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La diosa de la luna - Capítulo 109

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Capítulo 109: Capítulo 43: La playa en Crystal_2

—Una de las características de las leyendas es que tienen ciertos grados de realidad. —respondió él. —Pero no todo. —dijo esto último riendo.

—No, es imposible que sea tú. —dijo Runa.

Sé lo que son unos profetas, personas con la capacidad de ver el pasado, presente y futuro de las personas, siempre se le consideró uno de los dones más populares, pero extrañamente escasos en durante la redención, pero jamás se ha registrado el nacimiento de uno en Hirina, son poderes que difícilmente se heredan de generación en generación, nunca en la historia se había escuchado hablar de uno vivo en la actualidad, pero no sería la primera vez que el reino ocultara algo.

—Oh, querida. —comentó el hombre. —No es la primera vez y me temo que no será la última que el reino les oculte algo.

Lo miré sorpresiva, había respondido a mis pensamientos, pero a él le causaba gracia.

—Tienes muchas preguntas, pero no debo ser yo quien te las responda. —dijo el hombre.

—La última persona que me dijo esas palabras, falleció. —respondí.

—Si, es una pena que Hu haya muerto, pero había llegado su momento. Y cumplió su misión. Ahora, si me disculpan, debo resguardarme de la lluvia, si buscan refugio, pueden hacerlo en la cabaña verde. —se levantó señalando un punto en el horizonte y se marchó.

Todos nos quedamos atónitos ante lo que decía el hombre, para los demás no tuvo sentidos sus comentarios al final, pero para mí sí. Hu me había confirmado la presencia de diferentes dioses a lo largo de la historia, pero nunca me mencionó algo de ellos ni me dijo que les pudo haber ocurrido, pero con su muerte, la respuesta era obvia.

—¿Qué fue eso? —preguntó Seiko al rato que Prodeus se fue. —¿El reino oculta información?

—Aun no lo sé. —respondí.

Y era cierto, tenía las sospechas, pero aún no lo había confirmado y mucho menos tenía prueba de aquello, solo con las especulaciones no podía hacer algo, además de por supuesto encontrar a los culpables de todo esto, porque pueden que sigan con vida como pueden que no.

—Agatha, ¿qué ocurre? —preguntó serio Atlas.

No podía decirles que tengo un peligro inminente persiguiéndome día y noche, ni siquiera yo sabía que sucedía.

—No lo sé, es en serio. —respondí. —Trato de averiguar qué pasa.

Una gota cayó en mi frente trazando una línea en mi rostro, a los pocos segundos cayeron varias, hasta que se formó la lluvia como Prodeus había dicho. Nos levantamos de la arena y empezamos a buscar donde refugiarnos de la lluvia, habíamos atravesado un lago y ahora un rio, no quería seguir interactuando con el agua, por lo menos no en los próximos minutos. Sin mediar alguna palabra, solo con miradas acordamos ir donde había señalado Prodeus, en la cabaña verde, se veía realmente acogedora.

Cuando llegamos a la cabaña, Prodeus estaba allí sentado en la terraza de la cabaña, se mecía en su silla en un vaivén relajante mientras entre sus piernas sostenía su bastón. Al vernos llegar sonrió dejando ver las ausencia de unos cuantos dientes y entró apresurado a la casa, indicándonos que pasáramos.

—No se preocupes, mi hogar no es tan lindo como el de Runa, pero mientras tanto lo será. —comentó él casi al final de la cabaña.

Al regresar entre sus manos trajo dos vestidos, uno gris y uno azul, eran sueltos, de tela suave y con unos pliegues largos y hermosos. Le extendió uno a Seiko y otro a mí.

—¿Cómo…? —intentó decir Seiko.

Recordó que había dicho que era un profeta, ella solo le sonrió y le agradecimos por el gesto.

—Sabes. —dijo dirigiéndose a Runa. —Cuando vi por primera vez esta escena, creí que sería Malaia quien estaría aquí.

—Ojalá estuviera aquí. —respondió Runa con tristeza.

—Lo más triste de ser profeta, es que uno no puede alterar el curso de la naturaleza. Incluso yo aplastando a una mariposa hoy, significaría un enorme cambio en el pasado.

—¿Quiere decir…? Que la muerte de ella no fue en vano…

—Ninguna muerte es en vano. Todas tienen un propósito, los muertos se sacrifican para que los que quedamos podamos seguir viviendo.

Cuando finalizó esta frase me miró, a mi alrededor ha habido muchas muertes, aun no sé si es por mi culpa, pero aun así el sentimiento no desaparece. Prodeus había preparado comida, nos indicó que podíamos comer lo que deseáramos porque nos esperaría un largo viaje de regreso al palacio. Seiko entró a una de las habitaciones acompañada de Alena para colocarse el vestido, la seguí para hacer lo mismo.

Al salir de la habitación, Seiko se unió a comer con los demás y Prodeus me llamó aparte para que ninguno escuchara nuestra conversación.

—No sabía si sería capaz de conocerte. —comenzó a decir. —Por eso le había encargado a Hu que hablara contigo antes de que muriera.

—Entonces, ella ya conocía su destino.

—Si y no. —respondió él. —Mi profecía para ella fue: “el día que conozcas a un descendiente, hijo de un dios, será tu momento de decir adiós.”

—No lo entiendo, ¿eso que significa? —pregunté.

—Eso no importa en estos momentos, Agatha. —respondió. —La noche eterna llegará pronto y me temo que no hay manera de evitarla.

—¿Qué ves más allá de ese suceso? —pregunté temiendo conocer la respuesta.

—Nada.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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