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La diosa de la luna - Capítulo 30

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  4. Capítulo 30 - 30 Capítulo 17 El festival de la cosecha_2
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30: Capítulo 17: El festival de la cosecha_2 30: Capítulo 17: El festival de la cosecha_2 La mujer había enviado su solicitud poco antes de nosotros tomar el reino, indicando que sus cultivos presentaban un problema bastante grave, que por más que intentaran cosechar, siempre se moría su cultivo, habían intentado con diferentes métodos, diferentes formas, pero no eran capaces de que volviera a crecer.

El problema principal de este cultivo es que la familia Rega es el mayor importador de zaralis, una flor que, al hacerla en un té, puede imitar los poderes de un renatis[1] y sanar la mayoría de las heridas de quien la bebe, su cultivo es muy seleccionado para algunas zonas, ya que esta no florece en cualquier lugar.

[1] Persona con la habilidad de regenerar cualquier herida rápidamente.

Al ser uno de los mayores cultivadores de esto, es un gran problema para el reino, ya que la capacidad de curación de los caballeros no serían lo suficientemente rápido y menos dolorosa, lo que aumentaría las bajas por heridas.

Llegamos a una grande y hermosa casa ubicada a las afueras de Amaris, en la entrada nos esperaba dos mujeres y tres hombres, que al presentarse eran Ailis, con su esposo Atesios, y sus tres hijos, Lera, Urio y Elid.

Cuando bajamos de la carroza, la familia Rega nos recibió muy amablemente, sin embargo, sentía que Ailis no dejaba de observarme, quise atribuir ese sentimiento a lo que los demás hacían cuando miraban a un rey, pero sabía que había algo más.

La familia rápidamente nos condujo hacia la parte de atrás de su hogar, tenían muchas varas de tierra hostil y desierta, nos enseñaron sus últimos cultivos todos marchitos, donde habían optado por arrancar todas las flores.

—El problema de la tierra lo tenemos desde hace casi cuatro meses.

—explicó Urio.

—Hemos intentado realizar todos los métodos posibles e incluso consultamos a otros cultivadores, pero nadie ha podido ayudarnos.

—continuo Lera.

—¿Cómo empezó?

—pregunté.

—De la nada.

—respondió Atesios.

—Nos fuimos a dormir y las flores estaban muy bien, a la mañana siguientes se encontraban marchitas desde las que estaban maduras, hasta la que apenas había nacido.

—Volvimos a cultivar, pero volvió a ocurrir lo mismo.

—dijo Lera.

Los caballeros estaban caminando de un lado a otro por la casa de los Rega mientras hablaba con ellos, Eriol permaneció a mi lado escuchando cada palabra que ellos decían.

Me sentía muy nerviosa, ¿qué solución debía de darle a esta familia?

Es un problema muy grave no solo para la economía, sino también para los caballeros y sanadores, pero ¿qué debía hacer?

No tenía nadie a quien pudiera consultarle, jamás había escuchado un caso donde el cultivo se muriera tan pronto, lo único que se me ocurría era escuchar a la tierra.

Me agaché hasta colocar la mano en la tierra desierta, pero no podía recibir ninguna señal.

—¿Normalmente donde iban los cultivos?

—pregunté.

Ailis señaló un punto un poco más delante de donde estábamos, caminé un poco hasta donde ella había señalado, hasta que me indicaron que ese era el lugar correcto.

Aunque llevaba los zapatos puestos, podía sentir algo mucho más extraño suceder en ese lugar.

Aunque se ensuciara mi vestido en el proceso, me puse en cuclillas, enterré mi mano en la tierra, podía sentir una perturbación en la zona.

Una vez el sacerdote me había enseñado, que, así como podía dar vida a la naturaleza y sentir su energía, también podía absorberla, aunque pudiera ser perjudicial dependiendo de lo que atormentara la zona, quizá eso funcione.

Aun con la mano dentro de la tierra, comencé a absorber la energía, la tierra que se encontraba árida comenzó a secarse poco a poco, cuando estuvo completamente seca, empezaba a sentirme un poco mareada.

Me levanté, sacudí mi mano para limpiarla, caminé hasta donde ellos estaban, quienes miraban asombrados lo que hacía.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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