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La diosa de la luna - Capítulo 47

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  4. Capítulo 47 - 47 Capítulo 23 El despertar
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47: Capítulo 23: El despertar 47: Capítulo 23: El despertar Grité tan fuerte como pude, que empezó a dolerme la garganta, cerré con fuerza los ojos del miedo que sentía, jamás creería volver a sentir un verdadero terror.

Al abrir mis ojos ya no estaba en el bosque, ni en mi habitación en la cabaña.

Estaba acostada en una habitación que no reconocía, la ventana indicaba que estaba en un piso alto.

Me levanté apresurada de la cama buscando salir de ahí, la ventana estaba cerrada y si contemplaba la opción de saltar de ella resultaría muy herida, la única opción era la puerta, pero está se abrió antes que me dirigiera a ella.

—¡Majestad!

—exclamó el hombre que acababa de entrar.

—¿Se encuentra bien?

Escuchamos un grito.

—No te acerques, por favor.

—le supliqué temiendo que me fuera a hacer algún daño.

Comencé a sollozar, no entendía que me pasaba ni donde estaba, tenía mucho miedo, sentí como mis manos temblaban mientras buscaba retroceder del lugar.

El cielo que antes brillaba con la luz radiante del sol, rápidamente se nubló y me acompañó en mi tristeza.

—Majestad, no le haré ningún daño —dijo él acercándose a mi poco a poco —Usted me conoce, sabe que daría mi vida por usted.

—¡No te conozco, no te me acerques!

—le grité.

—Todo estará bien, Agatha.

En su cinturón cargaba una espada, desabrochó su cinturón y lo dejó caer al piso.

Se acercaba a mí como un domador a su bestia, con cautela y despacio.

—Solo está confundida.

—¿Cómo sabes mi nombre?

—le pregunté confundida.

—Soy Eriol Gerlaria, su guardián.

Y usted es la reina de la luna.

—¿Reina?

—pregunté.

—Si, todo estará bien.

—repitió él.

Se había acercado a mi lo suficiente para que él pudiera tomar mi mano, algo dentro de mí había dejado de sentir temor, no tenía la misma sensación de peligro, tomó con delicadeza mi mano y me guio a la cama donde había despertado, ayudándome a sentarme.

Salió de la habitación y cuando llegó, lo acompañaban dos sanadores.

Ellos me inspeccionaron, notando que tenía varios moretones en los brazos y en las piernas, consecuencias del ataque del bosque.

—¿Qué es lo último que recuerda?

—preguntó uno de ellos.

—Que estaba en un bosque.

—¿Hacía usted algo en particular?

—Huir, tenía miedo.

Se miraron entre ellos, se apartaron de mí, se decían cosas mientras me observaban.

Los dos sanadores se fueron y quedó aquel hombre.

—Intenta descansar.

Te ayudará.

—dijo él.

Me acomodó las almohadas que tenía en la cama, que eran demasiadas para alguien normal, sin embargo, la comodidad se sentía bastante reconfortante.

Él se quedó a mi lado, vigilándome.

Cerré mis ojos pensando en qué el no dejaba de llamarme: “majestad”, en varias ocasiones lo hizo…

¿por qué?

Tenía aun esa extraña sensación, ese raro sentimiento, pero ya no me dolía mi pecho, no escuchaba la voz que me decía que me despertara… La reina de la luna Mis memorias llegaron a mí como una corriente de agua fría y deprisa.

Desperté, al mirar por la ventana había oscurecido, Eriol ya no estaba donde lo había dejado antes de irme a dormir, pero no me apresuré a por irlo a buscar, una oleada de sentimientos llegaron a mí, que sentí un gran vacío, había sido un sueño, uno donde vivía con mis padres una vida alejada del palacio con sus misterios y problemas, una vida común como cualquier otra, sentir de nuevo el vacío por la ausencia de mis padres, experimentarlo como el día que entendí que solo era yo sola en el mundo provocó que comenzara a llorar, sabía que estaba sola, por lo que me permití llorar fuerte, mis lagrimas caían a montones mientras las secaba con la manga del pijama que traía puesto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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