La diosa de la luna - Capítulo 8
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- Capítulo 8 - 8 Capítulo 6 La reevaluación_2
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8: Capítulo 6: La reevaluación_2 8: Capítulo 6: La reevaluación_2 Mis manos temblaban, no solo de la ira sino incluso del nerviosismo por el peso de mis palabras, había ensayado en mi mente una y otra vez este discurso, sin saber si algún día podía recitarlo con la confianza que necesitaba.
—Puedes irte, Agatha, no habrá más secciones, muchas gracias por su tiempo, majestad.
—dijo el sacerdotes Silas con una reverencia.
Ellos se fueron al rato del sacerdote Silas pronunciar esas palabras, el rostro de Hana se había enrojecido de la rabia que sentía por mis palabras, sin embargo, sabía que no podía refutar lo que decía, en estos momento poseían más peso que antes.
Isobel, Akina y Eriol continuaban en la entrada esperando, mi vestido aun continuaba mojado, con un suave movimiento de manos saque toda el agua de mi ropa y mi cabello para dejarla a un lado.
—Si que eres una joya.
—dijo alguien detrás de mí.
—De esas que cada día que pasa van perdiendo su valor.
—Vete, Aries, no estoy de ánimos para tus comentarios.
Él aun llevaba puesto el mismo traje con el que había asistido a la reunión del consejo por la mañana, aun se le veía fresco y pulcro.
—¿Era necesario hablarle así?
—preguntó.
—Deben de agradecer que fui gentil con mis palabras.
—¿Para ti eso fue gentil?
Fuiste muy autoritaria.
—Demuestro mi posición ante la situación.
Aries fue casi que criado por Hana, por lo que ambos no solo comparten la misma personalidad, sino el mismo desagrado hacía mí, Hana por razones desconocidas y Aries porque Hana se lo enseñó, aunque él una vez me dijera que se había dado cuenta de la persona que soy y que su odio no fue infundado por ella.
—No era necesario usar la palabra “soy tu reina”.
—Mira, no me interesa si estás de acuerdo o no con lo ocurrido, pero te recuerdo que las reevaluaciones son prácticas cerradas, solo quien reevaluaran tiene el poder de decidir a quién invitan, y tú… —dije mirándolo de arriba abajo para crear más ira en él.
—Ni a un café te invitaría.
A diferencia del odio que Hana siente hacia mí, el de Aries es muy diferente, por algún motivo, me hace gracia y me divierte mucho molestarlo casi a la par o peor.
Él se quedó con las palabras en la boca, no deseaba continuar con una conversación con él, sobre todo con la euforia que sentía, no me encontraba en mis sentidos para continuar.
—Majestad, eso fue increíble.
—dijo Isobel.
—Muchas gracias, señorita Amica.
¿Qué sigue en la agenda?
—pregunté.
—Hasta ahora no hay nada registrado, reina.
—respondió Akina.
—Mientras usted se encontraba en la reunión del festival de la cosecha, fuimos por sus implementos de pintura, lo dejamos en su habitación.
—Estoy muy agradecida con ustedes, señoritas.
¿Pueden ir preparándome un baño por favor?
Deseo hablar con el señor Gerlaria un momento, después de eso pueden irse.
Ellas hicieron una reverencia para después salir del centro de entrenamiento, Eriol me observó en silencio esperando a que dijera algo.
—Señor Gerlaria, ¿sabe por qué le pedí que se quedara?
—Majestad, lamento mucho mi ausencia en la mañana.
—se disculpó él.
—¿Tuvo alguna emergencia?
Él se quedó en silencio, demostrar tu poder sobre los demás ayudaba a que te tuvieran respeto ante cualquier cosa, además de determinación.
Conocía a la perfección cuales son las funciones del guardián para conmigo, por lo que sabía que su ausencia no justificada y previamente avisada suponía una grave infracción para él, se dejaban pasar cuando se tratase de una orden de sus superiores o alguna emergencia que él o sus familiares hayan presentado.
Por eso los mal nombraban sombras, pero ese nombre lo tiene otra criatura horrible.
Pero el guardián debía de seguirte los pasos donde quiera que vaya, sin embargo, no necesitaba que estuviera siempre a mi lado, él tiene una vida, un mundo fuera de las paredes del castillo.
—Señor Gerlaria, entiendo que usted tiene una vida fuera de su título como guardián.
No es necesario que responda mi pregunta si no desea hacerlo, solo le pido que si lo hace lo haga con sinceridad.
—No, majestad, estuve en una fiesta.
—respondió él casi en un susurro.
—Entiendo, no hay problema, si desea ausentarse por alguna razón o porque no desea asistirme hoy, lo entenderé, siempre que no haya visitas programadas fuera de estas paredes.
No debe seguirme siempre.
—Mi reina, pero esa es mi labor, cuidarla y protegerla siempre.
—respondió él.
—Si, tienes toda la razón, no te diré como hacer tu trabajo, solo te pido que me comuniques cualquier cosa que suceda.
Él asintió, pero decidió seguirme hasta mi habitación donde aguardaba a mis siguientes pasos mientras me duchaba.
—Majestad, ¿habló con el señor Gerlaria por su ausencia?
—preguntó Isobel.
—Si, confirmó lo que ustedes me comentaron de la fiesta.
—respondí.
—No entiendo cuál es la función de esa fiesta, la verdad me parece algo realmente innecesario.
—comentó Akina.
—Los conceptos de fiesta pueden varias de acuerdo con nuestras culturas, quizá para ellos sea algo importante.
—dije.
Eriol era una persona que me intrigaba demasiado, pero sobre todo sus poderes y su puesto, ¿cómo hace alguien para llegar hasta la orden de los caballeros dorados en tan poco tiempo?
Aún más con su cicatriz que se le notaba por encima de su uniforme.
No conocía nada acerca de él o su pasado.
—Señoritas, ¿ustedes saben algo de la familia Gerlaria o de Eriol?
—La familia Gerlaria era conocida en Agnes por sus ricos panes.
—respondió Isobel.
—¿Ricos?
Eran exquisitos, la dejaban con ganas de más, majestad.
—dijo Akina lo que me causó gracia.
—Dijiste, eran… —Si, la madre de Eriol murió y su padre dejó de hacerlos, no hay nadie quien replique sus recetas, pues Eriol está en el ejército y su hermano es sanador en un hospital en Kisha.
—comentó Isobel.
—Majestad, pero hay un rumor muy fuerte entre el ejército, se dice que la señorita Beatriz y el señor Eriol son pareja.
—dijo Akina.
Aunque ante ellas pudo notarse que ignoré el comentario de Akina, lo cierto era que no lo había hecho, después de que el baño terminó y todos se fueron, me quedé pensando, preguntando como se sentía el amor.
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