La diosa de la luna - Capítulo 51
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- Capítulo 51 - 51 Capítulo 23 El despertar_5
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51: Capítulo 23: El despertar_5 51: Capítulo 23: El despertar_5 —Siempre será un honor servirle, majestad.
—respondió Akina y junto a Isobel hicieron una reverencia.
—Mi reina.
—dijo Daniel.
—Durante la fiesta fui un idiota, quiero compensar mis acciones, espero que pueda aceptarme un paseo mañana.
Aries quien estaba aún detrás de mí lo escuché como suspiró muy fuerte, miré a Eriol quien observaba la escena con cuidado desde dentro de la habitación, no había notado que el guardián de Daniel también se encontraba aquí.
Todos observaban y esperaban mi respuesta ante la propuesta de Daniel que me tomó por sorpresa, era un mal momento para pedirme algo como eso, pero con tantas personas no sabía si era capaz de rechazarlo, además, era solo un paseo, no se trataba de un compromiso o eso espero.
—Después de la reunión podría ir.
—dije a modo de afirmación.
Él sonrío ante mi respuesta, hubo un silencio un poco incomodo, hasta que Isobel se acercó a nosotros.
—Ha sido un bello momento, pero majestad debe descansar.
—comentó ella.
Aries y Daniel se despidieron mientras compartían unas palabras entre ellos que no pude entender con sus guardianes detrás de ellos.
Mis shauri se fueron a los pocos segundos felices de que estuviera bien, Eriol, por su parte se quedó en la habitación.
—Deberías ir a descansar también.
—comenté entrando a mi habitación inspeccionando todas las flores.
—¿No es curioso?
—¿Qué cosa, majestad?
—preguntó él.
—Todas y cada una de las flores que están aquí, las vi con detalle en el sueño.
—Un hamu puede controlar sus profundos deseos o miedos, es un poco extraño que aparecieran en ellos estas flores.
—Si, es cierto.
Voltee a mirarlo, lucía un poco impaciente, pero sé que no era por irse, pues ya lo habría hecho cuando le dije que se fuera a descansar, se trataba de otra cosa.
—Majestad, yo quería pedirle… —¡Agatha!
—escuché a alguien gritar desde la puerta.
Quienes salieron no la cerraron, igual estaba dentro de mi habitación Eriol.
Seiko entró casi corriendo y se tiró enrollando sus brazos a mi cuello para abrazarme.
—Seiko, que gusto verte.
—dije.
—Me alegra saber que estás bien, no puedo creer lo que te hicieron.
—dejó de abrazarme, sus ojos se notaban un poco llorosos, el cielo también se había nublado un poco.
—La seguridad del palacio aumentó por eso, están restringiendo las visitas.
—No creo que el hamu haya entrado tan fácil, puede que alguien lo dejara ingresar.
—comenté.
Era algo que no podía sacarme de la mente, recordaba haber dado un paseo por el palacio con Aries, para luego irme a dormir, por lo tanto, el hamu debió entrar a mi habitación con mucha cautela, sin embargo, hubiera sentido su presencia, a no ser que ya estuviera dentro de la habitación para cuando llegué.
—Me siento un poco más tranquila al saber que tu guardián te protegerá estas noches.
—comentó Seiko.
Tanto a Eriol como a mí nos tomó por sorpresa ese comentario de Seiko, no podía decir lo contrario porque quizá comprometería el trabajo de él, si deseaba quedarse o no quería que fuera su decisión.
—¿Tú como has estado?
—le pregunté para cambiar el rumbo de la conversación.
—Muy bien, Agatha, he estado preocupada por ti e Isadora.
—comentó ella con un poco de tristeza.
—¿Por qué?
—pregunté curiosa.
—¿Ya te comentaron sobre las desapariciones?
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