La diosa de la luna - Capítulo 66
- Inicio
- Todas las novelas
- La diosa de la luna
- Capítulo 66 - 66 Capítulo 28 El vacío_3
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
66: Capítulo 28: El vacío_3 66: Capítulo 28: El vacío_3 Ese sentimiento, era la primera vez que lo experimentaba, me sentía resignada, triste, me sentía vacía.
A lo lejos pude ver como uno de ellos tomaba la cabeza de Eriol, la alzaba para observarlo y burlarse de él, grité con todas mis fuerzas, después del grito escuché un estallido sordo, sentí como algo se desprendió de mí en cuestión de segundos.
Apreté mis ojos con fuerza, solo quería desaparecer de ahí.
Me comencé a sentir liviana, no sentía el peso de mis captores arrastrándome por el sendero lleno de fango.
Cuando abrí mis ojos, ya no estaban mis captores, ni el sendero, a mi alrededor, solo se encontraba un círculo negro, poco a poco fue desvaneciéndose su color para encontrarme en un hueco lleno de tierra completamente sola, no era lo suficientemente hondo, por lo que podía salir de él dando solo un paso.
El mercader que estaba a un lado de Eriol, soltó la espada, en su rostro se veía una expresión de asombro y miedo, tanto que gritó y salió corriendo despavorido del lugar, el lyarmis que estaba entre la tierra también me observaba con miedo, sin embargo, decidí soltarlo, al igual que el otro mercader que había subido, ambos salieron huyendo del lugar.
Comencé a escuchar un ruido que provenía dentro del bosque, unas piedras comenzaron a rodar por si solas hasta llegar a mis pies.
Se empezaron a unir unas a otras hasta formar un ser de piedras, con sus hombros y cabeza llenos de musgos, y en la corona de su cabeza algunas flores.
—Creí que estaba equivocado.
—dijo él, su voz se escuchaba suave muy por el contrario como era su aspecto físico.
—¿Quién eres?
—pregunté sorprendida.
Recordé los estudios que había hecho sobre las criaturas que habitan en Hirina, pero no recuerdo que alguna vez los libros hayan mencionado a un ser lleno de piedras, él volteo a mirar el hueco que había hecho el estallido de hace un momento, con un suave movimiento de sus manos de piedras manipuló la tierra para que el hueco quedara cubierto de nuevo.
—Así está mejor.
—comentó él.
—¿Cómo hiciste eso?
—pregunté asombrada.
El ser descendiente de una diosa implica ser la única capaz de manipular los elementos.
Seiko manipulaba el agua y Atlas la tierra, por lo que yo podía manipular ambos elementos, por otra parte, Daniel el fuego e Isadora el aire, Aries ambos elementos, somos los únicos en toda Hirina capaces de controlarlos, o eso creía hasta ver a esta criatura rellenar aquel agujero.
—¿No me conoces?
—preguntó sorprendido.
—No, lo lamento.
—respondí.
Él suspiró, dio unos pasos para acomodarse que hicieron temblar el piso para luego sentarse frente a mí, lo sorprendente no solo era que a partir de rocas se hubiera creado, sino que incluso tenía la capacidad de gesticular.
—Mi nombre es Terla, soy el protector de los bosques.
—comentó él.
—Fui creado por la diosa Amaris.
—Eso explica por qué puedes manipular la tierra.
—dije.
—Pero no lo entiendo, jamás se ha hablado de ti.
—A lo largo de los años los reyes han ido olvidando mi existencia, hace muchísimo tiempo que no me presentaba ante un descendiente.
—¿Y por qué lo haces ante mí?
—pregunté curiosa.
—Amaris me pidió que lo hiciera, pero tardaste mucho en llegar.
—¿Qué?
—dije confusa.
—¿A qué te refieres?
¿Y cómo sabes que soy yo?
—Tu poder, es único, diferente a cualquier descendiente que haya existido.
—respondió señalándome.
Observé mis manos y mi sorpresa fue grande cuando noté mi mano derecha estaba completamente negra a la altura de mi codo con unas líneas negras que subían en dirección al hombro, ahogué un grito de la impresión, jamás me había ocurrido algo como eso.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com