La diosa de la luna - Capítulo 65
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- Capítulo 65 - 65 Capítulo 28 El vacío_2
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65: Capítulo 28: El vacío_2 65: Capítulo 28: El vacío_2 Una carroza guiada por dos caballos se acercó a nosotros, de ella desprendía un olor nauseabundo.
La carroza tintineaba con todas las cosas que llevaban en ella, bajaron cinco hombres de ella, llevaban harapos como ropa, llevaban cuchillos en sus manos, uno de ellos era un lyarmis quien hizo de energía una espada.
—Vaya, pero que chicas tan lindas.
—dijo uno de ellos observándonos a Veora y a mí.
No podían reconocernos como pertenecientes al palacio, ellos no llevaban sus uniformes, ni mi corona, empecé a sentir miedo por lo que pudiera ocurrir, solo pensaba lo peor con todas las cosas que había vivido, ¿quién quiere hacerme tanto daño?
—Pero que lindo paseo de parejas, ¿no lo creen?
—comentó otro.
—Váyanse, no tenemos nada de valor para ustedes.
—dijo Eriol.
El caballo se había tornado inquieto, relinchaba mucho, Eriol hacia todo lo posible por calmarlo y mantener la calma ante la situación.
—Yo no diría eso.
—dijeron acercándose a nosotros con los cuchillos.
—Buscamos una esclava para la venta, una muy hermosa.
—No se atrevan a tocarla.
—dijo Eriol apretando sus dientes.
Uno de ellos hizo un ademán para atacarnos, cosa que asustó al caballo, este se encabritó, tumbándonos a Eriol y a mí en el proceso, cosa que ocurrió con el otro donde iban Veora y Cyrus.
Los mercaderes se acercaron para atacarnos, dos de ellos se acercaron a mí tomándome por ambos brazos para arrastrarme hacia su carruaje, vi a Eriol tocar su pecho sacándose su broche quien al empuñarlo creció para convertirse en una espada.
Teniendo mis manos libres, hice círculos con ella, ramas salieron del bosque enrollando los pies de quienes me tenían sujetada, para luego poder alzarlos hasta la copa del árbol más alto.
—¡Es una descendiente!
—escuché gritar a uno.
Eriol se enfrentaba con el lyarmis, mientras que Cyrus y Veora se enfrentaban a otros dos, uno de ellos se intentó lanzar sobre mí, pero Veora lo detuvo antes que pudiera llegar.
Puse mi manos hacía adelante, empecé a juntarlas poco a poco, a medida que lo hacía, el lyarmis que atacaba a Eriol fue cubriéndose de tierra sólida hasta quedar inmovilizado, él se acercó a mí corriendo.
—Vete.
—me dijo cerca de mí.
—No quiero huir, no te quiero dejar solo.
Escuchamos unos quejidos detrás de nosotros, Veora y Cyrus estaban en el piso, los dos mercaderes que estaban con ellos se abalanzaron a nosotros, de la copa donde había alzado uno de ellos cayó al piso.
Uno de ellos se lanzó sobre Eriol, quien detuvo el golpe con la espada sobre su rostro, los otros dos se acercaron a mí para enfrentarme con los cuchillos, retrocedía poco a poco, no sabía que hacer o cómo reaccionar, no podía utilizar agua puesto que no tenía lugar de donde extraerla para usarla, solo podía contar con la tierra.
En un instante, Eriol giró a ver si todavía seguía ahí, sus ojos se abrieron cuando el cuchillo atravesó su abdomen, sé que grité su nombre lo más fuerte que pude, pero no fui capaz de oírlo, intenté correr para donde estaba él, no me había dado cuenta de que había comenzado a llover con mis lágrimas.
Me tomaron con fuerza para llevarme a su carruaje, lejos de Eriol, lejos de Veora y Cyrus, lejos de todo, sentía mucha ira con todo lo que había ocurrido, tan rápido que no me dio tiempo de pensar con claridad, pero tan lento que podía vivir cada fragmento en mi mente una y otra vez.
Ira de que mis padres me abandonaran, de que me oculten cosas importantes para mí, de la imposibilidad de saber realmente quien soy, de que siempre me ocurran cosas malas, de que todos a mi alrededor siempre salgan heridos.
—No los mates.
—dijo uno de ellos a quien se encontraba cerca de Eriol y que con su espada planeaba clavársela en la espalda.
—Serán ellos quienes pedirán una jugosa recompensa.
¿Soy solo eso para los demás?
¿Un trofeo que reclamar?
Estaba segura de que nadie estaría conmigo por querer, todos aquellos que buscaban algo de mí siempre será por algún interés, Aries quizá tenga razón, mis padres nunca me quisieron, quizá solo deba dejar de buscar algo que solo me ocasiona más daño.
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