La diosa de la luna - Capítulo 112
- Inicio
- Todas las novelas
- La diosa de la luna
- Capítulo 112 - Capítulo 112: Capítulo 45: La traición
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 112: Capítulo 45: La traición
—Majestad. —escuché a alguien decir.
La voz era suave, pero en su tonalidad daba a entender mucha preocupación. Mi cabeza me dolía, mi cuerpo se movía como las olas, hice un movimiento para llevar mi mano hacia mi cabeza donde dolía, pero no fui capaz de ello, algo la sostenía con fuerza. Abrí los ojos rápido, no supe que había pasado desde que vi a la pequeña Agatha, hasta quedar inconsciente al borde de un acantilado con Eriol sujetando mi brazo para no caer.
—Majestad. —repitió. —Deme la otra mano.
No había entendido la situación, aun así, no dude en lanzar mi otra mano para que me sacara de un dolor prolongado seguro. Dio un tirón de mi cuerpo muy rápido, con mis piernas me sostuve para que pudiera subir mi cuerpo con mayor facilidad. Cuando ya estuve arriba él se había detenido a respirar, daba bocadas muy grande de aire acostado en el suelo, llevé de nuevo mi mano a mi cabeza, me dolía mi frente, posiblemente con evitar caer al vacío me golpeé con alguna roca… de nuevo, dos golpes en la cabeza en menos de una semana, empezaba a creer que Prodeus tenía razón con que la noche eterna se acercaba y como no hacerlo colocándome a mí misma en un peligro constante, a pesar de ello Eriol había llegado a mí a tiempo.
—Gracias. —le agradecí, colocándome a su lado.
Miré hacia arriba y pude ver el árbol otra vez, sus hojas doradas cautivaban y cada vez que se mecían a la par del viento, escuchaba que decía mi nombre. Eriol cuando me vio observándolo, puso su mano en mis ojos cubriéndolos.
—¿Qué hace? —pregunté con mucha confusión.
—Ahora le explico, majestad. Primero salgamos de aquí.
El susurro de mi nombre lo podía escuchar cada vez mucho más claro, Eriol me condujo por el bosque con una mano sobre mis ojos y la otra en mi brazo para guiarme. Recordé lo que había pasado, me había encontrado con la niña, observé como se iba mientras la llamaba e intenté seguirla, pero no sé en qué momento me acerqué al acantilado y mucho menos recordaba que estuviera tan cerca de uno. Después de un rato, cuando dejé de escuchar mi nombre, Eriol quitó sus manos sobre mí y volvimos a donde una vez estaba el refugio, Atlas lo había deshecho para continuar con nuestro camino.
—¡Agatha! —gritó Runa cuando me vio. —Estás lastimada, otra vez.
—Eso no es una novedad. —respondió Eriol.
Me confundió mucho sus expresiones, pues él nunca se dirigía a mí de esa manera, aunque estuviera hablando con alguien más. Runa insistió mucho en curarme antes de partir.
—¿Por qué cubrió mis ojos? —le pregunté a Eriol estando en el sendero.
Él me explicó lo que había pasado y qué era ese árbol, diciéndome que tenía propiedades hipnóticas, anteriormente las personas iban a él para saber lo que su corazón tanto anhelaba, pero se terminaban perdiendo en el camino o incluso llegando al borde de la locura, por lo que se comenzó a considerar un árbol peligroso. El árbol es casi imposible quitarlos puesto que cualquier personas estaría condenada a sus encantamientos, por lo que las personas suelen evitar transitar por donde haya uno.
—¿Tú viste algo? —pregunté curiosa.
Quería saber si lo que él había visto podría ser algo igual a lo mío, sin sentido, no entendía, si se suponía que debía ser algo que el corazón tanto anhela, ¿por qué mostrarme mi versión de niña? Desde que salí del refugio hasta que la niña desapareció frente a mí, fue todo producto de mi imaginación causada por el árbol. Él abrió su boca para responder, aunque no se le veía convencido de hacerlo, cuando escuchamos gritar a Alena.
—¡Ha recuperado su color! —gritó Alena sosteniendo en sus manos el polvo apertio.
Cuando Eriol lo compró se veía completamente blanco, ahora brillaba con su color característico dorado. Eriol salió corriendo donde estaba Alena para comprobar sus palabras, aun así, tomó un puñado del polvo y lo lanzó frente a ellos, el polvo se deshizo en el suelo y como una línea a abrió un portal frente a nosotros.
—Crúcenlo, rápido. —gritó Eriol.
Todos salimos corriendo para atravesar el portal, cayendo en alguna parte de Sylvara y cerrándose el portal detrás de nosotros. Cuando Alena quiso ver el contenido de la bolsa volvió a ser blanco, dudo mucho que haya durado tan poco activo, pudo ser que lo activaron desde mucho antes, pero con lo que ocurrió no nos habíamos dado cuenta de ello.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com