La diosa de la luna - Capítulo 35
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- Capítulo 35 - 35 Capítulo 18 La mansión Odola_3
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35: Capítulo 18: La mansión Odola_3 35: Capítulo 18: La mansión Odola_3 Todos asintieron ante la orden de Eriol, cada uno tomó el rumbo que él les había asignado, quedando solo él y yo.
Entramos primero a la sala donde había un juego de sofás con su mesa de centro y varios adornos dispuestos alrededor del lugar con polvo, telarañas e incluso algunos ya deteriorados por el tiempo.
Continuamos hacía el estudio, que se encontraba a un lado de la sala, lugar donde Eriol mencionó que se había encontrado al padre Odola muerto, al entrar se podía sentir un aura muy pesada en el lugar, alguien como Aristeo la pasaría muy mal aquí… Debo hacer algo por él.
En el suelo del estudio se podía ver una mancha, quizá la mancha de sangre del padre que posteriormente desearon quitar, pero con un piso de madera es cosa difícil.
Había muchos libros regados en el piso, otros mal posicionados y otros esparcidos por el lugar.
Entre varios de ellos que tomé eran lecturas sobre la sanación, anatomía y los poderes de Hirina, en el suelo encontré uno que captó mi atención, el mismo libro que había tomado en la biblioteca, el árbol genealógico de Hirina.
Este libro tenía una particularidad, y es que cada copia existente de este libro se encontraba con un hechizo bastante poderoso, que se actualizaba a medida que iban naciendo personas en Hirina, este libro en particular no se encontraba en la biblioteca, pues este contiene toda la información de las familias, en la biblioteca se encontraba el libro separado por orden alfabético, además este lo más seguro es que no tendría los nombres tachados como el otro, extendí mi mano para intentar tomarlo cuando escuchamos un grito.
Eriol inmediatamente se alarmó, corrió hasta la entrada donde estaban las escaleras, nos quedamos allí un rato en silencio, hasta que se escuchó otro grito.
—Venga conmigo.
—dijo él subiendo las escaleras apresuradamente.
Subí casi cuatro escalones, cuando caí en cuenta que no podía dejar perder ese libro, no de nuevo, allí se encontraba información muy valiosa que no podía perderla otra vez.
Él ya había terminado de subir todas las escaleras cuando bajé para regresarme al estudio y lo encontré donde había quedado, un poco pesado con su portada azul sucia por los años pasado en solitario.
Me giré para dirigirme al segundo piso en donde se habían escuchado esos gritos, cuando escuché un ruido detrás de mí.
Mi corazón empezó a latir con fuerza, era el sonido de una espada.
Cuando estuve en la biblioteca, Eriol estuvo conmigo acompañándome, no me supe defender, pero ahora era diferente, él no estaba y no dejaría que me arrebataran el libro de mis manos.
Voltee muy lentamente para conocer la cara de la persona que se atrevió a alzar su espada contra la reina de Hirina, mis ojos quedaron asombrados al saber que era uno de los caballeros que nos había estado acompañando, Kamil.
—Señor Kamil, ¿qué cree que está haciendo?
—pregunté intentando persuadirlo.
Su espada temblaba un poco y tenía sus ojos llorosos, pero lo que más me sorprendía, es el hecho que él debía de estar en el segundo piso… donde se escucharon los gritos.
Y para llegar hasta el punto donde estaba, tenía que haberlo visto bajar.
—Majestad, deje el libro.
—dijo él con una voz nerviosa.
Apuntaba a mi garganta la espada, si daba un paso al frente me la clavaría.
A mi lado estaba dispuesta una mesa un poco inestable, mi vestido se había ensuciado por el libro, lo dejé en esa mesa que se tambaleo un poco con el peso, haciendo un ligero ruido al caer.
Con su nerviosismo, era claro que no estaba pensando con claridad lo que hacía.
Apuntó más la espada hacia mí lo que me obligó a retroceder algunos pasos de la mesa, cuando él se acercó a la mesa, estiré mi mano en dirección hacia la ventana que a los pocos segundos se quebró dejando entrar unas ramas, extendí mis manos hacia al frente y comencé a hacer círculos en el aire a medida que la rama se envolvía en el cuerpo de Kamil.
Mi intención no era lastimarlo, no deseaba hacerle daño, pero si quería retenerlo lo suficiente para que me permitiera escapar del estudio con el libro en mis manos, me quedé en las escaleras pensando que hacer, salir no era una opción puesto que sería un blanco fácil para él, lo ideal sería esconderme, pero no conocía la mansión para conocer qué lugar era lo ideal, pero quizá Eriol me ayudaría… no, no sería lo ideal depender siempre de él, ¿cuándo él no esté como haré?
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