La diosa de la luna - Capítulo 39
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- Capítulo 39 - 39 Capítulo 20 Una visita inesperada_2
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39: Capítulo 20: Una visita inesperada_2 39: Capítulo 20: Una visita inesperada_2 —¿Piensa que fue una mala decisión?
—preguntó él.
La idea de avisarle al palacio sobre Kamil había sido mía, teníamos que darle un buen funeral a Kamil con o sin traición, se lo merecía, sobre todo después de saber que no estaba actuando por su cuenta, sino de alguien más.
Debatimos mucho él y yo sobre lo que se le diría al consejo en la reunión, para que nuestras versiones correspondieran.
—No.
—respondí.
—Sé que hicimos bien.
—Majestad, está listo el baño.
—anunció Akina, para luego desaparecer hacia el baño.
—Señor Gerlaria, usted también tome un baño y descanse, tómese el día libre.
Lo necesita.
—le dije levantándome del sofá.
—No.
—objetó él.
—No se lo estoy preguntando, se lo estoy exigiendo.
—No puedo abandonar mi lugar.
—No lo hará, estaré aquí.
No me iré a ningún lugar fuera del palacio.
—Pero… majestad.
—Señor Gerlaria, haga lo que le pedí.
Al salir del baño, Eriol ya no estaba en la habitación, solo esperaba que hiciera lo que le pedí, lo mismo le dije a mis shauri, que se fueran a descansar, pues solo deseaba estar sola para poder leer el libro, sin interrupciones e incluso para tener la libertad de expresarme como quería, de acuerdo con lo que pudiera encontrar allí.
Ellas no reprocharon, y cada una se fue hasta su habitación a descansar.
Después del baño sentí una calma, me acosté en la cama, que mis ojos se fueron cerrando poco a poco hasta quedarme dormida.
Me desperté sobresaltada por un ruido que había escuchado dentro de la habitación, encendí la lámpara que tenía en la mesita de noche, pero no había nadie dentro.
Enseguida corrí hasta mi armario, en la parte de abajo, escondido dentro de una maleta estaba el libro, el lugar que había elegido Eriol para resguardarlo.
Lo más seguro es que haya sido un sueño, el ruido solo lo escuché en mi mente, salí al balcón y la noche había llegado hace horas, no había nadie vagando por el palacio, lo más seguro es que todos estuvieran durmiendo, del mismo armario saque un vestido suelto y me lo puse sin mayor dificultad, con unos zapatos cómodos decidí dar un paseo por el palacio.
Disfrutar un poco de la soledad era algo que necesitaba y tenía tiempo que no lo hacía.
Cuando me sentía abrumada en el templo por cualquier cosa o incluso que no podía dormir, siempre realizaba caminatas nocturnas, me sentía con más energía, más fuerte, más serena.
Comencé a caminar con dirección a los jardines, quizá estuviera allí hasta que me volviera a dar sueño o hasta cansarme.
Pasando por los pasillos del gran comedor, del otro lado me pareció ver a alguien, la silueta me era familiar, una silueta de una mujer delgada con cabello largo.
—¿Nina?
—pensé en voz alta.
Lo suficientemente alta para que aquella persona me escuchara y saliera corriendo.
Desde aquel día en la fiesta que quería decirme algo, no la había vuelto a ver, me parecía extraño verla tan de noche paseando por el palacio, pues todos los visitantes son desalojados del palacio a cierta hora, solo había dos explicaciones para ello, se encontraba invitada en el palacio o había irrumpido.
Comencé a correr para perseguirla, pero el pasillo era largo con diferentes puertas, por lo que no tenía idea por donde se pudo haber ido, seguí recorriendo el pasillo hasta que me detuve a mitad de este, ya no sabía por dónde se pudo haber ido, y no escuchaba sus pasos, el silencio en ese lugar resultaba ser abrumador.
Retrocedí sin girar, hasta que me tropecé con algo… o alguien.
Unas manos sujetaron mis hombros con un poco de fuerza, haciéndome saltar del susto.
—No deberías estar por los pasillos tan tarde y sola.
—dijo él.
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