La diosa de la luna - Capítulo 110
- Inicio
- Todas las novelas
- La diosa de la luna
- Capítulo 110 - Capítulo 110: Capítulo 44: El árbol Moso
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 110: Capítulo 44: El árbol Moso
Cuando finalizó la lluvia partimos al comerciante más cercano, con las emas reunidas cuando estuvimos en la dimensión de Runa, con eso compraríamos polvo apertio para viajar más rápido. Antes de salir, Prodeus nos dio unas cuantas advertencias, diciendo que debíamos tener cuidado del árbol dorado.
Después de lo que me dijo Prodeus no podía estar tranquila, me lo había confirmado, era seguro que moriría, pero se supone que un descendiente no puede morir sino a la edad de doscientos años cuando se reinicia el ciclo y con nuestra muerte nace un nuevo descendiente. Las preguntas en base a este misterio me tenían inquieta, ¿dolería? ¿Quién será el causante? ¿Qué le sucederá a Hirina luego de mi muerte? No sabía si existía la posibilidad de evitarlo, pero el hecho que él no pudiera ver más allá de eso no era buena señal.
Caminamos hasta donde nos indicó Prodeus que se encontraba el comerciante, pero las calles estaban solitarias, sucias, se veía el lugar desierto, aun ante nuestra sorpresa, el comerciante que nos había dicho Prodeus se encontraba abierto, había un hombre de una edad física de aproximadamente cuarenta años, Eriol quien era que tenía las emas se acercó al mostrador y comenzó a hablar con el hombre, cuando llegó a nosotros se le veía muy molesto.
—¿Qué ocurrió? —preguntó Runa.
Abrió la pequeña bolsa negra que tenía entre sus manos para enseñárnosla, el contenido, un polvo blanco fino casi como harina, la principal característica del polvo apertio es que era de un color dorado con un grano grueso casi parecido a la arena.
—Dice que los portales están cerrados, por eso se ve de esta forma, los abren ocasionalmente, no se sabe cuándo. —respondió Eriol. —Y me costó casi todas las emas que teníamos reunidas.
Nos encontrábamos varados, no había posibilidad alguna de irnos caminando, podría tomarnos hasta dos meses llegar hasta Sylvara, caminando sin parar, sin contar aquellas travesías que podríamos sufrir. La única opción que teníamos sería esperar a que activaran el portal, pero no sabíamos cuando ocurriría.
—¿Qué podemos hacer? —preguntó Alena.
—Caminar, es la única opción que tenemos. —respondió Atlas.
—No podemos llegar hasta Sylvara caminando. —dijo Seiko.
—Las emas no alcanzan para rentar caballos. —comentó Eriol. —No tenemos suficientes opciones.
—Tampoco tenemos donde ir. —dije. —Podríamos volver a la cabaña con Prodeus.
—No volveré allí. —dijo Luca. —Esa cabaña huele a muchas cosas, pero no cosas buenas.
—Comencemos a caminar, que el camino es largo. —dijo Runa concluyendo nuestro pequeño desacuerdo.
Con las escasas emas que quedaban, Eriol se acercó de nuevo al comerciante y compró lo que parecía ser un papel, el comerciante señaló un punto en el papel y Eriol se regresó a nosotros para mostrárnoslos, resultó ser un mapa de Hirina.
—Estamos aquí. —señaló un punto en las costas de Crystal, con su dedo trazó el recorrido hasta Sylvara. —Es el trayecto que debemos seguir.
Dobló perfectamente el mapa y lo guardó en el bolsillo de su camisa, con él guiándonos comenzamos a caminar.
Un par de horas más tarde, con el sol ocultándose poco a poco, nos sentíamos agotados de tanto caminar y aun no habíamos salido de Crystal, por lo que habían dicho, ni siquiera nos acercábamos a la frontera. Durante el trayecto estuve dialogando ocasionalmente con Runa, me contó cosas de mi madre que no sabía, como que era una renatis como Eriol, le encantaba mucho la cocina, los postres eran su favorito, amaba la naturaleza y podía pasar horas contemplándola, me dijo que Malaia, su hermana había muerto por una mala decisión de ambas mientras escapaban del orfanato, era sanadora como ella, que habían cometido muchos errores en el pasado, pero que deseaba conectar con la escasa familia que tenía. No me había puesto a pensar en cómo ella se debió haber sentido todo este tiempo, Runa pudo haber tenido sentimientos casi iguales a los míos, desconociendo si aún tenía familia con vida, fue un milagro para ambas poder reencontrarnos de una manera que ninguna imaginó.
En el camino Eriol iba a la cabeza junto a Luca hablando de algunas cosas, Runa y yo al final conversando de diferentes cosas, mientras que Alena, Seiko y Atlas iban callados durante todo el camino, hasta que Alena cayó al piso, todos corrimos deprisa para saber que le había ocurrido, pero solo se había desmayado, no habíamos comido nada desde que salimos de la cabaña de Prodeus y eso ya hace muchas horas.
—Debemos darle algo de comer. —comentó Runa. —Para que pueda recuperar sus fuerzas.
—Todos tenemos hambre. —dijo Atlas.
Mi mirada comenzó a recorrer el lugar donde estábamos, nos encontrábamos en una zona boscosa, pero no había casi árboles frutales cerca, si tan solo…
—¡Un manzano! —dije casi gritando cuando se me vino la idea a la mente. —Ayúdame, Atlas.
No me había puesto a pensar que con nuestros poderes podía ayudarlos. Le expliqué a Atlas mi idea, con nuestros poderes de tierra hacer crecer juntos un manzano, siempre he hecho flores o plantas en general, nunca había hecho un árbol frutal, por eso necesitaría toda la ayuda necesaria. Había un espacio entre los árboles lo suficientemente grande para hacer el árbol allí. Ambos extendimos las manos hacia ese lugar, con las palmas hacia arriba mientras de a poco las íbamos subiendo, de la tierra comenzó a emerger pequeño brote que poco a poco comenzó a subir mientras el tronco se hacía cada vez más alto y grueso, las hojas comenzaban a salir y se volvía cada vez más frondoso, más que empezaron a emerger las primeras manzanas, completamente rojas, cuando notamos que tenía suficiente fruta, nos detuvimos con el crecimiento.
Felices ante nuestra idea, todos se acercaron al árbol a recoger la mayor cantidad de manzanas posibles, mientras yo cuidada de Alena. Comimos durante un rato un puñado de manzanas hasta quedar satisfechos, al cabo de unos minutos Alena había despertado, Luca con su espada le había cortado unos trozos de manzana para que pudiera comérselos tranquila. Nos acostamos en la tierra a descansar hasta que anocheció, no podíamos seguir caminando y correr el riesgo que un animal nos atacara, Atlas tuvo la idea de utilizar las ramas de los árboles para hacer un refugio con las ramas para poder descansar y pasar la noche.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com