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La diosa de la luna - Capítulo 59

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  4. Capítulo 59 - 59 Capítulo 25 Omnipresentes_2
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59: Capítulo 25: Omnipresentes_2 59: Capítulo 25: Omnipresentes_2 —Majestad, debe observar esto.

—comentó Eriol.

Se había acercado a una columna que escribía rápido algo sobre el pergamino, al leerlo supe que estaba relatando en momento que me encontraba viviendo justo en ese instante, cada paso, cada gesto lo relataban a la perfección incluso que lo pasaba a mi alrededor.

No debía de acercarme para saberlo, pero las demás plumas relataban la vida de los otros reyes, aunque tuviera curiosidad de hacerlo, sentía que si lo hacía seria como invadir su privacidad.

Observé los rollos, todos y cada uno de ellos tenían un diferente diámetro, pero algo que tenía de diferente al mío, era la cantidad, con solo observarlo podía saber que mi pergamino tenía mucho menos información que los demás.

Temerosa tomé el pergamino del suelo, la pluma continúo escribiendo, caminé para poder desenrollarlo por completo, lo que necesitaba saber había pasado hace muchos años.

Mi sorpresa fue enorme cuando llegué a la punta del pergamino, no se encontraba la caña, esta había sido arrancada con una parte de mi vida.

Solo se mencionaba al bosque de Agnes en una única frase, y ya luego comenzaba a relatar mis primeros días siendo bebé en el templo de Akina, puse mis manos en el papel, se sentía áspero como una lija, pero no tenía polvo en ella.

De manera sorpresiva el pergamino se cerró casi inmediatamente, se escuchó un estruendo proveniente de las estanterías, más allá donde nuestros ojos pudieran observar.

—¿Qué ha sido eso?

—pregunté confusa.

Observé a Eriol como se levantaba lentamente y confundido del piso donde estaba extendido el pergamino, por su gesto lo había tocado al igual que lo había hecho yo.

Ambos nos quedamos observándonos, esperando que algo ocurriera, cuando de nuevo se escuchó aquel ruido.

A lo lejos, detrás de mí pude escuchar un chasquido, no supe que era, pero extendí mis manos hacia adelante contactando con la tierra, la subí para crear un muro alrededor de nosotros, una barrera ante cualquier cosa.

A los segundos sentí que algo impactó en él, al deshacerme del muro, pude notar que se trataba de una flecha que se dirigía a nosotros.

—El sistema de seguridad, debemos irnos.

—dijo Eriol.

Comenzamos a correr en dirección a la misma parte donde habíamos entrado, solo podía preguntarme si la puerta se abriría con ese sistema de seguridad activo.

Corrí más fuerte que Eriol para ser la primera en entrar al pasillo, se escucharon varios chasquidos más, con ellas varias flechas que venía en dirección a nosotros, una de ella aterrizando muy cerca de mí rasgando la punta de mi vestido.

Al ingresar al pasillo se seguían escuchando las flechas lanzarse, con la diferencia que las paredes comenzaron a juntarse, cerrando e impidiendo cada vez más la llegada a la salida, y como temía, la puerta no se había abierto de la misma manera en la que habíamos entrado.

Lo deseaba, con todas mis fuerzas salir de ahí antes que quedáramos aplastados por los muros del pasillo, podría tener vida hasta los doscientos años, pero estaba segura de que no había manera de seguir viviendo luego de una muerte tan horrible como esa.

Recorrí con mis manos todo el muro que teníamos enfrente, lo que podía recorrer con los otros cerrándose poco a poco, por lo que decidí usar mis poderes.

Puse mis manos en el muro, intentando clavar mis dedos en ella, poco a poco comencé a tirar para separar los muros, con eso comenzamos a ver la salida en una parte del palacio que no logré reconocer.

Empujé de ellas tan fuerte me era posible, por alguna razón no me era fácil controlarlas.

El control sobre el agua es mucho más suave, liviana que la tierra, pero está puede ser llevadera y un poco compleja de manipular, pero con el tiempo se vuelve dócil al tacto, sin embargo, con estos muros era diferente, se sentían pesados, fuertes y rígido.

Eriol atravesó corriendo la brecha que había creado, tropezándose con mis pies para caer al suelo con el desespero que teníamos por salir, me lancé hacia delante cuando de un solo golpe la brecha que había abierto se cerró abruptamente, cayendo encima de Eriol.

—Lo siento.

—dije, levantándome.

—Fue mi culpa que la seguridad se activara, perdóneme, majestad.

—respondió él también levantándose.

—¿Cree que alguien note lo que ocurrió?

—Lo dudo, el lugar, aunque se ve resguardado, se nota que nadie entra allí.

Además, el sistema se activó después que tú lo tocaras, quiere decir que es casi imposible que alguien ajeno a la realeza pueda ingresar.

—Lamento que no pudiera encontrar lo que necesitaba.

—De todas formas, no estaba.

—respondí con resignación.

—¿Qué quiere decir?

—Alguien arrancó un pedazo de mi pasado.

Y ojalá mis conclusiones sean erróneas, pero creo que ha sido uno de los reyes.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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