La diosa de la luna - Capítulo 116
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Capítulo 116: Capítulo 47: Sufrimiento
La mayoría de los soldados desaparecieron cuando se los llevaron a todos a los calabozos, Nina seguía allí mirándome con mucha tristeza en sus ojos. Me preocupaba por Isadora y Daniel, junto con sus guardianes, ellos se habían quedado con Aries en el palacio, y si él estaba con la rebelión, me temía que les hubiera pasado lo peor.
—¿Qué les hiciste a Daniel e Isadora? —pregunté.
—No te preocupes. —respondió él. —Tus amigos los acompañaran en los calabozos, se rindieron tan fácil que me causa gracia.
No era capaz de dimensionar el hecho que él haya sido capaz de encerrar a sus compañeros de corona, dudo mucho que se hayan rendido fácil, pero más me causaba curiosidad que a ellos los hayan encerrado, mientras que a nosotros nos llevaron a otra dimensión. Aries hizo una seña para que me levantaran y sujetada de los brazos me llevaron por el palacio, delante de nosotros iba Aries y a su lado Nina, que cada tanto volteaba a mirarme.
Llegamos al gran salón y mi corazón se detuvo, sentí que comenzó a latir muy fuerte, mis piernas se volvieron débiles que no podía seguir caminando normal. Me tiraron en el centro del gran salón frente a los tronos, ella estaba sentada en una de las sillas, a su lado ocupó su lugar Aries. Con un leve movimiento de sus dedos, comenzaron a brotar de las esquinas las sombras, quienes me ataron de manos y pies.
—Siempre me causas problemas. —comentó ella levantándose de la silla. —Trato de deshacerme de ti y siempre regresas, creo que ahora tocará por las malas.
—Tú… —dije notando sus palabras. —¡Cada ataque que sufrí fue por tu culpa!
Intenté levantarme, pero las sombras apretaban con fuerzas mis extremidades.
No sé qué era más sorprendente para mí, que al levantarse dejó en el asiento un libro temiendo que fuera el de Gogledd, o saber que Hana estaba detrás de todo esto. Sabía que a ella no le agradaba, siempre hizo lo posible por dejarlo claro, pero no sabía hasta qué punto, ahora sé que incluso es capaz de lastimarme, ¿por qué? Jamás le había hecho algo a ella, lo que más me sorprendía era el hecho que Nina estuviera con ella, ¿cómo? Y si los demás sacerdotes estaban del lado de ella, o los motivos por los cuales la dejaron realizar toda esta locura.
—Ah. —exclamó ella. —Todavía no lo entiendes.
—¿Entender qué?
—Como logré todo esto.
—Hana, basta. —dijo Nina desde los asientos. —¿Qué le harán?
—Cállate, Nina. —dijo Hana con mucha rabia contenida, dirigiéndose a mí, dijo: —Eso no importa, querida. Tú nunca importaste.
Se acercó a Aries y se sentó dónde estaba tomando el libro entre sus manos, entre ambos comenzaron a hablar de algo que no podía escuchar, pero Nina si escuchaba cada una de sus palabras que se sorprendía cada vez más. De repente salió corriendo hacia donde estaba, aplicó todas sus fuerzas para poder liberarme de las sombras, pero no fue capaz.
Hana se acercó de nuevo con pasos firmes, tomó con fuerza el brazo de Nina, con su mano libre la alzó y con fuerza impactó en el rostro de Nina, en el mismo lugar ya tenía una contusión, indicando que había sido ella quien la había golpeado anteriormente.
—No me hagas romper la promesa que le hice a tu padre. —dijo Hana entre dientes, lanzó a Nina al suelo. —Eres igual a él.
Sus palabras hicieron un chasquido dentro de mí.
—Tú conociste a mi padre. —dije, ella se río.
—¿Conocerlo? —preguntó con sarcasmo. —Si, lo conocí.
—Me mintieron. —dije. —Me mentían cada vez que les preguntaba sobre ellos, ¿por qué?
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