fue cuando se me vino a la mente Beatriz, quizá no sería lo ideal para compartir habitación conmigo por respeto hacia ella, cosa que podía entender.
—Señor Gerlaria, entenderé si no desea compartir habitación conmigo. —comenté. —Pero no permitiré que pase una mala noche.
—No, majestad… no es eso.
—Sé que se trata del respeto hacia su novia Beatriz, por eso…
—Majestad. —dijo con una voz muy suave interrumpiéndome. —Por enésima vez, Beatriz no es mi novia, es una amiga de la infancia.
—No debes porque darme explicaciones sobre tu vida privada, siempre y cuando no interfiera con tu trabajo.
—De acuerdo. —dijo él. —Compartiré cama con usted.
De nuevo me acosté en la cama dejando el espacio suficiente para que el pudiera dormir, cuando él se acostó se dejó caer casi como una piedra lo que me causo un poco de gracia, la tensión en mi pecho aumentó cuando sentí que su cuerpo estaba tan cerca al mío que por poco podrían tocarse. Estaba de espalda a él, por lo que no podía ver que hacía, no quería girarme porque verlo tan cerca no creo que sea una buena idea, solo me quedé quieta y en silencio donde estaba.
—¿Cómo se siente? —preguntó de repente.
No sabía si se trataba a la situación que estábamos enfrentando, a la herida que tenía en la cabeza o por el hecho de compartir cama con él, cualquiera que fuera el contexto la respuesta era la misma.
—Estoy bien. —respondí.
—¿Y con lo que ocurrió con el rey Aries?
Me quedé en silencio, no sabía que responder porque no sabía cómo me sentía, le había devuelto lo que él quería, pero seguía sin entender porque me había propuesto matrimonio delante de todos y aún más, ¿qué le había hecho pensar a él que quería casarme? ¿Realmente quiero hacerlo? Nunca me había hecho esas preguntas.
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