La diosa de la luna - Capítulo 111
- Inicio
- Todas las novelas
- La diosa de la luna
- Capítulo 111 - Capítulo 111: Capítulo 44: El árbol Moso_2
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 111: Capítulo 44: El árbol Moso_2
Un par de minutos más tarde, habíamos hecho el refugio, lo suficiente amplio para que todos pudiéramos dormir cómodamente en él, tejido entre las ramas casi como un nido de pájaros para evitar que se cayera, solo era cuestión que nos pudiéramos dormir en él por el cansancio.
Comencé a moverme de un lado a otro, algo me hacía sentir incomoda, no sabía si era por la textura que tenía el nido o por el hecho que la noche se encontraba casi helada, pero lo que hizo que me despertara en realidad fueron unos pasos que se escucharon afuera. Abrí mis ojos, no sabía que tanto tiempo había transcurrido, la noche estaba oscura, con la poca luz que había intenté saber si alguien había salido del refugio, puesto que era fácil subir o bajar, o en su defecto, que alguien pudiera subir hasta donde nos encontrábamos, aún así, nadie faltaba, estaban todos allí conmigo y tampoco nadie sobraba en el nido. Lo más seguro es que se tratase de alguien más rondando por el bosque, o posiblemente alguna criatura, pero no sentía miedo a lo que escuchaba, así que volví a cerrar mis ojos.
—Agatha. —susurraron.
Me levanté rápido al escuchar mi nombre, el sonido era lejano pero la presencia de quien decía mi nombre se escuchaba cerca. Intenté agudizar mi oído y saber quién me hablaba, pero no reconocía la voz, nadie parecía estar despierto y lo que era más importante, no parecía que quien pronunciara mi nombre estuviera dentro del refugio, parecía venir de afuera. Intrigada por saber quién me llamaba, decidí levantarme, me senté en una de las ramas afuera del refugio, no tenía idea que tanto había transcurrido la noche entre que escuché los pasos y ese momento, pero parecía que ya dentro de poco comenzara a salir el sol. Estando afuera dejé de escuchar mi nombre, pero volví a escuchar los pasos que se movían entre los árboles, con la mirada intentaba saber de dónde provenía o de quien era.
—¿Majestad? ¿Qué está haciendo aquí afuera? —la voz de Eriol me asustó.
Lo miré confundida y de nuevo volví a escuchar mi nombre, miré hacía los árboles para saber de dónde provenía.
—¿No lo escucha? —le pregunté confundida, ahora se repetía mi nombre una y otra vez.
—No escucho algo, majestad —respondió Eriol extrañado.
El sol comenzaba a asomarse junto con un poco de luz lo que me permitiría ver mejor entre los árboles y así saber quién me ha estado llamando, era extraño ya que nadie sabía que nosotros nos encontrábamos allí, me causaba mucha intriga porque tenía una voz muy infantil que mostraba inocencia entre cada palabra. Frente a nosotros abajo, pude ver a una niña pequeña, quien se reía, cada vez que sus labios pronunciaban mi nombre y luego salía corriendo a esconderse.
—¿Si la viste? Ahí, entre aquellos árboles. —le dije a Eriol señalando el lugar de donde la había visto.
No parecía que hubiera visto algo, sus ojos intentaban adivinar lo mismo que estaba mirando. La niña no paraba, reía y continuaba diciendo mi nombre, hasta que pude verla de nuevo, tenía el cabello tan largo que casi tocaba el suelo de un color blanco y liso cada vez que nuestros ojos se cruzaban me sonreía. Bajé corriendo para poder perseguirla y averiguar porque estaba sola en el bosque, pero lo más importante, es como conocía mi nombre, me intrigaba mucho, por alguna extraña razón mi curiosidad por aquella niña era muy grande.
—¡Agatha, espera! —escuché gritar a Eriol a lo lejos.
Corrí entre los árboles buscándola de nuevo, pero no la veía, sin embargo, su voz todavía pronunciaba mi nombre. Comencé a caminar hasta que sentí que se encontraba detrás de mí, sus ojos estaban completamente blancos, su tez pálida, con un hermoso vestido blanco. Me miró extrañada por un momento, aun no paraba de decir mi nombre. Caminó alrededor de mí observando con cautela cada detalle. Hice el intento de querer preguntarle algo, pero cuando me encorvé para estar a su altura, comenzó a correr.
—¡Espera! ¡No te vayas! —le grité mientras la perseguía.
Corrí unos minutos hasta que se dejó de escuchar su voz por el bosque y por más que la buscara, no podía verla, tampoco sentía su presencia, me intrigaba saber qué clase de criatura era, que, por alguna razón, se me hacía extrañamente familiar. Caminé en la misma dirección que intuía que ella había corrido. Frente a mí comenzó a alzarse un árbol dorado, su tronco era amarillo, que desde lejos podía verse casi marrón, sus hojas doradas cual oro caía como lluvia de las ramas altas que poseía con un brillo cautivador, casi hipnótico para quienes lo observan. No sé por cuantos minutos quedé fascinada viendo como caían las hojas doradas del árbol, cuando me di cuenta de que la niña se encontraba trepada entre las ramas de este árbol. En dos saltos bajó de él e hizo lo mismo de observar cada parte de mí, pero en esta ocasión tocó mi pierna, colocando su mano fría en ella de una manera tranquilizadora.
—¿Eres Agatha? —preguntó la niña, su voz resonaba en mis oídos.
—Si, ¿tú cómo te llamas? —le pregunté de regreso mientras sonreía.
—También soy Agatha. —mi sonrisa se desdibujó por un momento, pensé que solo se trataba de una coincidencia de nombres, hasta que añadió: —¿Sabes que les pasó a mis padres?
—¿Perdiste a tu familia? —ella asintió un poco triste. —No, no sé qué les pasó. ¿Puedo ayudarte a encontrarlos?
—Me siento muy sola. —dijo llorando.
Sus lágrimas parecían un cristal recorrer su rostro. Me agaché en el suelo para poderla verla mejor y analizar cada detalle de ella, me di cuenta de que era una versión más pequeña de mí, el lunar característico debajo del ojos izquierdo había delatado que esa niña era yo.
—Sé que estarás bien. —le dije sonriendo.
—¿Cómo lo sabes? Tú también te ves triste. —con su mano fría tocó mi mejilla.
—Solo, estoy segura de que así será, así como la felicidad no dura para siempre, la tristeza tampoco lo hará.
Ignorando mis palabras comenzó a caminar alejándose del árbol dorado, grité su nombre un par de veces, pero parecía no escucharme, comencé a seguirla, hasta que todo se volvió negro.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com