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La diosa de la luna - Capítulo 69

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  4. Capítulo 69 - 69 Capítulo 29 Isobel_2
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69: Capítulo 29: Isobel_2 69: Capítulo 29: Isobel_2 Pasados un par de minutos, escuché como tocaban a la puerta para luego abrirla, estaba detrás del biombo colocándome un vestido suelto, sin tantos accesorios, sin embargo, no era capaz de amarrarme bien el corsé.

Eriol, quien había entrado en la habitación con su usual uniforme de guardián, esperaba a que estuviera lista para salir, me puse de espalda a él, el vestido lo sujetaba mis manos contra mi pecho, pero necesitaba su ayuda.

—¿Podría hacerme el favor, señor Gerlaria?

—le pedí mostrándole la cinta del corsé, pasando mi cabello hacia el frente.

—No creo que sea adecuado, majestad.

—dijo él con nerviosismo.

—Es solo el corsé, no le estoy pidiendo algo más.

—respondí.

—Se lo pediría a mis shauri, pero no están.

Además… no tuvo problema para invitarme a bailar durante la fiesta.

Escuché como tragó en seco ante mi comentario, sujetó las cintas y apretó con delicadeza, su tacto era suave casi inseguro de lo que hacía, hizo un buen trabajo con el corsé, aunque quedara un poco suelto.

Voltee a mirarlo, pero no fue capaz de mirarme a los ojos.

Quizá se haya puesto incomodo ante mi petición, posiblemente no lo viera de la misma manera que yo.

Salimos de la habitación y comenzamos a caminar hasta las habitaciones de los sanadores, donde hace un par de semanas estuve por el encantamiento de un hamu, lo que me hace recordar el informe que Aries le solicitó al reino de los sueños y que le pedí a Eriol que me trajera del ataque de Isobel.

Al llegar, observé a tres mujeres más junto a ella, Akina estaba a su lado sentada, una acariciaba su mano con delicadeza y la otra estaba al pie de la cama observándola.

Isobel se veía dormida, en calma, se podría intuir eso de no ser por los moretones que se le asomaban en sus hombros por encima de su sábana.

Las mujeres al observarme hicieron una reverencia.

—Lamento mucho lo que le ocurrió a la señorita Amica.

—comenté.

—Agradecemos mucho que esté aquí, majestad.

—dijo a quien reconocí como la esposa de Tadeusz Amica, madre de Isobel.

—Ella se alegrará mucho el saber que estuvo aquí.

—¿Qué han dicho sobre su estado?

—pregunté.

—No mucho, majestad.

—respondió la otra mujer, que, por su parecido, debía ser la hermana de Isobel.

—Dijeron que su estado ha mejorado, pero aun esperamos a que despierte.

En ese momento llegaron los sanadores a revisar a Isobel, detrás de ellos llegó el capitán Bauer con una carpeta en sus manos, acompañado de Aries, Beatriz y dos hombres que no reconocí, pero que salieron a observar a Isobel y abrazaron a Akina y a la hermana de Isobel.

—Majestad, el señor Gerlaria me comentó que solicitó esto.

—comentó entregándome la carpeta.

—Aun hacemos todo lo posible por saber que ocurrió.

Esperó a que le diera una hojeada, no había muchos papeles dentro, asentí en manera de agradecimiento y luego se marchó el capitán de la habitación.

Aries se acercó a mí lo suficiente para poder leer lo que había dentro, inmediatamente cerré la carpeta.

—¿Sigues molesta conmigo?

—preguntó Aries.

Decidí ignorar su pregunta, era más que obvio que seguía enojada con él por aquellas palabras tan hirientes.

Caminé en dirección a la cama de Isobel donde hablaban los sanadores con la familia, mientras le decían a la madre que debían dejarla descansar para que pueda recuperarse más pronto.

Los hombres que habían entrado con Aries eran los shauri de él, amigos de Isobel, al decir eso, se colocaron a su lado esperando algún comentario para poder salir de la habitación.

—Cualquier cosa que necesite la familia Amica, no duden en pedirlo.

—le dije a la madre de Isobel.

Salí acompañada de Eriol, escuché los pasos de Aries aproximarse a nosotros.

—Agatha, perdón por lo que dije.

—comentó Aries en la puerta de la habitación, de manera que todos los presentes pudieron escuchar sus palabras.

Sé porque lo hacía, la misma estrategia había usado conmigo durante la fiesta de Mies, pero en esta ocasión no iba a funcionar igual.

—Majestad, no es buena idea.

—escuché decir a uno de los shauri de él.

No sé si pudiera existir alguna forma que pudiera perdonarlo, creo que lo más seguro era olvidándolo, pero no estoy segura de que fuera capaz de ello, jamás se me irá la sensación que tuve cuando le escuché aquellas palabras y cada vez que lo veía tenía el mismo sentimiento.

En completo silencio, solo con mis pensamientos que no paraban, me fui a mi habitación para poder descansar, luego de incluso insistirle mucho a Eriol que hiciera lo mismo, ya que él lo necesitaba más que yo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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