La diosa de la luna - Capítulo 42
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- Capítulo 42 - 42 Capítulo 21 El cultivo de flores_2
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42: Capítulo 21: El cultivo de flores_2 42: Capítulo 21: El cultivo de flores_2 —Si, tienes razón.
—respondió riéndose.
Tomé las canastas y salí de la casa, empezaba a tener ese sentimiento de nuevo, el dolor en el pecho aumentó un poco más que me dejó casi sin respirar, a los pocos segundos se desapareció el dolor.
“Despierta, Agatha”.
No sabía que me estaba pasando, pero lo más seguro es que durmiendo otro poco quizá se me pase.
Tomé de nuevo la canasta y comencé a caminar hacia el bosque para llegar hasta la ciudad.
En un par de minutos, había llegado a la floristería de mi padre.
Él estaba dándome la espalda, acomodando algo del mostrador.
—Hola, hija.
—me saludó.
—Puedes dejarla allí a un lado.
Dejé las canastas al lado de las demás flores que habían, cuando noté que Flora se había despertado con mucha energía y comenzó a dar vueltas alrededor de mí.
—Veo que flores se levantó con energía.
—dijo mi padre riéndose.
—Flora, papá.
Llevo con ella desde los diez años.
Se escuchó la campana de la puerta anunciando un nuevo cliente, era una mujer muy hermosa con un precioso vestido azul claro con un sombrero a juego.
—Buenos días.
—saludó.
—Buenos, ¿días?
—respondí, ya que para mí la mañana había pasado mientras recolectaba las flores.
—¿En qué podemos ayudarla, señorita?
—Isobel, soy Isobel Amica.
Busco unas hortensias blancas para un ramo con unas flores rojas que hagan juego.
—Claro que sí.
Caminé por la tienda para mostrarle las flores rojas que teníamos disponibles, cuando observé por la ventana a Flora cruzando la calle en dirección a una panadería.
—Papá, atiende a la señorita Amica, ya regreso.
—le grité.
Salí corriendo detrás de Flora que se había adentrado a la panadería a robarse unos panes, del mostrador salió un muchacho.
—¡Oye!
Debes pagar por los panes que esa cosa se comió.
—dijo el muchacho.
—Si, se los pagaré, mi padre trabaja al frente en la floristería.
—dije señalando el local que había cruzado la calle.
—¿Qué?
Aquí no hay ninguna floristería.
—respondió el muchacho.
—Pero, si es de mi padre y acabo de… —voltee a mirar de nuevo al otro lado de la calle, y la tienda ya no estaba, en su lugar había una plaza llena de personas.
—¿Estás bien?
—preguntó el muchacho.
Me encontraba confundida por lo que me estaba ocurriendo, no podía entender que pasaba.
Él se acercó a mí ofreciéndome un vaso con agua, cuando sentí de nuevo el dolor en el pecho, lo que provocó que tirara el agua al suelo, esta vez con mayor intensidad el dolor, mi vista comenzó a tornarse borrosa y me dolía el cuerpo.
“Despierta, Agatha”, lo volví a escuchar mucho más claro que en casa.
A los segundos el dolor desapareció de nuevo, el muchacho se había quedado a mi lado, con un rostro bastante preocupado.
—Lo lamento, rompí el vaso.
—le dije recordando el agua.
—No te preocupes, traeré otro.
Caminó hasta el mostrador y lo seguí con la mirada.
Me agaché a recoger las partes del vaso, cuando noté que se había partido a mis pies y que el agua me pudo haber mojado la ropa, pero no fue así.
Intenté tomar un poco de agua entre mis manos, pero era imposible hacerlo, no tenía contacto con ella.
—Es imposible.
—susurré.
—Todo aquí es posible.
—dijo el muchacho apareciendo delante de mí, sosteniendo con fuerza mi mano.
—Suélteme.
Comencé a forcejar con él, hasta que logró soltarme.
Caí hacía la ventana, cuando noté que todos quienes pasaban por la plaza habían volteado a mirarme y empezaban a acercarse poco a poco.
Por alguna extraña razón todos querían sujetarme, gritaban, se empujaban entre ellos, necesitaba escapar.
Esquivé al muchacho buscando salir del otro lado de la panadería, comencé a llorar de la desesperación, esperaba que sucediera algo, pero no fue así.
La parte de atrás de la panadería me condujo al bosque.
Comencé a correr buscando la manera de encontrar la casa de nuevo, los árboles comenzaron a crecer desproporcionalmente cerrándome el paso, por lo que comencé a gritar de la desesperación, poco a poco fueron acercándose a mí, mientras sus ramas se envolvían en mis extremidades.
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