La diosa de la luna - Capítulo 57
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- Capítulo 57 - 57 Capítulo 24 El paseo_5
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57: Capítulo 24: El paseo_5 57: Capítulo 24: El paseo_5 —Espera, Agatha, ¿por qué estás tan molesta?
—preguntó él colocándose enfrente de mí.
—¡Por ti!
—le grité.
—Tú me molestas.
—No entiendo, todo lo que hice en la reunión lo hice por ti.
—Jamás te he pedido que hagas algo por mí.
—Primero te quejabas de que te trataba mal, ahora intento hacer las cosas bien y tampoco te agrada, ¿qué es lo que quieres?
—No, Aries, conmigo no estás haciendo las cosas bien, jamás lo has hecho.
—Ahora entiendo por qué tus padres te abandonaron, eres una ingrata arrogante.
Desde niños tuvimos siempre alguna especie de enemistad, él supo que no tenía padres durante una cena que organizó el palacio donde la familia de los futuros reyes estaba invitada y por supuesto, mi familia no pudo asistir.
Él en su inocencia le había preguntado al sacerdote los motivos, por lo que el sacerdote Uzuai le explicó, incluso ese mismo día supe lo que se sentía no tener familia.
Durante muchos años siempre nos tratábamos mal, en las formas de molestarnos mutuamente con comentarios sarcásticos, insultos poco hirientes, un conflicto entre ambos con una relación muy tensa.
Jamás nos habíamos hecho algún daño físico o verbal… jamás, hasta ese día, donde aprendí que las heridas del alma dejan las marcas más dolorosas.
El día había estado completamente soleado, incluso cuando salí a dar el paseo con Daniel, el sol brillaba con mucha intensidad, era un hermoso día.
De un momento a otro, unas nubes opacaron la luminosidad del día, volviéndolo gris y frío.
Mis ojos fijos quedaron observando a Aries luego de decir aquellas palabras tan filosa como cualquier espada, hirientes, intentaba reprimir las lágrimas, pero no era capaz de hacerlo, por lo que una logró escaparse y con ella la lluvia.
—Agatha.
—dijo Aries con una voz afligida.
Giré para continuar con mi camino, Aries gritó de nuevo mi nombre, pero Eriol se acercó a él, impidiéndole pasar.
Mi deseo más grande era saber que había ocurrido con mi familia, siempre los creí muertos porque así me habían dicho los sacerdotes, pero ahora con las palabras de Aries había plantado una semilla de duda que nunca había considerado, ¿ellos realmente me abandonaron?
Quizá por eso Nina tenía la posibilidad de ir a las fiestas y pasear por el palacio, posiblemente ellos si le hayan dado una buena vida a ella, yo solo deseaba obtener respuestas.
Me senté a mitad del pasillo, en los muros que acompañaban a los arcos del lugar, un pasillo largo cuya salida estaba un poco lejos de donde me encontraba.
Eriol llegó hasta mí, con un paso lento, se sentó a mi lado mirando al lado contrario, dándole la espalda al muro de piedra que tenía enfrente.
Suspiré varias veces conteniendo mis lágrimas, cuando de repente escuchamos un ruido, como un serpenteo.
Eriol se levantó deprisa para saber de dónde venía.
Unas líneas se marcaron en el muro de piedra formando un arco perfecto, las piedras que se encontraban dentro del arco se deshicieron cual arena, dejando ver un pasillo oscuro.
“Aparecerá si los necesitas, una puerta se abrirá ante ti en cualquier lugar del palacio”, habían sido las palabras de Seiko.
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