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La diosa de la luna - Capítulo 6

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  4. Capítulo 6 - 6 Capítulo 5 El consejo
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6: Capítulo 5: El consejo 6: Capítulo 5: El consejo El atacante era un lyarmis, lo habían encontrado en una taberna en el pueblo jactándose de haberme herido de gravedad, los mismos habitantes se encargaron de denunciar estas palabras ante el ejército, donde fue apresado inmediatamente.

Interrogado por varias personas, entre ellos Eriol, se negaba a dar información, desconocíamos si había actuado por voluntad propia o si alguien lo había contratado, pero lo principal, ¿por qué?

¿Por qué atacarme?

Si bien es cierto que los reyes siempre tienen sus enemigos, nuestro reinado apenas iniciaba para ganar enemigos tan rápido, quizá de los anteriores reyes, o posiblemente tenga otros motivos.

El hombre quedó encerrado en los calabozos de la torre isla, esperando un juicio correspondiente a sus actos y una sentencia, de eso se encargaría ya el consejo.

Decidí irme a dormir, para tranquilizarme de ese día complicado, aunque recién tomaba la corona, tenía una agenda muy ocupada por cumplir.

Un poco antes de que saliera el sol mis shauri estaban rondando en mi habitación preparándome el baño del día y la ropa que usaría, era mi primera reunión oficial con el consejo, por lo que debía verme presentable.

Cuando se hizo la hora, caminé hacía el salón del consejo, un par de minutos más tarde escuché como mis shauri susurraban cosas entre ellas.

—¿Qué sucede, señoritas?

—pregunté, por lo que se quedaron calladas.

Cualquier tipo de rumor sobre mí o sobre cualquier otra persona del reino me interesaba saberlo, no era por morbo, sino que si la gente lo hablaba era por dos razones, porque era cierto o porque alguien se beneficiará de qué sea cierto.

Al notar que no respondían, detuve mi paso, volteé a mirarlas.

Una de las cosas que sabía que decía la gente de mí, es que me consideraban una persona gélida y distante con los demás.

—Majestad, es el señor Gerlaria.

—comentó Isobel.

—¿Qué ocurre con el señor Gerlaria?

—pregunté.

—Majestad, aunque el palacio sea un lugar seguro, su guardián debe estar con usted en cualquier momento.

—dijo Akina.

Ella conocía muy bien cuales eran los movimientos de los caballeros, el palacio, el consejo, e incluso los reyes, al ser hija de uno de los anteriores reyes, supongo que habrá pasado sus días recorriendo en el palacio, conociendo personas e inclusos labores o funciones.

—Y no se encuentra aquí.

—dije.

—No solo eso, majestad.

—dijo Isobel.

—Se dice que los caballeros hicieron una fiesta a quienes fueron elegidos guardianes.

—¿Una fiesta?

—Si, eso siempre ha sucedido, aunque el capitán trata de erradicarlos, no ha sido posible.

—comentó Akina.

—Muy bien, entonces con eso podemos intuir que el señor Gerlaria no nos acompañará el día de hoy.

De todas formas, es una persona igual a ustedes o a mí.

—Majestad, él juró protegerla, es lo que debe hacer.

—protestó Akina.

—Lo sé, señorita Chalot.

Esperemos a que vuelva.

Continuamos nuestro camino hasta que llegamos al salón del consejo, allí estaban la mayoría de los concejales, sacerdotes y reyes.

Mientras era reginor una vez al año participaba en las reuniones del consejo, con la única regla de no opinar, solo escuchar y observar.

Pero ese día iba a ser diferente, ya que podía tener la potestad de poder opinar sobre las situaciones en Hirina, aunque fuera una región muy pacifica, siempre había algo de criminalidad que discutir, como, por ejemplo, lo que ocurrió el día de la coronación.

Las puertas se abrieron, mientras entraban el rey Atlas y el rey Aries, quienes tomaron sus correspondientes asientos.

