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La diosa de la luna - Capítulo 107

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Capítulo 107: Capítulo 42: La grieta_2

para comenzar a cortarlo. Eriol quien no había escuchado lo que ocurría, le gritó a Alena.

—¿Qué haces? —preguntó asustado.

—Cálmate, Gerlaria, es solo una petición. —respondió Alena. —Haz silencio y observa.

Luca quien se había escuchado mi sugerencia, hizo lo mismo con Seiko mientras los demás esperaban. En cuestión de minutos nuestros muslos se encontraban desnudos que sentíamos el viento helado. Con esta tarea realizada y con la esperanza de poder hallar un vestido nuevo pronto, entramos al lago siguiendo a Runa. Eriol venía detrás de mí, a lo último del grupo, tenía su espada en la espalda evitando hacer contacto con el agua, igual que Alena y Luca. En varias ocasiones intentó acercarse a mí, pero parecía que algo lo detenía a hacerlo.

Delante de nosotros poco a poco se iba alzando una colina con una piedra saliente grande que regalaba sombra a una parte del gran lago donde estábamos. Runa gritó que nos diéramos prisa para evitar que comenzara una nevada y nos quedáramos allí congelándonos, así que junto a ella apresuramos el paso. El agua se iba colocando aún más fría a medida que nos acercábamos a la sombra de la piedra, sentí mi cuerpo entumecerse cada vez más que me costaba moverme, sentía mis piernas congeladas y mi cuerpo temblaba mucho, pero no era la única que le pasaba, Seiko que estaba delante de mí, estaba siendo ayudada por Alena para avanzar.

—Sujétese de mi brazo. —dijo Eriol acercándose a mí.

Extendió su brazo para que pudiera tomarlo y así él poder guiarme, aunque me cuestioné por segundos hacerlo, al final del día seguía siendo mi guardián, su deber era protegerme e influenciado por el poder de la luna o no, teníamos que estar juntos. Su antebrazo se tensionó un poco al tener mi mano puesta, aunque no tocaba su piel porque las capas del uniforme me lo impedían, podía sentir la dureza de los años de entrenamiento, pensar en aquello a pesar del frio que había hizo que mi cuerpo entrara un poco en calor. La luz iba desapareciendo cada vez que nos adentrábamos más, así como el agua iba descendiendo hasta solo cubrir nuestros pies.

—Tómense de las manos, el camino es estrecho, y oscuro, por favor, en silencio. —susurró Runa lo suficiente para que podamos escucharla.

Seguía sujetada a Eriol, él iba delante de mí, lo que me hacía la última del grupo. La corriente fluía en contra de nosotros, el camino era completamente rocoso lo que lo volvía complicado andarlo, tambaleábamos mucho. Aunque mis ojos se habían acostumbrado un poco a la oscuridad, me costaba un poco ver incluso mi mano en el brazo de Eriol. Runa había tenido razón cuando dijo que el camino era estrecho, no podía estirar mis brazos hacia los lados sin chocar con los muros. El frio empezaba a desaparecer, se sentía muy cálido el clima dentro de la cueva. Mientras nos adentrábamos a la cueva, la corriente de repente cambio de sentido, caminaba junto a nosotros. Unos pasos más adelante el camino se amplió, me sentía más libre de transitar, pero aun continuábamos tomados de las manos y a oscura.

Dicen que cuando uno anula un sentido, otros se suelen desarrollar un poco más, puede que sea eso o el hecho que nos encontrábamos sin hacer un ruido, arriba de nosotros, en lo alto de la cueva se comenzaron a escuchar unos chirridos, aun a pesar de eso continuamos caminando sin detenernos, quizá puedan ser los cibus que mencionó Runa antes de ingresar al lago. De repente se escuchó un golpe, alguien cayó al piso e hizo un quejido por el impacto, por este sonido el chirrido de arriba se intensificó y comenzó a escucharse cada vez más cerca.

—Corran. —dijo Runa de forma que todos escucháramos.

Runa comenzó a correr, todos se soltaron y comenzaron a guiarse por el sonido de los pasos de Runa. Nuestros pasos resonaban en la cueva, sentí como los cibus se acercaban demasiado a nosotros, con cada cercanía comenzaba a sentirme más débil, quitaban nuestra energía. Me solté del brazo de Eriol no era capaz de sostenerme, sin embargo, Eriol me tomó de la mano con fuerza tirándome de él para que me siguiera moviendo. El sonido de una cascada se escuchaba a lo lejos, que se iba intensificando a medida que íbamos avanzando, como no éramos capaces de ver lo que teníamos al frente, Eriol terminó chocando con alguien.

—¿Qué ocurre? —pregunté.

—Estamos en un acantilado. —respondió Atlas.

—Debemos saltar. —comentó Runa. —Naden hasta el fondo hasta que vean la luz.

Aunque escuchábamos como caía el agua por la cascada, no veíamos si al fondo nos recibiría agua, todos desconfiábamos, pero tampoco podíamos quedarnos allí con los cibus consumiendo nuestra energía.

—Confíen en mí. —dijo Runa antes de saltar.

Unos cuantos segundos después se escuchó como su cuerpo impactó en el agua, saltó primero para obtener nuestro voto de confianza. Pero no estaba del todo segura, no podía pensar con claridad, se empezó a escuchar como los demás saltaban e impactaban en el agua, no era tan alto el acantilado.

—Majestad, debemos saltar. —dijo Eriol.

Me sentía mareada, me dolía mucho la cabeza, mis pensamientos estaban confusos. Eriol aún sujetaba mi mano, tiró de ella con fuerza para acercarme a su cuerpo, con sus brazos me rodeo y conmigo saltó al vacío.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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