La diosa de la luna - Capítulo 122
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Capítulo 122: Capítulo 50: Los sacerdotes
Todo era muy confuso para mí, habían pasado miles de cosas en menos tiempo del que me imaginaba. Miré a mi alrededor para saber dónde estaba, el puente que contactaba Sylvara con el palacio había desaparecido, las puertas de la entrada se habían caído y estaban abiertas sin soldados alrededor, el palacio estaba hecho ruinas, solo quedaban en pie tres de las ocho torres, que una de ellas era del calabozo, allí conmigo estaba Isadora, Daniel, los guardianes de ellos, Beatriz, Atlas, Seiko, Luca, Alena, Runa, Nina y Eriol, que me preguntaba como habían escapado de Hana, además de como llegué hasta aquí.
—Creí que te había perdido de nuevo. —comentó Runa abrazándome.
—No entiendo que fue lo que sucedió. —dijo Atlas.
—Es una larga historia. —respondí recordando todo lo que me habían dicho las diosas. —¿Dónde está Hana?
Se miraron unos a otros, me saqué el agua que tenía encima y me levanté para ir corriendo hasta el gran salón, escuché los pasos de los demás siguiéndome. Atravesamos los escombros del palacio, el salón estaba hecho en ruinas, en medio de ellas estaba Aries en el piso, a su alrededor los sacerdotes quienes lo observaban con detalle, Hana estaba llorando, cuando notó que habíamos llegado se levantó con una furia en sus ojos.
—¡Tú! —gritó cuando me vio. —¿Por qué tu regresaste y él no? —preguntó señalando a Aries.
—Hana. —exclamó Qail. —Él no ha muerto, ya te lo dijimos, pero la muerte de Agatha lo afectó.
—¿Cómo es que… regresaste? —preguntó sorprendido Uzuai.
—Amaris me trajo de regreso.
—De hecho, fueron dos criaturas, una hecha de agua y otra de piedra. —intervino Daniel.
—Si, Terla y Noa. —respondí. —Son parte de Amaris, gracias a ellos estoy aquí.
Escuchamos un quejido, Aries se despertó, Hana le acarició la mejilla mientras él se incorporaba confuso. Cuando miró a Hana, fue con ojos de temor y angustia, nunca había visto esa expresión en él, quitó la mano de Hana de su rostro y se levantó rápido, cuando volteo a mirarnos sus ojos expresaban vergüenza de todo lo que había pasado.
—Aries, hijo mío. —comentó Hana. —Me alegra que estes bien.
—¿Hijo? —escuché que alguien detrás de mí preguntó.
Hana se levantó para ir detrás de él, pero se rehusaba a ser tocado por Hana, en un momento me miró fijamente.
—Nunca te interesé, ¿cierto? —preguntó Aries a Hana.
—No, mi amor, eso no es cierto.
—Mientes, todo esto fue por ti, siempre lo fue. —dijo Aries con tristeza. —Sabías lo que ocurriría y aun así lo hiciste, me dijiste que ella era un mal para Hirina, pero eres tú.
—Ella es la culpable de todo esto, además siempre fue por nosotros. —comentó Hana, intentando tomar su mano, pero Aries la rechazó.
Todos estábamos en silencio contemplando lo que ocurría, Aries comenzó a caminar hacia nosotros, pude sentir la tensión de todos preparándose para atacar si las intenciones de Aries eran diferentes. Se detuvo frente a mí, Eriol se puso a mi lado.
—Agatha, perdóname. —dijo, sentí en un peso en mi corazón con esas palabras.
—¿Por qué debería hacerlo? —pregunté.
Me había hecho mucho daño junto con Hana, pero ella más que él, pienso que quizá sus actitudes estaban inclinadas a los pensamientos de odio que tenía Hana, pero aun así no justifica del todo sus actos, un hombre adulto con la capacidad de racionar sobre lo que está bien y lo que está mal. Me miró con confusión por mi pregunta, hacia gestos buscando la respuesta, pero al parecer no la encontraba.
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