La diosa de la luna - Capítulo 18
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- Capítulo 18 - 18 Capítulo 12 La carta
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18: Capítulo 12: La carta 18: Capítulo 12: La carta Eriol El capitán Bauer salió de la sala muy molesto, no le había agradado la idea de que la reina estuviera rondando sola por Hirina sin la suficiente protección, que incluso el barón Antonova se encontraba disgustado por mi toma de decisiones.
Si bien no podían cambiarme de cargo, ya que la reina me había elegido, lo más seguro era que me enfrentara a procesos disciplinarios si algo así volviera a ocurrir.
Quizá tomara medidas extremas o había tomado muy al pie de la letras las advertencias del capitán, o incluso realmente me preocupaba su seguridad, les había preguntado a los demás guardianes si habían pasado algún hecho peligroso con sus reyes, pero todos decían que eran rutinarios o no había mucho qué hacer con ellos, hacían lo que otros reyes, pero sin el peligro de por medio.
Decidí acampar fuera de su habitación mientras se curaba su herida, muchas veces me quedaba dormido fuera de su puerta, tenía la sensación de que incluso estando dentro del palacio pudiera sufrir otro ataque, sentía que no disponía de hacer mucho de lo que se me pedía de parte de ella y del capitán.
Estando en su habitación esperando a las demás reinas, hablamos un rato en el balcón, como siempre lucía tranquila, casi despreocupada, pero, aunque ese fuera su semblante, sabía que la atormentaban muchas cosas.
Me preguntó por el mensajero que había llevado su carta la que nos hizo ir hasta la biblioteca, pero no habíamos obtenido mucha información, designé a alguien que fuera a hacerme la investigación mientras yo continuaba con ella para no perderla de vista, con ella me sentía como una madre que intentaba mantener vivo a sus hijos pequeños.
Alena y Nolan quienes eran guardianes al igual que yo, acompañaban a sus reinas igual que sus shauri quienes se dedicaron a servir el té para ellas.
Entre los tres hablábamos de cosas banales como el juego de krida de hace un par de días o lo más importante que habían hecho con su reina, siendo cosas como visitar a su familia o incluso acompañarla a una visita con un comerciante.
Las horas pasaron rápido, pude ver como la reina Agatha sonreía o se reía de vez en cuando, cosa que no pasaba tan a menudo, verla hacía que se volcara mi estómago y no de mala forma, todo lo contrario.
Hacía mucho no tenía una pareja, había renunciado a mi vida amorosa luego de que Calíope no estuviera conforme con mis horarios de entrenamiento y servicio, que haya preferido irse con el mejor postor dejándome solo, Beatriz me había dicho muchas veces que me alejara de ella porque no me convenía, sin embargo, no lo veía de la misma forma.
El punto era que, lo que sentía por Calíope cuando la veía, cuando estaba cerca de ella o cuando le hablaba era lejos de parecerse a lo que sentía cuando veía a la reina Agatha, aunque eran sentimientos muy parecidos, la intensidad era completamente diferente, con la reina esos sentimientos se intensificaban, pero no me encontraba convencido de que estuviera enamorado, nadie puede hacerlo tan pronto.
Además, no sabía que tan bien visto estaría que un guardián y una reina mantuvieran una relación, siempre había escuchado que los reyes casi siempre se casaban buscando la mejoría de Hirina, con comerciantes, nobles, pero pocas veces con un caballero o soldado.
Acompañamos todos a las reinas a su cena con los otros reyes, la vi entrar al comedor cerrando las puertas tras de sí, cuando había este tipo de eventos, por lo general dentro del comedor había varios soldados.
Las shauri de la reina se fueron al poco tiempo, ella les había dado el consentimiento de hacerlo, aunque también me lo había pedido me negué a hacerlo, no podía dejarla sola para volver hasta su habitación, aunque estaba dentro del palacio era un largo camino que recorrer.
Me quedé afuera esperando a que ella saliera, los demás guardianes se habían ido.
No quería moverme del lugar, no sabía que tanto pudiera tardar ella para salir.
Me puse a observar desde el balcón, curiosamente el comedor tenía una vista directa hacia el centro de entrenamiento, que si la reina hubiera estado allí el día de la “reunión” hubiera podido verme.
Detrás de mi escuche que alguien había tosido buscando llamar mi atención, giré para verlo y se trataba de Aristeo, el mensajero que le había hecho la entrega de la carta a la reina.
Me resultaba muy curioso porque no lo había escuchado llegar y mucho menos sentido su presencia.
Se le veía igual de intranquilo y alerta que la última vez que lo vi.
—Vengo a hacerle una entrega.
—dijo él sacando algo de su bolso para extenderlo.
—¿Dónde ha estado?
—pregunté recordando la investigación que me había pedido que se hiciera.
—La reina ha estado preguntando por usted.
Su labio comenzó a temblar cuando mencioné a la reina, con un gesto insistió en que tomara el sobre que tenía entre sus manos.
—No puedo decirle.
—respondió.
—Le ruego que tome la carta.
Hice lo que me pidió, la reina había dicho que posiblemente se tratase de un juramento de sangre, un conjuro muy poderoso que acababa con la persona que deseé revelar el secreto de lo que juraron no contar.
Cuando levanté la vista para saber si continuaba allí para ofrecerle mi ayuda ya no estaba.
El sobre al igual que el papel que tenía dentro eran de pergamino, en ellas se leía con palabras pulcras: “cuídala bien, el día de la fiesta sufrirá”.
No tenía que darle tantas vueltas para saber que se trataba de la reina, ¿cuál era el propósito de enviar la carta conmigo?
Tenía que notificárselo al capitán Bauer, no… si lo hiciese los planes que tiene con la fiesta y el festival se verían interrumpidos por esta amenaza, ¿tenía que contárselo a ella?
Tomaría seguramente la misma decisión que yo de contárselo al capitán, la carta solo decía que sería durante la fiesta.
Durante los siguientes minutos pasé pensando en qué hacer, solo había tres personas que conocían el contenido de la carta, el mensajero Aristeo que lo más probable es que no hablaría de la carta o algo más, la persona que escribió la advertencia y yo que recibí la carta, si alguien supiera que existía una amenaza, lo seguro es que se tratase de un sospechoso.
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