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La diosa de la luna - Capítulo 61

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  4. Capítulo 61 - 61 Capítulo 27 La cabaña
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61: Capítulo 27: La cabaña 61: Capítulo 27: La cabaña No teníamos pruebas para incriminar a alguien sobre el mal uso de aquella información, pero, sobre todo, todavía no sabía con certeza quienes podían ingresar al salón de los omnipresentes, hasta ahora la única conclusión que podría obtener era que alguien ajeno a la realeza pudiera ingresar, pero puede ser que los sacerdotes, los concejales o los hijos de los antiguos reyes tengan la posibilidad de entrar a esa sala.

Por alguna razón al abrir la puerta salimos en un área del palacio al que nunca había accedido, un pasillo cerca a la entrada a los calabozos.

Nos quedamos allí contemplando la vista al mar que teníamos en completo silencio, como intentando descifrar cada cosa que acababa de ocurrir, todo había pasado muy rápido sin la posibilidad de poder considerar las cosas, todo con un acto muy compulsivo.

Primero me sentía herida con las palabras que Aries me había dicho, ahora me encontraba más confundida que nunca.

La única manera que podía conectar a Daria Odola con Agnes, es el hecho de que la mansión Odola está ubicada con Agnes, del resto no entendía que otra conexión pudiera existir, pero mi mayor inquietud era ¿qué tan importante estaba allí escrito como para arrancar mi pasado?

¿Quién pudo haberlo hecho?

Le conté a Eriol sobre lo que había visto en el pergamino, además acerca de mis inquietudes, pero más me causaba ansiedad el simple hecho que era capaz de confiar en él a ciegas, le podía decir las cosas tal cual las pensaba o las creía y era algo que me daba cuenta mucho después de decirle las cosas.

—Mi padre… —comenzó a decir Eriol.

—Mi padre vive en Agnes.

Sus palabras fueron muy suaves, casi como si hubiera planeado lo que iba a decir, lo miré con sorpresa, recordando lo que me había dicho el sacerdote Uzuai cuando me explicaba acerca de los guardianes: “la conexión puede ser del pasado o del futuro”.

No le respondí, puesto que no sabría que decirle.

Ir a visitar a Agnes sin una buena razón no era buena idea, teniendo en cuenta además con la condición de que me colocaron con lo que había sucedido en la mansión Odola.

—¿Cree que podamos ir a visitarlo?

—preguntó Eriol.

Podría ser una buena idea, pero no sabía que tan factible sea solicitarlo y que así nos acompañen varios caballeros a nuestra pequeña visita, pero sobre todo, como se sentiría el padre de Eriol al ver llegar a la reina de la luna sin previo aviso a su casa, así fuera acompañado por el hijo, no me encontraba muy segura de ello, no quería cometer otro error, esta vez no podía seguir una pista sin mucha información al respecto, aun así, Eriol se veía un poco emocionado al observar mi reacción ante su pregunta.

—¿Cuánto tiempo tienes que no lo visitas?

—le pregunté para saciar un rato mi curiosidad.

Eriol era una persona reservada con sus cosas, por el contrario, a mí con él.

Me empezaba a generar curiosidad el saber cómo era él, como es su vida, lo que piensa, como actúa, que siente, me preguntaba si el sentía lo mismo que yo al no poder guardarme nada y querer compartirlo todo con él.

—Hace muchos años, majestad, no es que tengamos una buena relación.

—confesó luego de unos segundos meditando su respuesta.

—Ir a visitarlo sería buena idea.

—respondí por fin a su pregunta.

—Pero, con lo que ocurrió en Odola, no creo que nos dejen salir tan fácil.

—Usted puede arreglarse, majestad, que yo me encargaré del resto.

—dijo para luego irse corriendo.

Tuve un sentimiento extraño cuando se fue casi sin previo aviso, dejándome allí sola contemplando mi vestido con lo que me había dicho, se encontraba sucio y rasgado, sentir de nuevo el sentimiento de soledad en mí era como un viejo amigo, que sabes cuando se iba, pero jamás sabías cuando volvería, sin embargo, aunque me la llevaba bien con Eriol, la sensación de soledad me reconfortaba mucho.

Un par de horas más tardes, estaba con mis shauri organizándome el cabello.

Estaba acostumbrada de ver siempre a Eriol con su uniforme, pantalones negros planchados con la línea dorada a un costado, su cinturón que cargaba su espada, camisa blanca de seda con botones dorados, guantes de cuero negro y una gabardina negra larga que llega casi a sus tobillos con bordados dorados intrincados en ella, en su pecho el distintivo de su servicio a la luna.

Aunque su vestimenta, cuando entró a la habitación seguía siendo impecable y elegante, no tenía puesto el uniforme, iba vestido con pantalones de vestir con una camisa de botones que dejaba ver sus antebrazos y su cicatriz en su brazo derecho que iba desde el cuello hasta su muñeca, a la altura de su pecho llevaba un broche con la forma de una espada.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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