La diosa de la luna - Capítulo 123
- Inicio
- La diosa de la luna
- Capítulo 123 - Capítulo 123: Capítulo 50: Los sacerdotes_2
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 123: Capítulo 50: Los sacerdotes_2
—El perdón es algo que se gana, no que se pide. —dije al ver que no tenía algo para decir.
—¿Por qué deberíamos confiar en él? —preguntó de repente Isadora detrás de mí.
Era valida su pregunta teniendo en cuenta que había sido él quien los había encerrado a todos.
—La muerte de Agatha nos afectó a todos, incluso a mí. —comentó Aries. —Lo vi todo, todo. —dijo mirándome. —La escuché decir que confiaba en mí.
Recordé las palabras de Kisha antes que desapareciera.
—Estabas ahí… observando. —dije sorprendida.
—Si, escuché todo.
—¡No! —gritó desde atrás Hana. —¡Soy tu madre! Debes ser fiel a mí, debes seguir mis órdenes. ¡Yo te cree!
—¡Creaste un monstruo! Uno que no verás de nuevo. —respondió Aries.
Hana alzó sus brazos, varias piedras de escombro se alzaron, volaron a toda velocidad para impactar a nosotros. Levanté de mi mano hacia adelante, las piedras se detuvieron, las dejé caer.
—Nina, ven aquí. —pidió histérica Hana.
Observé a Nina quien estaba al fondo de nosotros, cubría sus oídos con sus manos para no tener que escucharla, no sabía que tanto podría afectarla no escuchar a Hana, pero aun así se resistía a ir.
—Déjala, Hana. —dije. —Ella no te servirá más.
—Ah, ¿no? —dijo riendo. —Veamos que tanto puede aguantar el sufrimiento.
—No tienen por qué estar de parte de ella, podemos solucionar las cosas. —comenté, dirigiéndome a los sacerdotes.
Sin embargo, decidieron ignorar mis palabras, el sacerdote Qail salió delante de ellos, extendió sus manos hacia delante y todo se volvió negro, no nos habíamos movido, pero los sacerdotes ya no se veían.
—¿Qué ocurre? —preguntó alguien.
—Es el poder de Qail, es un malí[1]. —dijo Daniel. —No se separen y estén atentos a todo.
Alrededor de nosotros comenzaron a crecer arboles de manera desproporcionada, bajo nuestros pies se alzó un árbol que nos subió hasta lo más alto, varios gritaron, casi sentía que podía tocar la luna de lo cerca que estábamos, podíamos observar a Sylvara frente a nosotros iluminada por la noche.
—¿Qué otros poderes tienen los sacerdotes? —pregunté. —Uzuai es un memoria[2].
—Hana una garuna[3]. —dijo Aries.
—Amelina una sanadora. —dijo Seiko.
—Silas un garria[4]. —dijo Atlas. —Puede usar sus peores miedos en su contra.
—Seren una iseka[5]. —dijo Isadora. —No dejen que se les acerque.
Las copas de los árboles desaparecieron bajo nuestros pies quedando, flotando en el aire. Arriba de nosotros se vio un destello que se acercaba a nosotros con prisa, eran diferentes espadas, Aries estiró su mano hacia delante con fuerza, de sus dedos salió desprendido un arco de fuego que incineró las espadas.
—Eran nuestras armas. —dijo Eriol a mi lado.
[1] Persona con la capacidad de alterar la realidad que los rodea, creando escenarios imaginarios estando en un único punto, puede hacer creer a la persona que incluso está dentro de un volcán.
[2] Persona con la capacidad de manipular los pensamientos y recuerdos de alguien, haciendo creer al individuo que ocurrió algo que no es así, o eliminando memorias.
[3] El poder de manipular objetos con la mente.
[4] La habilidad de conocer los más profundos pensamientos de una persona y materializarlos, como a lo que más teme, como a lo que más anhela.
[5] Habilidad de copiar los poderes de cualquier persona con solo tocarlo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com