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La diosa de la luna - Capítulo 118

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Capítulo 118: Capítulo 47: Sufrimiento_3

Ella se resistió, luchó para quitarse a Aries de encima, pero no fue capaz de hacerlo, su ojo comenzó a tornarse negro, el color comenzaba a extenderse por su rostro saliendo unas líneas alrededor, Aries se asustó al verla de esa forma, se apartó de ella de un salto, alzó sus manos para luego extenderlas hacia delante, una ráfaga de viento se formó empujando a Nina contra la pared con fuerza dejándola inconsciente en el suelo.

Grité con fuerza, quería ir hasta donde estaba ella, saber si estaba bien, pero las sombras me sostenían. La luna comenzaba a salir, pero se veía completamente normal a pesar de mis sentimientos, de mi tristeza, de mi ira, de tanto forcejar contra las sombras terminé cayéndome en el piso sobre mi brazo, no tenía salida, no podía hacer nada para evitar mi cruel destino.

—¿Estas segura de esto? —preguntó Aries a Hana.

—Te lo he dicho muchas veces, lo estoy. —respondió ella. —Y no te preocupes, esto no te afectara.

—¿Cómo lo sabes? En la historia jamás se ha visto algo como esto.

—Tiene a sus elementales que harán la fuerza. Además, con esto haremos historia.

—De acuerdo, mamá.

“Mamá”, nunca había conocido a los padres de Aries, distinguía a los padres de la mayoría de los reyes, pero no los de él. Pudo haberlo dicho con cariño, porque era imposible que los sacerdotes tuvieran hijos, uno de los requisitos de las diosas para su labor era esa, para evitar muchas cosas, pero si algo había descubierto en toda mi trágica vida era que lo imposible estaba más cerca de lo posible del significado mismo de la palabra.

Aries se sentó de nuevo, mientras Hana se levantaba y se acercaba a mí con el libro. Detrás de mí se escuchó un grito, era la voz de Eriol no podía levantarme para verlo, pero escuché sus pasos entrando al salón. Aries levantó su mano tirándola hacia delante, un fuerte viento salió disparado que me arrastraba con él, la tierra tembló y frente a mí, demasiado cerca se alzó un muro alto cubriéndonos del viento de Aries, separándome de Hana.

—¡Atlas! —grité. —Mas lejos.

El muro se movió alejándose de mí, Eriol se acercó corriendo hasta mí, haciendo lo mismo que intentaba Nina tratar de soltarme de las sombras.

—No es tan fácil. —dije. —Hana tiene el control de las sombras.

Cada minuto comprendía cada vez más, ella había asesinado al concejal Bonde para obtener el control de las sombras. Eriol me ayudó a levantarme para quedarme arrodillada en el piso.

—Debe de haber una forma de liberarla. —comentó Eriol.

Los caballeros comenzaron a llegar, con Hana dando la orden de que se los llevaran a todos de nuevo, preguntándose como era que habían escapado de los calabozos si antes Aries había dado la orden de hacerlo, Eriol se levantó de mi lado empuñando su espada para enfrentarse a ellos. Las luces se encendieron en el salón, dejando ver a todos luchando con los soldados, Runa se acercó a mí, pero uno de los soldados se acercó a ella para quitarla de encima de mí. En cuestión de minutos todos habían sido esposados.

—No se los lleven aún. —dijo Hana. —Un público digno de nuestra gran hazaña.

Sosteniendo el libro abierto se acercó a mí, se sentó mirándome fijamente, puso su mano en mi frente y cerró sus ojos.

—Huic eternum donum finitum concedo. Eum ab infinito cruciatu liberate, ut mortem amplectatur ut amicus gratus. —comenzó a recitar del libro, una y otra vez.

Mi cuerpo empezó a sentirse débil, pesado, con cada palabra que pronunciaba perdía la percepción de lo que ocurría a mi alrededor, escuché que alguien gritó mi nombre, hasta que todo se volvió negro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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