La diosa de la luna - Capítulo 20
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- Capítulo 20 - 20 Capítulo 13 Una amenaza
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20: Capítulo 13: Una amenaza 20: Capítulo 13: Una amenaza Con mi agenda tan ocupada, no pude prever que la fiesta sucediera tan pronto.
Dimos los últimos detalles al festival donde entre todos decidimos a las regiones que visitaríamos durante esa época, en donde nos tomaría aproximadamente tres días poder hacer todo lo que se encontraba en el itinerario.
Decidimos también cual era el orden de la fiesta: primero llegarían todos los invitados, solo quienes vigilarían la fiesta sabrían quienes llegaron, ya que no serían anunciados ante los demás como en otras fiestas, se daría un espacio para que los invitados hablaran entre sí, para luego pasar al baile, y por último la revelación de los invitados con la recaudación de fondos.
Las invitaciones se enviaron al día siguiente de asignada la temática de la fiesta, en donde se incluyeron a los nobles, miembros del consejo, miembros del ejército, familia de la realeza, y personas del pueblos quienes pudieran ayudar con la recaudación de fondos.
Elegir que usar fue el verdadero reto para mí, puesto que como bien Aries lo había dicho, no pasaría desapercibida entre las personas, y como habíamos decidido que los shauri y los guardianes asistieran a la fiesta fuera de sus labores para que también participaran de ella hasta la revelación, necesitaba algo para poder cubrir mi cabello mientras sucedía el baile.
Sin embargo, Akina tuvo la brillante idea de utilizar una capa dorada, a juego con el vestido azul, y el antifaz del mismo color.
Solo ellas sabían qué tipo de vestido usaría, nadie más estaría enterado para agregarle ese misterio que se esperaba del baile.
En dos ocasiones intenté saber que le había sucedido a Aries después de la cena, pero en ambas ocasiones fui ignorada por él, Isobel me aconsejó que era mejor que lo dejara así, posiblemente porque se sintiera avergonzado por lo que hizo, no creía que fuera así, puesto que si sintiera vergüenza más rápido se hubiera disculpado, aunque se tratase de mí, sin embargo, eso no ocurrió, por lo que más pensaba era que no supo cómo actuar e hizo las cosas por impulso.
Esa mañana de la fiesta, los reyes nos encargamos de que todo saliera bien para la decoración del salón del palacio, desde la recepción hasta la orquesta que tocaría durante la velada, y por supuesto la comida.
Le pedí a mis shauri que se fueran a arreglar para la fiesta, aunque se negaron a mi petición insistí en que fuera, para yo arreglarme sola, lo había hecho durante mucho tiempo en mi estadía en el templo durante las reuniones con el concejo siempre procuraba verme de la mejor manera posible, una monja del templo tuvo la gentileza de enseñarme muchos trucos de bellezas, al final terminaron accediendo a mi petición y se marcharon alegres para la fiesta, pero no podía opinar lo mismo de Eriol.
—La orden también va para usted, señor Gerlaria.
—comenté comenzando a caminar a mi habitación.
—Vaya a casa, puede ir a descansar y venir a la fiesta luego.
—No, majestad.
Me niego a irme.
—dijo firmemente.
—¿Por qué?
Aunque conocía cual podía ser su respuesta, de protegerme a como dé lugar, quería escucharlo de él.
Muchas veces llegué a pensar que quizá era una persona que tomaba muy en serio su trabajo, muchos de los guardianes de los otros reyes eran un poco más tranquilos en cuando de protección se trataba, pudo haber sido por lo que ocurrió en la biblioteca, o quizá tenga otras razones, pero quería que fuera él quien me dijera porque no deseaba separarse de mí, teniendo en cuenta que es una fiesta que todos esperaban que anunciáramos.
Pareció vacilar un momento con su respuesta, sus ojos ya no me miraban, se notaba que algo me ocultaba, pudo a ver sido porque el capitán Bauer le hizo un llamado de atención, pero no podía estar segura de ello.
—Una amenaza.
—dijo por fin.
Me tomó por sorpresa sus palabras, esperaban que fueran miles de cosas, excepto que fuera una amenaza, si él se empeñaba tanto en no apartarse de mí lado, la amenaza iba dirigida hacía mí.
—¿Qué tipo de amenaza?
—pregunté temiendo conocer la respuesta.
—No se especificaba, solo decían que le harían daño durante la fiesta.
—¿Desde cuándo lo sabes?
—pregunté un poco furiosa.
Su actitud de estar cerca de mí había empezado poco después de lo ocurrido en la biblioteca, asociaba esas actitudes a lo ocurrido, pero por lo visto estaba equivocada.
—Hace una semanas.
—comentó con una voz un poco quebradiza.
—¿Se lo comunicaste al capitán Bauer?
—pregunté, a lo que él negó.
Una amenaza a mi persona, de conocer esta información la fiesta se pudo haber postpuesto para conocer el autor de tal hazaña, aumentar la seguridad para que todos los presentes pudieran disfrutarla, e incluso hacerla privada para que una clase exclusiva asistiera a ella, en cambio, tenía todo lo contrario, un baile de máscaras en donde cualquier persona que se me acercara posiblemente intentara hacerme algo.
—Majestad, lamento mucho no haberle comunicado antes.
Solo quería… —Señor Gerlaria.
—lo interrumpí.
—Le comento que cualquier amenaza recibida dirigida a usted o su familia, o cualquier miembro dentro del palacio debe ser notificada inmediatamente para tomar medidas en el asunto.
Sus ojos me miraban fijamente, en ellos se notaba una pizca de culpabilidad por haberse guardado tal información.
—Se lo informaré al capitán.
—dijo al final.
—No lo hagas.
No le dirás de esto a nadie, ¿de acuerdo?
Si lo haces es posible que cancelen la fiesta de Mies y por consecuencia el festival de la cosecha.
—Entiendo, pero ¿qué haremos si alguien la ataca durante la fiesta?
—preguntó él.
—Correremos el riesgo, señor Gerlaria.
—Usted y muchas personas pueden salir heridas.
—dijo él resignado.
Noté como su rostro iba cambiando de la preocupación a la culpa por los hechos, ya no hay vuelta atrás de lo que hizo, ahora lo que debemos hacer es asumir los actos.
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