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La diosa de la luna - Capítulo 5

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  4. Capítulo 5 - 5 Capítulo 4 Celebración
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5: Capítulo 4: Celebración 5: Capítulo 4: Celebración Eriol Habían capturado al lyarmis de manera satisfactoria, el capitán Bauer personalmente se encargó de realizarle el interrogatorio correspondiente, pero el hombre no quiso darnos suficiente información, porque inmediatamente se había declarado culpable del ataque a Agatha, para mí no era suficiente información, necesitaba saber los motivos, ¿qué lo había llevado a atacar a la reina?

Necesitaba saberlo, así podría preverme de futuros ataques para ella, sin embargo, decidió callar.

No quisieron darle suficiente importancia a una investigación más profunda con tal de obtener algún culpable, no podía objetar las decisiones del capitán al respecto, pero dudaba que esa decisión haya sido de él, más parecía ser que el barón Antonova ejercía presión por encerrar al culpable.

Majestad se había ido a dormir hacia un par de horas, había descubierto que las mujeres que la acompañaban eran en realidad sus shauri, quienes estarían con ella casi siempre.

Salí del interrogatorio un poco agotado, habían trasladado mis cosas para una habitación disponible en la misma torre que la reina, ya no necesitaba trasladarme hasta el centro de la ciudad a un habitación que compartía con Beatriz, mi mejor amiga de la infancia y otros dos soldados que también servían en el palacio.

Me sorprendió verla cuando salí de la sala, se le veía con una gran sonrisa y muy animada.

—Los muchachos organizaron una reunión de celebración por nosotros.

La nueva generación de guardianes.

—comentó ella con entusiasmo.

—Gracias, Beatriz.

—respondí.

—Pero no me interesa una fiesta ahora, quiero descansar.

Había sido un día muy largo, he tenido épocas en donde me he sentido mucho más cansado, pero por alguna razón tenía la sensación de haber consumido mucha energía.

Beatriz me observó con una expresión seria mientras se cruzaba de brazos.

—No voy a aceptar un no por respuesta.

—dijo tomándome del brazo.

—¡A celebrar!

Gracias a ella era que me encontraba en la caballería, ella había tenido la idea de entrar, su padre había tenido un espléndido historial entre los soldados, un caballero de renombre y ella deseaba reflejar sus pasos, siendo una giroa[1] le había ayudado mucho, además de poseer un apellido prestigioso en el linaje de la caballería.

No puse mucha resistencia a su petición por lo mismo, pero tampoco es que me agraden los sitios con muchas personas.

[1] Persona con la capacidad de ver lo que se encuentra a su alrededor tocando cualquier superficie.

Sin embargo, me hubiera gustado haberme negado a ella.

No era una reunión como había dicho Beatriz, era en realidad una fiesta, había muchas personas que conocía, había compartido entrenamientos o batallas con ellos, pero había muchas otras más que no recordaba haberlas visto en mi vida.

Cuando fui consciente de mí mismo, el sol ya había salido y brillaba con mucha fuerza, me encontraba en la otra punta del palacio, en los centros de entrenamiento que estaba al final, casi llegando al borde de la isla, un lugar donde no descubrirían la fiesta y en donde nadie pudiese molestarnos.

Recuerdo que el lugar se encontraba lleno de barriles de cervezas, había jarras por doquier, no sé cuánto bebí, pero fue lo suficiente para no acordarme de mucho de lo que ocurrió allí.

Salí corriendo del campo de entrenamiento, no podía presentarme delante de la reina mal oliente a alcohol, así que fui rápido hasta mi habitación en la torre para tomar un baño, cuando salí pasé por su habitación para llevarme la sorpresa que no estaba, no tenía idea que tanto había bebido, ¿en dónde podría estar ella?

Recordé las palabras que había dicho el capitán Bauer luego del interrogatorio, que citaría a los reyes para comentarles acerca de su hallazgo y decirle cuando sería juzgado el criminal, así que el único sitio donde se me ocurría que estarían era en el salón del concejo.

Al llegar estaban las shauri de la reina esperándola afuera quienes hicieron un gesto de desaprobación, junto con los demás guardianes quienes entre ellos empezaron a murmurar algunas cosas cuando me vieron llegar.

Tenía una gran reputación, un novato que se había destacado con rapidez y había subido en las líneas con mucha agilidad, llegar a caballero dorado estaba en promedio de unos cincuenta a ochenta años, Beatriz y yo sobresalíamos de los demás.

Cuando noté que ella ya se encontraba en el salón la llevé a parte haciéndole una seña.

—¿Por qué no me despertaste?

—pregunté furioso.

Mis intenciones no eran quedar mal delante de la reina, sin embargo, al haber llegado tarde no me dejaba en buena posición, mucho menos en buena reputación frente a ella que desconocía por completo quien era.

—No te vi.

—respondió ella.

—Además también tuve que salir corriendo.

La vergüenza me consumía, ¿qué se supone que iba a decirle a la reina?

No era capaz de mentirle en algo como eso, no sabía si preguntaría, pero no deseaba darle muchas vueltas al asunto.

Dejé a Beatriz de lado para juntarme de nuevo con las shauri de la reina, cuando se abrieron las puertas y ella salió, me dio una mirada que no supe interpretar.

Sus shauri tomaron la palabra primero en cuanto llegó, diciéndole su itinerario del día, pero a ella solo le interesaba recorrer los jardines.

Cuando llegamos a uno de los tantos jardines que poseía el palacio, ella miraba maravillada las flores que se encontraban alrededor, hasta que preguntó que pasatiempo podría tener.

Los reyes normalmente se dedicaban a algo diferente que no tuviera que ver con cuestiones políticas para desestresarse de todas sus tareas diarias.

Una de sus shauri le había propuesto jugar al krida[2], si bien era un deporte de inteligencia, era muy rudo para una mujer que a primera vista se le veía delicada.

[2] Juego que consiste en dos equipos compuestos de dieciséis jugadores, el objetivo del juego es derribar al otro moviéndose por el campo, el último de pie gana, un deporte de fuerza y mucha habilidad.

—También puede tocar algún instrumento musical, majestad.

—había sugerido la otra shauri.

—La pintura es ideal para usted, majestad.

—sugerí.

Pero en realidad las palabras habían brotado por si solas, no tenía intenciones de opinar al respecto.

Ante mi sorpresa sus labios rosados formaron una sonrisa, agradeció mucho mi idea, se había entusiasmado diciendo las cosas que pintaría, hasta que alguien le gritó.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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