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La diosa de la luna - Capítulo 108

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  4. Capítulo 108 - Capítulo 108: Capítulo 43: La playa en Crystal
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Capítulo 108: Capítulo 43: La playa en Crystal

Nuestros cuerpos chocaron contra el agua con fuerza, empecé a sentir mucho dolor en el costado derecho de mi cuerpo por el impacto, intenté sumergirme en el agua tratando de ignorar el dolor que sentía aun así comencé a nadar hasta el fondo, lo más rápido que pude para evitar ahogarme, pero sentía un dolor en mi brazo derecho que me impedía avanzar, a medida que iba bajando la temperatura del agua iba variando, primero muy helada, iba pasando poco a poco a una muy cálida. No sabía por cuanto tiempo debía de seguir nadando, pero empezaba a sentirme cansada y desesperada. No podía ver a Eriol, no lo sentía cerca.

El agua comenzó a tonarse poco a poco de un color más claro por la presencia de la luz del sol, podía ver con claridad un poco más lo que tenía adelante, empecé a nadar hacia la superficie, pero no era capaz de hacerlo, mi brazo no podía seguir aleteando, mi espalda dolía, y seguía sintiéndome débil, mi cuerpo de a poco se iba rindiendo, dejándose llevar por la corriente del agua, calmada, tibia, sentía que mis ojos se iban cerrando y mi cuerpo empezaba a pesar más de lo normal, una calidez diferente al contacto con el agua envolvió mi cuerpo como en un abrazo, con fuerza comenzó a moverme hacía arriba ayudándome a salir a la superficie, aunque quisiera luchar en contra de ella no era capaz.

Al salir a la superficie, me llevó hasta la orilla con las olas moviendo mi cuerpo. Una mujer salió de mi lado, su cuerpo hecho completamente de la corriente de agua, azul cual es el color del cielo, transparente que podía observar cómo los peces se movían dentro de ella, su cabello en forma de agua muy largo se unía con la playa.

—Me alegra haber llegado a tiempo para usted, reina mía. —dijo ella en una voz muy suave y cautivadora.

—¿Quién… eres? —pregunté débilmente.

—Me llamo Noa. La diosa Amaris me creó para proteger las aguas. Tendrá otro día para conocerme mejor. Debe irse. —me respondió señalándome la playa.

Miré hacia adelante y vi como Eriol y Runa me esperaban más adelante, un poco más allá de la orilla, sonreí al verlos. Tambaleándome me levanté para comenzar a caminar arrastrando mis pasos. Eriol que estaba en la orilla salió corriendo para sostenerme, no podía continuar caminando, así que me cargó y me llevó a la orilla. Allí estaban todos, Seiko les había sacado el agua de sus ropas húmedas, descansaban en la arena observando a las olas llegar a nosotros, Atlas estaba tumbado en la arena, Seiko se le veía muy débil en las piernas de Alena.

—Descansa, te sentirás débil durante un par de horas. —respondió Runa.

Aunque no quisiera, mis ojos se cerraron mientras aún seguía en los brazos de Eriol.

El viento soplaba con fuerza haciendo ir y venir mi cabello, me ocasionaba un poco de hormigueo por mi cuello, lo que hizo que me despertara. Estaba acostada en la arena, sobre las piernas de Eriol, él tenía sus piernas extendidas y miraba hacia la nada cuando abrí los ojos. Me levanté frotándome los ojos, aun me seguía sintiendo débil, pero no cuando Noa me trajo.

No me había dado tiempo de hablar con esta entidad, la cual asocio que es una semejanza de Terla, ambos creados por Amaris, pero ¿por qué? Debía de haber una razón para que existieran criaturas que protegieran estos poderes, ¿la diosa Kisha también habrá creado sus semejantes para proteger al fuego y al viento? Era algo que debía preguntarle a Aries, pero con todo lo ocurrido con él, lo más seguro es que no me respondiera.

Observé a mi alrededor, el día se había nublado un poco, pero aún se podía sentir el sol sobre nosotros. A nuestro lado estaba Atlas tumbado en el piso, el choque con el agua le había abierto la herida, Runa le enseñaba a Alena como curarlo, mientras Luca y Seiko observaban.

—¿Dormí mucho? —pregunté.

—No mucho, pero más que los demás. —respondió Eriol.

—¿Dónde estamos?

—Runa dijo que estábamos en una playa en Crystal.

Si nos encontrábamos en Hirina, sería mucho más sencillo volver al palacio, solo teníamos que conseguir un poco de polvo apertio para que todos pudiéramos atravesar el portal, pero, si Runa no pudo conjurar el portal diciendo que estaban cerrados por el heraldo, ¿aquí también estarían inhabilitados los portales? Teníamos que conseguir la forma de llegar, pero, aunque decidiéramos irnos caminando o a caballo hasta Sylvara nos tomaría varios días llegar.

Escuchamos una risa de un hombre bastante mayor detrás de nosotros. Al girarnos, vimos a este hombre al inicio de la playa que venía caminando hacia nosotros. Caminaba a pasos cortos y encorvado, tenía un bastón con un grabado enrollado en él y en la punta del bastón tenía grabado un ojo se veía tallado a mano por completo, llevaba una túnica color vino un poco sucia. Llegó hasta donde estábamos para sentarse junto a nosotros. El hombre me miró y sonrió.

—Llegué a tiempo. —dijo suspirando.

No prestamos mucha atención al anciano, quizá era alguien de algún pueblo cercano, los demás continuaron con sus sanaciones mientras Eriol y yo observábamos el paisaje.

—Ya conociste a Noa, ¿cierto? —preguntó el hombre.

Sentí una punzada en el pecho cuando mencionó el nombre de la mujer que me rescató del agua. Lo miré con extrañeza, ya que ni siquiera se lo había mencionado a Eriol, ni siquiera habíamos tenido la oportunidad de hablar sobre lo ocurrido a las fuera de la mansión Odola con Terla.

—Parece que todo está ocurriendo. —comentó él.

Con estas palabras captaron la atención de los demás, quienes voltearon a mirarlo con extrañeza.

—¿Quién es usted? —preguntó Atlas.

—Oh, cierto, que mal educado soy. —respondió el hombre. —Mi nombre es Prodeus, soy el profeta de Hirina. Ustedes son la reina Agatha Iluna, el rey Atlas Skov, la reina Seiko Misu, sus guardianes Eriol Gerlaria, Alena Janus, Luca Nigo, y Runa Odola, tía de Agatha. —dijo señalándonos a cada uno.

Era sorprendente que supiera el nombre de todos, quizá de los reyes era mucho más fácil de adivinar, pero no los demás, mucho menos que ellos eran guardianes y que Runa era de mi familia.

—He escuchado de ti. —comentó Runa. —Pero… eres una leyenda. Se dice que luchaste contra un rey y este te asesinó, es imposible.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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