La diosa de la luna - Capítulo 14
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- Capítulo 14 - 14 Capítulo 10 El té de la tarde
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14: Capítulo 10: El té de la tarde 14: Capítulo 10: El té de la tarde Hubo mucho caos cuando se propagó la noticia del incendio dentro de la biblioteca, salieron a la luz muchas preguntas, ¿qué hacía una reina en la biblioteca sin suficiente protección?
¿Por qué alguien quería destruir esa zona?
¿Quién era el atacante?
¿Por qué los caballeros no actuaron rápido para evitar el desastre?
Pero ninguna de ellas se podía responder, o no querían hacerlo.
Después de haber apagado el incendio, los caballeros del palacio llegaron a conocer que había ocurrido, los sanadores me atendieron de inmediato para curar mis heridas, Eriol también tenía varias heridas, pero se negaba a tratarlas, en cuestión de dos horas se encontraba totalmente recuperado.
Volvimos al palacio para que pudiese descansar.
Los días siguientes mi agenda estuvo completamente llena, donde no tenía espacio para reposar de mi herida o incluso para sentarme de nuevo a pintar algo.
Seguíamos con los preparativos del festival de la cosecha, las solicitudes se habían cerrado hacía mucho, avanzamos con la segmentación de casos por zona e importancia, faltaban ya pocos días para que anunciáramos la ruta del festival.
La herida estaba casi sana, mis shauri estaban muy pendientes de todo lo que me ocurría y de las cosas que hacía, procurando no hacer muchos esfuerzos para no abrir mi herida.
Después del largo día con las reuniones del consejo, reuniones con familias sobre el comercio en Hirina, e incluso la reunión con el festival, me encontraba exhausta al final del día.
Tomé un baño con agua de rosas preparados por mis shauri, quienes incluso de tomaron el trabajo de curarme mi herida para evitar que me quedara una cicatriz, pero incluso, en los pocos días que habían ocurrido del incendio estaba cerrada casi por completo y ya no dolía como las primeras horas.
No tenía ánimos de salir, por lo que decidí quedarme en mi habitación, quizá a que el aburrimiento llenara mi cuerpo, ya que siempre tenía algo que hacer, entrenar, aprender, e incluso investigar… Investigar, el libro que había tomado de la biblioteca del que no estaba segura, dudaba que en algún momento pudiera leerlo, pero después del incendio la biblioteca pudo recuperar algunos libros, muchos otros se volvieron a estructurar con ayuda del pueblo quienes se acordaban del contenido de ellos, seguían en ese proceso, pero estaba segura de que el libro que había tomado no lo publicarían de nuevo, pero existía la posibilidad de que hubiera otra copia de él rondando por el mundo.
Eriol no se alejaba de mí en ningún momento del día, incluso durante estos días lo encontraba durmiendo en el pasillo de la habitación abrazando la funda de su espada, siempre alerta de que algo ocurriera.
Aunque no me lo haya dicho, sé que el capitán Bauer le hizo un llamado de atención por lo que me había ocurrido, en manos de él estaba por completo mi protección, una labor muy pesada.
Desde que entramos a la habitación se había quedado en el balcón observando los jardines que disponía la vista, en la lejanía como se alzaba el pueblo.
Pensé en Aristeo, con las marcas en su muñeca, y la posibilidad de quien le haya hecho eso, hubiera sido el mismo que me atacó.
Caminé hasta donde estaba él, se sorprendió un poco al verme ahí.
—¿Cómo sigue su herida?
—preguntó.
Desde el incendio, no habíamos cruzado muchas palabras, había actuado de una manera diferente para él durante el incendio, pero gracias a ese actuar, fue que se evitó que la biblioteca quedara envuelta en cenizas, solo yo en ese instante podía detenerla, de lo contrario los ciudadanos hubieran tardado mucho en hacerlo.
—Sanó, en un par de días estaré como nueva.
—respondí.
—¿Ha averiguado algo sobre Aristeo?
—No mucho, majestad.
Incluso estuvimos preguntando por él, pero nadie sabe en donde se encuentre ahora.
—No es normal que desaparezca como si nada, él sabe que tiene una labor importante con los reyes.
—Su familia comentó que llevaba días actuando extraño, se le veía con la mirada fija y fría, no hablaba con nadie, lloraba desconsoladamente de la nada e incluso solía dar paseos nocturnos, creen que pudo haber caído en la locura.
—Sus pocos años de servicio demostraban lo contrario.
Algo debió de haberlo atormentado para que actuara de esa forma.
Escuchamos unos pasos detrás de nosotros, Isobel se acercó para anunciar que Seiko e Isadora habían llegado para tomar el té, las dejé pasar mientras le pedía a Akina que preparara los aperitivos.
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