La diosa de la luna - Capítulo 62
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- Capítulo 62 - 62 Capítulo 27 La cabaña_2
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62: Capítulo 27: La cabaña_2 62: Capítulo 27: La cabaña_2 Escuché a mis shauri soltar un suspiro cuando lo vieron entrar, mi vestimenta no era ostentosa, con una visita al padre de mi guardián, quería algo mucho más cómodo, por lo que había optado por un vestido suelto sin mangas en tonos claros.
Salimos de la habitación, acompañada por mis shauri, a quienes les había pedido que se fueran a sus hogares ya que no requeriría de sus servicios más tarde, ya que, aunque planeaba regresar el mismo día, regresaría tarde, teniendo en cuenta que había cumplido con todo lo que dictaminaba mi agenda.
—Es extraño verte sin el uniforme.
—puntualicé al rato de quedarnos solos.
—Así me siento sin usarlo.
—dijo.
—Pero con mi padre, es mejor ir así.
Esto último lo dijo con un tono de voz bajo, que casi no pude distinguir sus palabras, con eso quizá puedo entender que la relación entre su padre y él no era muy buena, así como había mencionado, sin embargo, me causaba curiosidad saber porque quería visitarlo, ya que él había sugerido esta idea.
—Conseguí dos soldados que nos acompañarán a la visita, accedieron sin realizar muchas preguntas y también les pedí que fueran sin uniformes, ya que no es algo oficial.
—comentó Eriol.
Solo asentí ante sus palabras.
Caminamos hasta la entrada principal del palacio, allí nos esperaban dos caballeros, a quienes reconocí de la mansión Odola y el festival de la cosecha, Veora y Cyrus, ambos iban vestido de manera muy casual, el caballero de seguridad de la entrada los observaba muy extraño ya que no portaban sus uniformes, aun así, no mencionó algo al respecto y abrió las puertas.
Mientras caminábamos a la mitad del puente donde se era permitido abrir los portales, Eriol me explicó cuál era su idea cuando le mencioné el bosque de Agnes, su padre era un buen conocedor de la zona y las personas que allí vivieron, por lo que posiblemente pueda contarme algo al respecto de la familia Odola.
Al llegar al punto permitido, Eriol sacó del bolsillo de su pantalón el polvo apertio y lo utilizó para abrir el portal.
Al cruzarlo lo que nos recibió fue el bosque, al cerrarse el portal nos permitió ver una cabaña que teníamos enfrente, salía humo de la chimenea, tenía unos caballos en la casa con dos berlcor corriendo por el lugar, quienes apenas sintieron el olor de Eriol llegaron corriendo hasta donde él se encontraba, me parecía asombroso que aquellas criaturas lo hayan reconocido, ya que él decía que hacía mucho tiempo no veía a su padre.
Caminamos hasta llegar a la puerta de la cabaña, al otro lado pudimos escuchar a alguien corriendo, acomodando algunas cosas y algunas otras cayéndose, pero lo que más llamaba la atención era el agradable aroma que desprendía el lugar a pan recién horneado, recordé las palabras de mis shauri cuando les pregunté acerca del padre de Eriol, ellas decían que hacía uno de los mejores panes de toda Hirina.
Un hombre con una apariencia física cerca de los cuarenta años abrió la puerta con prisa, sin tan siquiera tocarla, el hombre miró perplejo a Eriol con sus ojos llorosos, lo tomó de un brazo y tiró de él para poder darle un abrazo.
Los demás solo nos quedamos observando la escena sin palabras.
Al soltar del abrazo a su hijo, fue que nos dedicó unas miradas a nosotros, al verme a mí soltó un pequeño grito casi inaudible e inmediatamente realizó una reverencia, lo que me causó mucha gracia, ya que tenía algunas actitudes que no había visto en Eriol, pero, sin embargo, su parecido físico era realmente impresionante, sus ojos y cabello era idénticos.
—Mi reina.
—dijo el hombre.
—Hijo mío, ¿por qué no me avisaste de la visita?
—Lo lamento, padre, fue todo muy imprevisto.
—respondió Eriol.
Eriol nos presentó a su padre Drago Gerlaria, quien alguna vez fue el mejor panadero que pudo tener Agnes, pero que hacía un par de años se encontraba retirado y vivía de los ahorros de su vida además de algunas emas que Eriol le enviaba con su salario de guardián real.
Nos invitó a pasar a su hogar, piso de madera, muebles que parecían hechos por él mismo, pero lo que más caracterizaba al hogar, era lo acogedora y hogareña que se sentía, incluso con el inquietante parecido a la cabaña con la que había soñado.
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