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La diosa de la luna - Capítulo 120

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Capítulo 120: Capítulo 48: La luna y el sol_2

La ira cegó a Hana. —dijo Amaris. —Tú tenías todo lo que ella alguna vez deseo, a tu padre y al reino.

—¿Y por eso lo mató? —pregunté. —¿Por amor?

—Comprendo que no entiendas el sentimiento del amor. —dijo Amaris. —Creciste en un entorno libre de él, te confunde ese sentimiento.

—Todo ser que respira y siente, es capaz de hacer cosas inimaginables por amor. —dijo Kisha.

Empezaba a entender un poco más la situación, pero aun así no podía hacer algo al respecto, no sabía dónde me encontraba y mucho menos si podía salir de allí, además no conocía alguna manera de poder detener a Hana, un ser inmortal casi igual a mí.

—¿Cómo pueden ayudarme? —pregunté.

—Durante la redención nosotros tomamos la decisión de no ceder nuestro poder de crear vida. —respondió Amaris. —Porque no sabíamos si lo utilizarían bien.

—Pero contigo haremos la excepción. —dijo Kisha. —Te concederemos nuestro poder, tu descendiente no lo tendrá.

—Con él restauraras el equilibro de Hirina, trayendo consigo a los dioses que alguna vez se fueron. —dijo Amaris.

—Es decir, ¿qué podré ver a mi padre?

—Agatha, ¿sabes qué clase de dios fue tu padre? —preguntó Amaris y negué. —Él fue mi creación, nació de un sentimiento que no deseo que nadie lo experimente.

—La nada es un poder muy fuerte y destructivo. —dijo Kisha. —Debes tener cuidado con él, porque hasta aquello que no puede morir, lo hace.

—No te aseguramos que los mismos dioses que pisaron la tierra, sean los mismos a los que tú y Aries le darán vida. Hana se encargó de desaparecerlos a todos, tú cambiaras eso.

—No puedes hacer esto sola. —comentó Kisha al ver mi rostro de confusión cuando Amaris mencionó el nombre de Aries. —Es el astro sol y junto a él es que debes hacerlo, él ha sufrido también las consecuencias de las decisiones de Hana.

Ambas me extendieron su mano, al tomarlas, cerraron sus ojos, comencé a sentir una energía que corría por mi cuerpo, acompañada de un calor intenso que cualquiera que se acercara podría quemarse, los ojos de las diosas se iluminaron, detrás de ella salieron figuras que pude reconocer, todos los descendientes que alguna vez existieron en Hirina.

—Te elegí a ti porque sabrás hacer las cosas. —comentó Amaris su voz sonaba alterada. —Confiamos en ti, sabemos que lo harás bien. Tu destino es cambiar la historia. Eres una pieza inquebrantable para que Hirina vea la luz de nuevo, inquebrantable igual que tu voluntad. Recuerda, entre todos pueden hacer cosas inimaginables.

—Te damos toda nuestra sabiduría para que seas actuar, úsala bien. También confiamos en ti. —dijo Kisha mirando hacia arriba, para luego bajar su mirada hacia mí. —Nos volveremos a ver.

Toda la sala comenzó a iluminarse poco a poco, mientras ellas se iban desvaneciendo frente a mí, fue cuando noté que durante el tiempo que estaba con ellas no podía sentir nada, cada parte de mi cuerpo pudo sentir mi corazón latir con fuerza, el dolor por los golpes en mi cabeza, el sentimiento de tristeza y rabia por todo lo que ha vivido mi familia. La luz me cegó tanto que tuve que cerrar mis ojos con fuerza, dejé de sentir el tacto de las diosas y abrí los ojos de golpe.

Ya no estaba iluminado, podía observar la noche sobre mí, sentí a mi alrededor un charco de agua, junto con el césped, a mi nariz llegó el dulce aroma de las ereldis, una flor que me encantaban mucho, pero lo que más me llamó la atención fueron ver los rostros de Eriol, Nina y Runa observándome con detalle, que antes que pudiera decir algo, se lanzaron sobre mí para abrazarme.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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