Diferente como era cuando asistimos hace un año atrás, que nuestros puestos eran a un lado de los sacerdotes dejando los tronos que ahora ocupamos vacíos, escuchando atentamente a las deliberaciones que se hacían, con muchas ansias de querer participar activamente, pero sin poder hacerlo, las cosas eran diferentes ahora, nos encontrábamos frente a ellos, en los tronos con una vista alrededor de casi toda la sala en donde se podía observar a todos los presentes.

La reunión comenzó con el ataque ocurrido el día de ayer, los concejales compartían algunas ideas y/o teorías de quien podría ser aquel sujeto o a que clan podría pertenecer teniendo en cuenta las amenazas recibidas al reino en los últimos meses, la mayoría de los clanes que ellos mencionaba todos se conocían en su totalidad, a excepción de uno que mencionó el concejal Dunnes de Kisha.

—¿También han investigado al clan de los hijos del caos?

—preguntó.

En la sala se sintió una tensión en el aire al pronunciar esas palabras y quedó en silencio por unos segundos, pude sentir como unas miradas de algunos cuantos recaían en nosotros esperando una reacción.

Entre todos mis estudios sobre política y conflictos, era la primera vez que escuchaba nombrar ese clan, sin embargo, puede ser que haya omitido algo en mis estudios, y quizá los otros reyes hayan escuchado acerca de ellos.

—¿Cuál ese clan, concejal Dunnes?

—preguntó la reina Seiko.

Con esa pregunta pude entender que no solo era la única que no sabía la existencia de ese clan, pensé que posiblemente se tratara de un clan que había surgido hace poco y que sus amenazas hayan tenido un gran peso en el reino para que sea nombrado como una teoría de un simple ataque, pero la inquietud de los presentes dejaba en evidencia que quizá ese no fuera el caso, el nerviosismo de algunos ante la pregunta de Seiko fue muy evidente, sin embargo, dejaron de lado no solo la pregunta de ella, sino también del concejal.

La primera reunión de los concejales oficial no hubo mucha relevancia ya que se carecía de información del atacante, solo exceptuando su nombre y sus poderes, pero incluso en los registros no figuraba incluso su nombre o algún pasado asociado al hombre.

El capitán Bauer concluyó la reunión diciendo que seguirá investigando para obtener información para la deliberación que se hará dentro de dos días para conocer la sentencia del hombre, ya que en esta ocasión no se había llegado a un acuerdo.

Al salir, todos los guardianes de los demás reyes se encontraban esperándolos, junto con sus shauri.

Isobel y Akina me esperaban junto con un Eriol un poco avergonzado, pasé al lado de ellos y empezaron a seguirme, pensaba que quizá el tomaría la palabra para disculparse, pero no hubo tal situación, sin embargo, debía de decirle algo, una de las cosas que más aprendí y que no solo el sacerdote Uzuai se encargó de qué las aprendiera, sino muchas personas, es que los demás reconozcan su posición y no permitir que alguien pase por encima de ti, sin importar quien sea.

—Majestad, en un rato tiene la reunión con los demás reyes para organizar el festival de la cosecha.

—comentó Isobel.

—Y los sacerdotes luego de la reunión le solicita una revisión de sus poderes.

—Majestad, debe de cambiarse de vestido para la reunión con los reyes.

—dijo Akina.

—¿Hay un espacio para que pueda recorrer los jardines?

—pregunté.

Entre tantas tareas y cosas pendientes, una de mis actividades favoritas era visitar el jardín, me traía mucha paz y serenidad caminar entre las flores, uno de mis mayores deseos es caminar descalza solo para saber que sensación traería el contacto de mis pies con la grama del jardín.

Desde pequeña he tenido mucha fascinación por la naturaleza y los animales, mientras estuve en el templo lamentablemente solo podía observar el bosque que es encontraba en la parte de atrás y siempre contemplándolo a lo lejos, hasta que un día intenté entrar en él, pero no fue la mejor idea.

Ahora que poseía más tiempo para mí, que mi tiempo lo manejo a mi gusto y de acuerdo con mis actividades, tener un pasatiempo podría ser lo ideal, supliendo las horas que dedicaba a entrenar, ya que no lo iba a necesitar más, ese tiempo sería ideal reemplazarlo por algo más, pero ¿qué sería buena idea?

