La diosa de la luna - Capítulo 4
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4: Capítulo 3: La reina 4: Capítulo 3: La reina Eriol Me había preparado casi toda mi vida para esto, proteger a los demás supe que era mi vocación después de lo ocurrido con mi madre… algo que no deseaba recordar en un momento tan importante como este, pero me gustaría que estuviera aquí para ver como su hijo entregaría su vida para proteger a uno de los nuevos reyes de Hirina.
Era una posibilidad muy alta el ser elegido por uno de ellos, muchas personas dicen que se dan por conexiones relacionadas al pasado o futuro de los reyes, pero lo cierto es que para todos es un rotundo misterio en que yacía la elección del guardián.
Había perdido de vista a Beatriz, vi cuando se puso su máscara antes de hacer la fila de ingreso, pero no sabía en que posición se había puesto.
El capitán estaba en la puerta, esperábamos su señal para poder ingresar a la capilla, casi veinte años de arduo entrenamiento por fin darían sus resultados.
Desde afuera pudimos escuchar la presentación de los reyes, escuchar sus nombres, pero no saber quiénes eran realmente hasta tenerlos de frente.
El capitán por fin hizo un ademan para que pudiéramos entrar, el ambiente de la capilla podría causarle temor a cualquiera, el silencio, la poca luz y el misticismo que se le agregaba por la presencia de los nuevos reyes de Hirina.
Entramos a la capilla, mirando de frente a los reyes.
Primero se acercó a una mujer, piel morena, ojos café, cabello sorprendentemente rizado, desde el punto donde inició fui el tercero a quien le dio la mano, pero nada ocurrió, sin embargo, cuando tomó la mano de mi compañero de al lado se formó el lazo, un destello muy brillante envolvió sus brazos.
Continuaron llegando los demás reyes dándome la mano, pero siempre elegían a mis compañeros, no sabía si Beatriz había sido escogida ya, no teníamos permitido quitarnos la máscara hasta no finalizar toda la ceremonia del loto, ya solo quedaban dos reyes por elegir y ocho guardianes disponibles, por lo que la posibilidad había disminuido, aunque era algo que anhelaba, el solo hecho de pertenecer al círculo dorado del palacio era un verdadero honor, un puesto del grado más alto de importancia.
Siguió una mujer, cabello largo, liso y blanco, piel pálida y una característica única, un ojo café oscuro y otro gris, en su cabeza tenía una corona con el símbolo de la luna en ella, tenía una mirada muy inocente.
Pasó dándole la mano a todos los caballeros que quedaban, pero sorpresivamente no había realizado conexión con alguno.
A pesar de que todos comenzaron a dudar de ella, se le vio tranquila, un hombre con una túnica blanca se acercó a ella, le dijo algo al oído y comenzó de nuevo el recorrido.
Cuando llegó a mí pude sentirlo, tomó mi mano, la suya estaba helada, sin embargo, me emitió una calidez su contacto, salió un destello de la punta de nuestros dedos que fue subiendo hasta cubrir nuestros brazos, era la conexión, ella me había elegido su guardián.
Inmediatamente se dio la vuelta y se colocó en la posición donde estaba antes mientras la seguía, el último rey hizo su contacto con el segundo caballero, la persona que estaba a mi lado, para así concluir la ceremonia.
Con la llegada de la ovación a los reyes, teníamos permitido quitarnos las máscaras y así fue, para notar que Beatriz había sido elegida por el último rey.
Todos comenzaron a salir de las capillas, desde ese punto comenzaba realmente nuestra labor, proteger a los reyes, seríamos nosotros quienes los salváramos de cualquier peligro.
Ella salió de la capilla sin voltear a mirar, iba en silencio con su rostro relajado, una mujer verdaderamente hermosa.
Todos fuimos llevados al gran salón del palacio, en donde se llevaría a cabo la demostración de los reyes.
El salón estaba lleno de personas, jamás pensé que un evento tan masivo pudiera llevarse a cabo en el palacio, era la primera vez en mi vida que presenciaba la coronación de un rey y que mejor forma de hacerlo que siendo parte de la caballería dorada.
Hubo aplausos cuando el rey que eligió a Beatriz como guardiana se puso en frente, fue cuando noté que tenía el sol en su corona, descendiente de la diosa Kisha, los reyes se sentaron en sus tronos correspondientes, con cada guardián detrás de ellos.
El rey comenzó a hacer diferentes maniobras con el fuego y el viento, pero mi concentración iba más dirigida hacia el público.
Aunque su espectáculo era impresionante, porque jamás había visto a alguien manipular los elementos, había algo en el público que llamaba mi atención, todas las personas estaban observando el espectáculo maravilladas, excepto una persona.
Un hombre en el público se movía de un lugar a otros, posiblemente fueran paranoias, pero no tenía una buena sensación al respecto y lo confirmé cuando se quedó quieto, mirando fijamente a la reina de la luna, mi corazón latía con fuerza, no podía dejar que algo le ocurriera, incluso si solo fueran paranoias.
