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La diosa de la luna - Capítulo 12

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  4. Capítulo 12 - 12 Capítulo 8 La biblioteca central_2
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12: Capítulo 8: La biblioteca central_2 12: Capítulo 8: La biblioteca central_2 Sostenía el libro a la altura de mi abdomen, su presencia me había dejado confundida, la biblioteca no estaba sola, por supuesto, pero tampoco había mucha gente, y con el contenido de la biblioteca, lo normal era que la mayoría de las personas estuvieran en el primer piso, pero sobre todo por cómo se veía, era lo que más me causaba confusión.

Eriol que estaba detrás de mí, gritó mi nombre mientras que la persona que tenía adelante clavaba la daga con fuerza atravesando el libro para luego causarme una herida en el abdomen, me queje fuerte ante el dolor, un ardor indescriptible empezó a recorrer todo mi cuerpo.

Caí al piso mientras el atacante retiraba su daga de mí, escuché a Eriol desenfundar su espada para ir corriendo tras el atacante, comenzaron a luchar mientras aun su espada goteaba de mi sangre.

Había experimentado por primera vez lo que era una herida por un arma, lo que era sangrar, pero, sobre todo, experimenté la impotencia de no haber previsto eso, eran situaciones que, aunque quisiera, no podía prevenirlas o controlarlas.

Comencé a dudar si el contenido de la carta había sido una trampa para hacerme salir del palacio e ir a la biblioteca, quizá a eso se refería Aristeo cuando pidió que lo perdonara, pero ¿cómo sabía la persona que escribió la carta el nombre de mi padre?

Desde el piso donde estaba, alcé mi mano en dirección donde estaba Eriol luchando con el atacante, intenté congelar los pies del atacante, pero con la pérdida de sangre de mi cuerpo empezaba a sentirme mareada, el resultado fue el que esperaba, pero me había equivocado de persona, había congelado los pies de Eriol, el atacante salió corriendo, se dirigía al ascensor cuando de él salieron varios caballeros a los que se enfrentó con una espada.

La lucha entre ellos dos lo pudieron ver desde el primer piso, aunque no hubiera prestado la atención suficiente los gritos habían empezado, muchas personas corriendo para abandonar la biblioteca por el peligro de ataque.

Recordé sus palabras: “no puedo dejarla leer ese libro”, por ese libro alguien se disponía a hacerme daño, no podían matarme, ni mil heridas podían hacerlo, pero si me podían colocar a sufrir y mucho, justo como lo sentía en ese momento.

Tomé el libro que había sido atravesado con la espada, sus hojas estaban destrozadas y la sangre cubría la mayoría de las páginas.

Quería tener uno de los libros, deseaba tener una respuesta a la única pista que tenía, ¿había llegado hasta mí para destruirla?

No creo que haya sido eso, pero necesitaba saber que ocurría.

Como pude me levanté, aferrándome a las estanterías, los otros dos libros seguían asomados en ellas, uno de ellos por lo menos podría decirme algo, algo de mi pasado, algo de mi familia, algo acerca de quién era yo, era lo único que deseaba saber.

La pérdida de sangre empezaba a nublarme la vista, me sentía mareada, daba pasos cortos, la estantería sostenía mis pasos hasta los otros dos libros, solo sería aferrarme a ellos, para cuando pasara todo, obtener la información que quería.

Logré conseguir el libro entre mis manos llenas de sangre, “Los dioses de Kisha”, recitaba el título, cada vez tenía menos sentido lo que ocurría, pero creía haber tenido éxito en la obtención del libro, solo por unos cuantos segundos.

El atacante llegó tras de mí, tenía una vela en sus manos, me arrebató el libro de la mano, aunque intenté quitárselo, solo conseguí caerme de nuevo.

—Ya le dije, Agatha, no dejaremos que lea estos libros.

—dijo para luego con la vela empezar a quemar las páginas.

Lo lanzó a la estantería y rápidamente el fuego se propagó entre ellos.

Las cenizas comenzaban a adornar el lugar, mientras el fuego se extendía a gran paso de manera impresionante, el calor era asfixiante.

El atacante se fue y luego escuché una ventana romperse.

Intenté incorporarme, para ayudar a cesar el fuego.

—Majestad, debemos irnos.

—llegó Eriol tosiendo por el fuego.

—No, no puedo dejar esto así.

—No puede sostenerse, debemos salir de aquí.

—Suélteme, Eriol.

La culpa hablaba por mí, no entendía porque sentía culpa, sino había hecho nada malo, pero el sentimiento empezaba a crecer tan rápido como el fuego.

Aun con la herida y mareada, logré mantenerme de pie.

Alcé mis brazos mirando directamente la cúpula, haciendo giros con ellas unas ramas subieron hasta lo alto de la cúpula para enrollarse a ella hasta quebrarla en miles de pedazos, había muchas nubes pasando por el lugar, de ellas logré extraer el agua para poder apagar el fuego, para evitar que se siguiera propagando, sin embargo, había alcanzado a incinerar cuatro estanterías con información invaluable, el agua se llevó el fuego, pero el fuego se había llevado todas mis esperanzas

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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