La diosa de la luna - Capítulo 67
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- Capítulo 67 - 67 Capítulo 28 El vacío_4
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67: Capítulo 28: El vacío_4 67: Capítulo 28: El vacío_4 —No te preocupes, pasará pronto.
—respondió él.
—¿Cómo lo sabes?
—Todo es efímero, majestad, hasta la vida misma.
—comentó con una gran sonrisa.
—Amaris me dijo que te advirtiera sobre el peligro que puedes sufrir, debes cuidarte mucho.
Me necesitan en otro lado, cuando desees hablar conmigo, solo entra a un bosque, bastará con solo mencionar mi nombre.
—Espera… —dije, pero no alcanzó a escucharme, las piedras que se habían amontonado para formar su cuerpo rápidamente se cayeron, ya no se encontraba allí conmigo.
Observé a lo lejos a Eriol, quien todavía estaba tirado en el suelo inconsciente, por lo que corrí hacia él.
Al cabo de un rato él se comenzó a quejarse a mi lado, su herida empezaba a sanar, estaba casi cerrada cuando sus ojos se abrieron, y al verme, retrocedió un poco.
—Majestad, ¿qué le pasó?
—preguntó casi gritando.
—Su ojo está negro al igual que una parte de su cabello.
Tomé la espada de Eriol y con el reflejo me observé, mi ojo derecho completamente negro con las mismas líneas negras del brazo saliendo del ojo, mi cabello tenía varios mechones igualmente negros.
No sabía que me había pasado, no lo entendía, pero estaba bien, nada me dolía y estaba estable, además Terla lo había llamado un poder o al menos eso creí, en ese momento solo me importaba el bienestar de Eriol.
Observé a Veora ayudando a levantar a Cyrus, alejados un poco de nosotros.
—¿Qué ocurrió?
—preguntó.
—¿Cómo te sientes?
—pregunté ya que no sabía cómo responder a su pregunta.
—Bien, ya está curado, pero aún siento el dolor.
—Creo que debemos volver al palacio.
—comenté.
—¿Está segura de volver… así?
—¿Tan mal me veo?
—pregunté.
Él se sonrojó un poco ante mi pregunta, puesto que no quería que los demás realizaran preguntas incomodas que ni siquiera tenía idea de cómo responder.
Se levantó con cuidado por su herida, le tendí la mano para ayudarlo a levantarse, cuando Veora y Cyrus me vieron, aunque se asombraron no dijeron algo al respecto.
Observaba constantemente mi mano, poco a poco iba desapareciendo el color de él.
Eriol, con un corte en su abdomen y su camisa llena de sangre, abrió un portal que nos condujo al palacio.
Las puertas se abrieron muy rápido cuando nos vieron llegar, en la entrada estaban varios caballeros esperándonos junto con el sacerdote Uzuai quien tenía su frente perlada y se encontraba agitado, junto a él una preocupada Akina quien parecía llevar horas llorando.
—¡Por las diosas!
—dijo Uzuai cuando me vio.
—¡¿Qué le ha ocurrido?!
—Señorita Chalot, ¿se encuentra bien?
—pregunté evadiendo la pregunta del sacerdote, no pude responderme, pero continúo llorando.
—Me temo, reina Agatha, que la señorita Amica ha sufrido un ataque y su estado de salud es muy delicado.
—comentó el sacerdote.
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