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La diosa de la luna - Capítulo 71

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  4. Capítulo 71 - 71 Capítulo 30 Un sueño_2
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71: Capítulo 30: Un sueño_2 71: Capítulo 30: Un sueño_2 El centro de entramiento es un lugar árido, puesto así para poder explotar mejor nuestras habilidades.

Con un suave movimiento de mi cuerpo, comenzaron a crecer árboles alrededor menos donde los sacerdotes estaban observando, un césped muy lindo comenzó a crecer mientras hacía llover para que se nutrieran los árboles, hice unas columnas de tierra completamente cubiertas de flores, comencé a dividir el agua para poder crear gotas que se movieran ahora en sentido contrario a la lluvia, mientras seguía haciendo crecer los árboles para que estos dieran frutos.

Sin embargo, mi cuerpo no pudo aguantar tanta energía, por lo que caí al suelo agotada y mareada, bañándome con el agua que usaba y muriéndose toda la vegetación que había creado.

—Reginor Agatha, eso fue… —comenzó a decir la sacerdotisa Amelina con entusiasmo.

—Horrible.

—interrumpió la sacerdotisa Hana.

—No entiendo porque querer exigirse sabiendo que no eres capaz de controlar los dos elementos al mismo tiempo.

Tiene sus poderes fuera de control, asesinaste a toda la naturaleza que tú misma creaste en solo segundos.

Creo que deberías seguir entrenando en lugar de estar haciendo otras cosas.

Supe que se refería a la pequeña conmemoración de mi cumpleaños, algo que se les hacía a todos los habitantes de Hirina, algo que siempre hemos hecho por varios años, algo que incluso estoy segura de que los demás reyes también hacen.

La sacerdotisa Hana siempre veía que mis entrenamientos eran nulos, muchas otras veces me ha llamado idiota e incapaz, por no poder controlar los elementos, y muchas otras palabras hirientes, pero esta vez no permitiría que me insultara, porque no solo lo hace conmigo, sino con la diosa, pues sabe que este día se le celebra a ella, porque es la conmemoración de mi cumpleaños, el momento en que Amaris me eligió su descendiente.

Ella siempre hacia eso durante las evaluaciones, por alguna razón siempre era ella quien daba sus opiniones al respecto de mi evaluación, cuando no estaba autorizada a hacerlo, nunca podía escuchar lo que los otros sacerdotes tenían para decirme.

—No quiero su opinión, sacerdotisa Hana.

—le dije mientras ellos se susurraban cosas.

—Es más, no debería estar opinando en algo que no le corresponde, usted debería estar de observadora, no de crítica.

—¿Cómo se atreve a hablarme así?

—preguntó ofendida.

—Reginor Agatha, creo que no son maneras de decir las cosas.

—reprendió el sacerdote Uzuai.

—Tampoco son maneras de que ella le hable así a la reina de Hirina.

—dije muy seria.

—Creo que debería empezar a considerar sus palabras, sacerdotisa.

—Así como me estás respondiendo, deberían también de colocarte a… —Creo que es suficiente, reginor Agatha, le pido que por favor se calme.

—intervino el sacerdote Silas.

—¡No!

—grité.

Sentí como mis lagrimas caían mientras sentía una gran ira recorriendo mi cuerpo, una energía que me hacía sentir escalofríos.

—¡¿Por qué?!

—grité de nuevo.

—¡¿Por qué siempre es tan mala conmigo?!

¡No entiendo que le hice mal a esa mujer para que siempre me esté insultando!

¡NO ES JUSTO!

Y no es justo que ustedes le permitan ser así conmigo.

Agitaba mis manos mientras hablaba muy enojada con todos, porque siempre terminaban reprochando mis actitudes y los demás sacerdotes no hacía algo al respecto, durante mucho tiempo me había quedado callada, pero esta no era la ocasión.

Cuando terminé de gritar todos se veían muy horrorizados, pero no me miraban a mí, sino a mi lado, por lo que observé mi mano derecha a donde ellos miraba, la tenía empuñada y se encontraba completamente negra hasta la altura de mi muñeca, con unas líneas del mismo color subiendo hasta mi codo.

Observé a mi lado, en dirección donde había apuntado el puño, había un agujero en el suelo, tan negro como tenía mi mano en estos momentos.

—Lo sabía.

—dijo la sacerdotisa Hana desde el balcón.

—¿Qué?

—pregunté confundida.

—¿Qué es esto?

El sacerdote Uzuai bajó corriendo del balcón para ir hasta donde estaba, el resto de los sacerdotes miraban con asombro el agujero en el piso.

—Agatha, quiero que a la próxima controles tus emociones, no puede sentir ira en tu cuerpo.

No puedes permitirte sentir algo.

—No entiendo que pasó… —No te preocupes, olvidarás este suceso.

—me dijo colocando su frente con la mía.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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