Alzó su mano lo suficiente para que no fuera visible por los demás y emitió un destello, rápido me puse delante de ella, en un solo movimiento desenfundé mi espada y el destello impactó con fuerza en ella, haciéndola humear.
Los gritos comenzaron ante el impacto, de manera fugaz el resto de los guardianes había tomado a sus reyes para sacarlos del gran salón.
Los presentes buscando rápidamente de salir del salón, por lo que me giré a ver la reina, necesitaba confirmar que no le hubiera pasado algo, se le veía tensa, pero a la vez relajada ante lo ocurrido.
Inmediatamente llegaron los caballeros para poder atender la situación, apresando algunas personas en el proceso.
—Majestad, ¿se encuentra bien?
—pregunté para estar seguro.
Ella solo me miró y asintió.
Detrás de los caballero entró el capitán Bauer, me acerqué rápidamente hacia él haciendo una reverencia en muestra de respeto, le expliqué lo que había visto y la descripción del atacante.
—De acuerdo, Gerlaria.
—dijo el capitán.
—Agradezco tu información.
Después de su respuesta se marchó del gran salón.
Cuando giré para ver a la reina, ya no se encontraba en el trono, de hecho, ya no quedaba casi nadie en el salón.
Salí corriendo para saber a dónde había ido, temía que el atacante estuviera rondando aun por el palacio con la posibilidad de causarle algún daño, tenía que averiguar quién había cometido semejante acto de traición.
Cuando la encontré estaba hablando con dos mujeres quienes lucían bastante preocupadas por ella, ¿cómo se supone que me dirigiría a ella?
No tenía idea, así que dije lo primero que se me ocurrió para captar su atención.
—Majestad.
Giró para observarme, jamás en mi vida me había puesto nervioso, en ninguna circunstancia o batalla, sin embargo, cuando ella me miró no pude evitar sentirme así.
Podría ser el hecho que me encontraba hablándole a una reina.
—Majestad, le pido por favor que vaya a su habitación, mientras la situación se calma, estaré con la caballería buscando al culpable.
—comenté.
—De acuerdo, señor… Quedó en silencio, recordé entonces que no me había presentado ante ella, había escuchado poco antes de la ceremonia que era Agatha Iluna la reina que tenía frente a mí.
Para presentarme de una manera cortés, me arrodille frente a ella llevando mi mano en el pecho, en la caballería nos indicaban que era la forma de demostrar devoción hacia los reyes o cualquier otra persona de un cargo superior al de nosotros.
—Eriol Gerlaria, majestad.
Caballero dorado.
Agradeció mi presentación pidiendo que le dijera cualquier cosa que supiera acerca del ataque, así que me levanté, ella giró y se fue con las mujeres que la acompañaban.
Suspiré aliviado, sentía mucha tensión al hablar con ella, quizá se debía al nerviosismo de estar delante de un descendiente.
Siempre me los imaginaba con superioridad, frivolidad e imponencia, pero ella era todo lo contrario, aunque se tomaba que tenía un carácter fuerte, daba más aires de sencillez.
Quedé de pie en el pasillo con mis pensamientos hasta que escuché a alguien que se acercaba corriendo, por su uniforme era un soldado novato o escudero como se lo conocía en realidad, se le veía agitado, al pararse cerca de mí llevó su mano al corazón a modo de saludo, en la jerarquía de la caballería me encontraba en la línea más alta, donde después de mí continuaba el capitán Bauer y el barón Antonova de quien se conocía poco o casi nada de esa familia.
—Señor Gerlaria, tenemos noticias del atacante.
—comentó.
Me parecía que lo habían encontrado muy rápido, habían pasado tan solo minutos desde que se produjo el ataque, no parecía lógico.
—¿Cómo están seguros de que es nuestro hombre?
—pregunté.
—Corrió muy pronto la noticia que se encuentra en una taberna diciendo haber atacado a la reina.
El destello que usted vio concuerda con un lyarmis, señor.
—De acuerdo, tráiganlo.
No sé si formaba quizá parte de su plan alardear haber atacado a la reina, pero me parecía muy osado y estúpido decirle a todos aquel acto de traición que cometió, ya que sería duramente juzgado por la sociedad.
El escudero con un saludo se despidió y salió del pasillo donde me encontraba.
Comencé a caminar con paso seguro hasta la habitación de la reina preguntando cuál sería su torre, sin embargo, a varios de los que pregunté me comentaban que no la habían visto, por lo que la comencé a buscar con prisa por el camino que debería tomar hasta su habitación.
La observé en los jardines aun acompañada de las mujeres que había visto antes, pero iba con alguien más, poseía cierta similitud por la reina o quizá solo se debía a percepción a sus apariencias, pero extrañamente cuando me miró de nuevo empezaba a sentir ese nerviosismo en mí.
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