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La diosa de la luna - Capítulo 45

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  4. Capítulo 45 - 45 Capítulo 22 La noche_3
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45: Capítulo 22: La noche_3 45: Capítulo 22: La noche_3 Eriol Se llevarían a la reina a otro lugar, posiblemente a la torre de los sanadores.

—Nos llevaremos a Su Majestad.

—respondió uno de ellos.

—No podemos saber que le sucede, mantenerla en la torre de sanadores por ahora es la mejor opción.

—Es necesario realizarle algunas pruebas para saber si está bajo un conjuro.

—dijo otro sanador.

—No, yo la llevaré.

—comenté.

Ellos se asombraron ante mi petición, no me agradaba la idea de tener que verla sobre una camilla mientras era llevada de una torre a otra, era poca la seguridad que había en ese trayecto, solo me imaginaba a ellos llevándola y ella cayéndose en algún punto, incluso para que así conservara su nobleza.

Me acerqué a su cama, pasé mis brazos por debajo de su cuello y sus rodillas cargando su cuerpo frío, no sabía si era por su estado, pero la sentía liviana, casi como cargar una pluma.

Su rostro se veía tranquilo, no emitía ningún sonido, imaginé por un segundo el rosado de sus mejillas las escasas veces que la vi o escuchando aquella risa que hizo mover mi corazón cuando estábamos en el baile.

Los sanadores me guiaron por el camino hasta la torre, donde le asignaron una habitación.

Me quedé junto a ella todo el tiempo, preguntándome que le había pasado y si despertaría en algún momento, vi entrar y salir a los reyes, quienes iban a verla, preguntaban a los sanadores por su diagnóstico y luego se iban.

El primer día había sido mortal para todos, no saber que le ocurría y estar a la expectativa de cuando despertaría, pero los siguiente fueron una verdadera tortura.

Le había pedido a Cyrus que me relevara los momentos en que necesitaba ir al baño o incluso comer, pero siempre estuve allí a su lado.

—Tememos que sea un sueño eterno.

—dijo uno de los sanadores.

Los sacerdotes habían llegado a ver su estado, todos habían llegado con sus expresiones neutrales sin muestra de sentimiento alguno, estuve ahí cuando pronunciaron aquella frase.

Ellos no se lamentaron, no preguntaron si existía una posibilidad de despertarla, solo asintieron y se fueron.

Habían pasado ya cuatro días que no despertaba, salía cuando sus shauri llegaban a darle un baño, escuchaba que ellas le hablaban con la esperanza de que les respondieran, cuando ellas se fueron fue cuando escuché esa noticia.

No tenía la certeza de cual podría ser su diagnóstico, pero hubiera deseado que fuera otro, no el sueño eterno.

Al sueño eterno se le conoce por ser una de las magias más peligrosas, coloca a la persona en un estado donde se le proyecta en su mente sus mayores anhelos, sus más grandes deseos, habían solo dos personas en Hirina que habían podido despertar de ese encantamiento contando las peores experiencias jamás vividas, se dice que después de un tiempo se comienzan a experimentar pesadillas, que aun así con eso no era posible despertar, los sobrevivientes incluso quedaban con la duda de que pudo haberlos despertado.

Por eso era una magia mejor guardada, en el reino de los sueños, la ciudad lleva un conteo, identificando a las personas con este tipo de poderes, por lo que sería fácil distinguir al culpable.

El rumor del estado de la reina Agatha se difundió rápidamente por el palacio, hubo muchas reuniones para deliberar su estado crítico, mientras aun estuviera con vida podría seguir siéndole útil a Hirina, pero no de la misma forma que ellos esperaban, era lo único por lo que se interesaban, por Hirina, nunca se habían detenido a pensar que estará viviendo ella, batallando sola en un mundo desconocido para ella.

Los días habían pasado de la esperanza de que algún momento despertara, a la incertidumbre de que nunca lo haga.

Esa tarde había pasado todo el día en su habitación vigilándola, había estado evitando a Beatriz después de lo ocurrido entre los dos y la mejor manera de hacerlo era estar pendiente de la reina.

Cyrus se había marchado a un investigación que se le había asignado sobre un tráfico ilegal de arferoles[1] que estaba ocurriendo en Isaura, no deseaba pedirle el favor a alguien más que estuviera pendiente de ella, así que solo me fui.

Mis esperanzas en ese punto eran nulas, la culpabilidad no hacía más que crecer, si tan solo hubiera sido terco ante su petición ella continuaría despierta realizando sus labores reales.

[1] Animales sin cruce en específico, como un león o un elefante, raros en Hirina.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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