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La diosa de la luna - Capítulo 121

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Capítulo 121: Capítulo 49: La noche eterna

Eriol

Muchas veces en mi vida he experimentado de cerca la muerte, sabía cómo se veía, sin embargo, ver como la vida de Agatha se desvanecía frente a mí fue algo completamente distinto. Mientras Hana leía en voz alta el contenido del libro, su cabello comenzó a tornarse negro, a medida que eso ocurría, la luz de la luna se iba apagando. Grité su nombre e intenté levantarme, pero el soldado me lo impidió cuando su cuerpo cayó al piso, fue cuando la oscuridad de la luna reinó sobre nosotros. Aries se llevó su mano al pecho para luego desmayarse, Hana gritó asustada ante el suceso y salió corriendo tras de él.

El suelo se sacudió con violencia, todos se asustaron ante la furia que tenía la tierra, se podía escuchar como las olas del mar cercano al palacio chocaban con fuerza. Los soldados comenzaron a correr fuera del salón, la tierra seguía sacudiéndose la estructura del salón comenzaba a debilitarse y desmoronarse frente a nosotros. Las sombras habían desaparecido de los brazos y piernas de Agatha, con la ausencia de luz no podían proyectarse, salí corriendo hasta donde se hallaba ella.

No quería aceptarlo, pero lo supe cuando noté su cuerpo débil en mis manos, ya no estaba con nosotros, un acto que desafiaba las leyes impuestas por las diosas. Su rostro lucía tranquila, una muerte sin sufrimiento, pero quienes sufrirían seríamos nosotros con su ausencia. Nina se acercó a ella a llorar su muerte junto con Runa.

Escuché gritar a Atlas que debíamos salir del palacio antes que se sumiera en ruinas, porque por más que lo intentara no podía frenar lo que ocurría. Cargué en mis brazos su cuerpo inerte, mientras Runa seguía acariciando su cabello negro, vista de esa manera sin el poder de la luna seguía viéndose hermosa, delicada y tranquila, se le podía observar más el parecido a su hermana.

—Debes dejarla. —comentó Atlas cuando me vi llegar con ella en mis brazos. —Ya no hay nada que hacer.

—¡No pienso abandonarla! —grité con ira.

No podía creer que se le haya cruzado por la mente el hecho de dejarla, no merecía que su cuerpo quedara atrapado entre los escombros de lo que alguna vez fue el gran salón. Él cedió ante mi petición y nos ayudó a salir, cuando se desató una fuerte lluvia acompañada de una fuerte nevada, los elementos de la luna estaban sin control.

Corrimos en dirección a la salida, para poder cruzar el puente que unía el palacio con Sylvara, las puertas del palacio se encontraban abiertas de par en par, los soldados que la custodiaban no se encontraban allí y al otro lado el puente, completamente deshecho.

—Arma un puente. —le pedí a Atlas.

—No puedo.

—¿Cómo que no puedes? —preguntó confuso Daniel.

—No tenemos poderes. —respondió Seiko. —La muerte de Agatha se llevó nuestros poderes.

De repente todo se calmó, la tierra dejó de moverse y el agua de chocar con violencia, la luna seguía completamente negra, la oscuridad se iba siendo cada vez más densa delante de nosotros.

—¡Debemos hacer algo! —gritó Isadora.

—Permítannos ayudarlos. —dijo una mujer.

En lo que quedaba del puente se alzó una figura, su cuerpo hecho de agua, con un cabello largo que se unía a ella. Era la mujer que había llevado a Agatha a la orilla de la playa en Crystal, no recordé en ese momento su nombre. Junto a ella, se alzó una figura hecha completamente de piedra, unos ojos hechos de gemas, no podía distinguirlos bien, casi no podía observar lo que tenía delante de mí, la oscuridad iba ganando tiempo. Los demás se apartaron para dejarlos pasar hasta acercarse a mí, sentí la mano de Nina apretando mi brazo, no sabía que iba a ocurrir, pero era mejor que cualquier otra cosa, era la única esperanza que teníamos.

Con delicadeza coloqué a Agatha en el suelo y me alejé de ella, las criaturas se acercaron a su cuerpo, colocaron sus manos sobre ella, inmediatamente un destello iluminó todo a su alrededor, los ojos de las criaturas comenzaron a brillar mientras sus cuerpos se iban desintegrando poco a poco, ellos se giraron a nosotros para sonreírnos, mi cuerpo tembló ante ese gesto.

—Todo estará bien. —comentó la mujer.

—Díganle que nos volveremos a ver. —dijo el hombre hecho de piedra.

Agatha quedó completamente mojada acompañada a su alrededor a varias flores que habían crecido, nos acercamos a ella, esperando que algo ocurriera, cuando de repente abrió sus ojos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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