La diosa de la luna - Capítulo 64
- Inicio
- Todas las novelas
- La diosa de la luna
- Capítulo 64 - 64 Capítulo 28 El vacío
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
64: Capítulo 28: El vacío 64: Capítulo 28: El vacío Agradecí el gesto de Drago por recibirnos sin avisar, pero sobre todo por contarnos esa historia.
Quería regresar a casa para pasar el amargo sabor de lo que acababa de descubrir en mi soledad, me sentiría mejor así.
—¿Quiere dar un paseo?
—preguntó Eriol mientras salíamos de la casa.
—¿Crees que sea buena idea?
No tenía conmigo mi capa, mi idea principal era no desviarnos del camino para poder llegar a casa sin problemas.
Él notó mi indecisión, entró a la casa de nuevo, cruzó algunas palabras con su padre para luego salir.
—Mi padre puede prestarnos los caballos.
—comentó él.
—Quiero que se distraiga, majestad.
Accedí con muchas inquietudes, pero me llamaba la atención de dar un paseo, aunque prefería estar en mi habitación, no sería mala idea de conocer un poco a los alrededores de Agnes.
Eriol me ayudó a subir al caballo y luego se subió él, Veora y Cyrus en otro.
Comenzamos a andar por los alrededores del bosque, se sentía mucha calma, el cantar de las aves tranquilizaba mucho, el aire se sentía menos denso estando dentro del bosque.
—Me gustaba hacer esto cuando vivía con mi padre.
—comentó Eriol.
—Me ayudaba.
—Señor Gerlaria, cuando necesite permiso para venir a visitar a su padre, es solo que me lo pida.
Drago se veía bastante emocionado cuando vio a su hijo, pero Eriol no sentía la misma emoción al verlo.
—No se preocupe, majestad.
—respondió él.
—No es algo que le pediría.
—¿Por qué no?
La pregunta era más para conocer cómo me respondía que por curiosidad, quería saber si se sentía igual que yo cuando hablaba con él, pero, sobre todo, porque quería conocer a mi guardián, la persona que estaría a mi lado por muchos años.
—Mi madre falleció un par de años antes que me uniera al ejército.
—comentó él suspirando.
—Mi padre comenzó a ausentarse muy seguido por culpa de la bebida.
Ese día entraron unos mercaderes a la casa, buscando algo valioso que vender, mi padre no estaba, empezaron a saquear la casa, intenté detenerlos, pero tenían armas que jamás he visto en mi vida.
—hizo una pausa corta, se le escuchaba herido.
—Con esa arma causaron esta cicatriz, extraño para un renatis.
En vista que ellos me habían herido, mi madre se enfrentó a ellos, lo que le costó la vida.
—Lo lamento mucho, Eriol.
Mis palabras fueron sinceras, él conoció a su madre y tristemente la vio morir, sin duda la tragedia nos persigue a todos a donde quiera que vayamos.
Con eso podía entender porque era lejano con su padre, lo culpaba por la muerte de su madre, por eso aquellas palabras que le había dedicado en la mansión Odola con la muerte de Kamil habían hecho un impacto en él.
Seguimos el sendero en silencio, poco a poco se iba alzando ante nosotros una casa enorme, con una reja se separaba el sendero de ella.
La mansión Odola, fueron pocos minutos desde la cabaña de su padre hasta la mansión.
Todos la observamos en silencio, cada uno con las memorias que aquí dentro pasaron, Veora salió lastimada, Eriol perdió a un amigo, a ninguno le daba buen sabor estar allí.
—Vámonos.
—le pedí a Eriol.
—De acuerdo, regresemos los caballos y nos vamos al palacio.
—respondió Eriol para todos.
El retorno fue mucho más silencioso, sin embargo, se escuchaba un galopar lejos de donde nos encontrábamos, que cada vez se empezaba a ser más fuerte, se acercaba a nosotros, solo había un único camino, por lo que, al ir más rápido, más rápido nos los encontrábamos.
—Estén atentos.
—dijo Eriol dirigiéndose a los demás.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com