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La diosa de la luna - Capítulo 11

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  4. Capítulo 11 - 11 Capítulo 8 La biblioteca central
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11: Capítulo 8: La biblioteca central 11: Capítulo 8: La biblioteca central Un gran edificio se alzaba frente a nosotros, ocupaban un gran espacio en la ciudad por su gran contenido de información, unas imponentes torres sostenían su techo una gran cúpula de cristal, con unos arcos entre cada torre, unas escaleras para dar el ingreso a las personas, dentro de ella, nos recibía un piso blanco, una recepción de mármol con un enorme libro encima de él, sillas y bancas a cada lado, sus tres pisos con un sinfín de estanterías repletas de libros.

La biblioteca central poseía tres cosas que la caracterizaban, lo primero era la arquitectura extraordinaria y elegante con la que estaba construida que hacía suspirar a cualquiera, lo segundo era la cantidad de información que poseía desde tiempos antes de la redención hasta los tiempos actuales, y lo tercero, debido a la enorme información que poseía, la seguridad era exactamente igual imponente.

Por consejo de mis shauri e insistencia de Eriol, había llevado mi corona para entrar a la biblioteca, aunque me negara ante ello, puesto que no deseaba llamar la atención.

Desde que bajé del carruaje a la entrada de la biblioteca, hasta que llegamos a la recepción, todas las personas que volteaba a mirar hacían una reverencia o en su defecto me observaban con asombro, era algo a lo que no estaba acostumbrada.

En la recepción, donde se encontraba el Liber[1], había un muchacho frente a él, intuí que se trataba del recepcionista de la biblioteca con la función de aquellos que no sepan usar el Liber o no deseen hacerlo, ayudar a todos los que pueda, como en mi caso que era la primera vez que iba a la biblioteca.

[1] Libro de búsqueda de la biblioteca central, es un glosario que te indica el pasillo y piso de lo que estas buscando.

—Oh, mi reina.

—dijo el muchacho haciendo una reverencia.

—¿Cómo podemos ayudarla hoy?

—Deseo obtener información de un nombre.

Nathaniel Iluna.

—De acuerdo, majestad.

Él puso sus manos sobre el Liber, para luego recitar el nombre que le había dado, levantó sus manos lo suficiente para que las hojas empezaran a pasar de un lado a otro trayendo la información consigo, hasta que se detuvo en una página.

—Sección 3-23-B, majestad.

¿Gusta que la guíe?

—No hace falta, muchas gracias.

—respondió Eriol por mí.

—Muchas gracias.

—agradecí.

El recepcionista sonrió ante su trabajo, Eriol comenzó a caminar delante de mí para seguirlo, llegamos al ascensor para llegar al tercer piso.

—¿Cómo sabe en donde es?

—pregunté curiosa.

No había entendido lo que nos había dicho el hombre que nos había atendido, pero Eriol supo de inmediato a donde ir, con el ofrecimiento de su ayuda, mi intención era aceptarla, pero él dio la respuesta antes.

—He venido cientos de veces a la biblioteca, este lugar me genera tranquilidad.

—respondió él.

Y era cierto, el lugar no solo te daba una sensación de tranquilidad y paz, sino que todo era sumamente silencioso, incluso me apenaba que mi caminar resonara en la quietud del lugar.

—El primer número que ellos dan es el piso.

—comenzó a explicarme Eriol cuando nos bajamos del ascensor.

—El segundo número es el número de estantería, y la letra corresponde al lugar, izquierda o derecha.

A, derecha; B, izquierda.

—Un sistema sencillo de recordar.

Caminamos en silencio viendo las estanterías enumeradas desde que nos bajamos del ascensor, iniciaban con el número 1, adentrándose al fondo iba subiendo el número, llegaban hasta el número 40 por lo que pude observar.

—¿Cómo sabremos qué libro tomar?

—pregunté.

El pasillo estaba lleno de libros, la sección era de familias y árboles genealógicos, pues es una información que se guarda para futuras generaciones, pero no sabía que libro tomar, ya que solo nos había dado el lugar de encuentro.

—Ellos nos dirán que buscamos.

—respondió Eriol.

Al finalizar su frase, unos libros se movieron de la estantería hacia delante, sobresalido de los demás, fueron cuatro en total.

Tomé el más cercano, era un árbol genealógico de las familias iniciando con apellido con la letra I.

Comencé a hojearlo cuando me detuve en Iluna, allí estaba mi nombre, al final de la página.

Arriba de mi nombre, había dos nombre, Iluna y Daria, estaba mi apellido y el nombre de alguien que suponía que sería mi madre.

Al lado de mi nombre, que solo se conectaba con el apellido, había un nombre tachado, no se podía leer nada.

Mi corazón empezaba a latir muy rápido con un descubrimiento como ese, tenía familia, o la tuve, ahora podía tener conocimiento de quienes era, de que existieron alguna vez, solo ahora debía saber que les había ocurrido.

Puse el libro en su lugar rápido y corrí para tomar el otro más cercano, el título me pareció sumamente extraño, ya que contenía información de la época de la redención.

“Los comienzos de Hirina”, lo tomé con mucha curiosidad, puesto que esa época había pasados hace miles de años, no tendría sentido que mi padre, por más años que viviese hubiera presenciado ese día, lo máximo que podía vivir una persona son quinientos años, las personas más antiguas registradas que sí estuvieron ese día son los sacerdotes, pero más nadie.

Además, se sabía que los sacerdotes por devoción a su tierra y a las diosas no pueden tener hijos.

Con la curiosidad palpable, tomé el libro para sentarme al final del pasillo donde estaba las otras mesas de lectura, para investigar con más calma.

Al salir del pasillo, me topé con una persona, con todo su cuerpo tapado, incluso su rostro llevaba una máscara, sus manos llevaban guantes y una de ella empuñaba una daga.

—Lo lamento, majestad, no puedo dejar de lea ese libro.

—dijo con un hombre con una voz muy ronca.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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