—Señoritas, ¿qué pasatiempo sería ideal tener?

—pregunté para tener ideas de qué pudiera llamar mi atención.

—Puede practicar algún deporte, majestad.

—sugirió Isobel.

—El krida es un deporte muy popular entre los jóvenes.

—También puede tocar algún instrumento musical, majestad.

No quería un pasatiempo que necesitara un gran esfuerzo físico, por el contrario, deseaba algo que me relajara, aunque las ideas de ellas eran buenas, no era algo que llamase mi atención.

—La pintura es ideal para usted, majestad.

—sugirió Eriol a espaldas de mis shauri.

Ellas voltearon a mirarlo.

Nunca había pintado en mi vida, pero me causó mucha curiosidad el poder recrear algo con mis manos a través de un instrumento, que incluso muy bien cuidado puede durar mucho tiempo.

Durante la historia hubo muchos reyes que dedicaron su vida a otras cosas, algunos escribieron libros, otros practicaron deporte como había dicho Isobel, otros incluso cazaban, aunque con los años y con ayuda de los reyes de la tierra y la luna fue prohibido esa actividad aún más para un rey, el punto es que todos son distinguidos por algo, por cambiar las cosas o por destacar en algo.

—Si, muchas gracias, señor Gerlaria.

—agradecí.

—Pintar flores o paisajes, es excelente.

Señoritas, en cuanto puedan consigan implementos de pintura, ¡un libro!

—De acuerdo, majestad.

—respondieron casi al unísono.

—¡Majestad!

—gritó alguien detrás de mí.

Una mujer se apresuró a venir corriendo hasta donde nos encontrábamos en el jardín.

Eriol se puso en su camino interfiriendo su paso, su rostro lo reconocí inmediatamente.

—Señorita Nina.

—dije en modo de saludo, además para que Eriol la dejara pasar.

—Se ve muy hermosa, su majestad.

—respondió ella.

—Muchas gracias, tú igual luces muy bien.

El lila hace resaltar su piel y su cabello.

El vestido dejaba ver un poco sus hombros, en él tenía un lunar casi del tamaño de su pulgar.

Usaba guantes blancos a la altura de sus codos, muy bien vestida para no decir quién es su familia, pero a simple vista por su vestimenta daba a entender que su familia poseía buena posición.

Sus mejillas adquirieron un tono rosado ante mi comentario.

—¿Le gusta mucho ver las flores?

—preguntó ella.

—Así es, me traen mucha tranquilidad.

Puedo sentir mucha vida aquí.

—le respondí.

—A mí también me gustan, llevan de vida cualquier espacio.

Pero, es una pena que no haya auroras[1].

[1] Flores pequeñas de cinco o seis pétalos que se unen a través de un único tallo creando una esfera casi perfecta.

Crecen en largos tallos que pueden medir hasta un metro.

Las auroras son flores muy extrañas, pero muy hermosas a una flor dentro de otra flor, una de las cosas más fascinantes de la flor es que de acuerdo con la cantidad de sol recibida puede ir de una tonalidad blanca hasta roja.

Extendí mi mano hacia un lado, hice unos círculos con mis dedos, poco a poco en la tierra fue emergiendo un tallo que con mis movimientos iba creciendo rápidamente hasta convertirse en una aurora con una tonalidad rosada por el sol que recibía.

—Tómala, un obsequio de mi parte.

—dije señalándole la flor.

Su rostro se iluminó cuando la vio crecer, delicadamente arrancó la flor del tallo, que murió poco después.

—Muchas gracias, majestad.

—dijo con mucha ilusión.

—Sus poderes son realmente extraordinarios.

—¿Y tú tienes poderes?

—pregunté curiosa.

Pues, es normal que entre la población haya mucha gente que no posea algún tipo de poder.

—No, majestad, no poseo ningún poder.

—dijo agachando su cabeza.

—Majestad, lamento mucho interrumpirla, pero debe ir a vestirse.

—comentó Akina.

—Feliz tarde, señorita Nina.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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