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La diosa de la luna - Capítulo 81

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  4. Capítulo 81 - 81 Capítulo 33 El reino de los sueños_3
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81: Capítulo 33: El reino de los sueños_3 81: Capítulo 33: El reino de los sueños_3 Observé a Eriol, sus ojos se cerraban cada tanto y se los frotaba para mantenerlos abierto.

Hu rio al verlo así, no podía entender que estaba ocurriendo, todo era demasiado extraño para mí.

—¿Cómo podemos confiar en sus palabras?

—pregunté.

Tomé la opción de la incredulidad, ¿qué posibilidades habías que exista una diosa diferente a la que conocemos?

—Tienes muchas preguntas en ti.

—respondió Hu.

—Pero entiendo porque me haces esa, te han enseñado tantas cosas, que nunca te han mencionado que existen otros dioses.

—¿Por qué querrían ocultar algo así?

—pregunté.

—Por la misma razón que ya no tengo a mis hermanos aquí.

—dijo ella con un semblante triste.

Sin duda era una persona bastante expresiva, pero aún más risueña.

—Entiende que hago esto porque Amaris me lo pidió, ella sabía que sería la única que llegaría a este punto.

—dijo Hu.

—Es una pena que nadie le creyera.

Ella no solo busca protegerte, sino proteger a Hirina.

Sentí escalofríos al recordar mi encuentro con Terla en el bosque, me había dicho casi las mismas palabras que me dijo él.

—Lo sabías, ¿cierto?

—preguntó Hu.

—Conocí al protector del bosque.

—dije.

—Pero eso no prueba nada.

—Tienes muchas preguntas en ti, demasiadas.

Me encantaría ser yo quien te las dé, pero no puedo cambiar el curso de la historia.

—¿Qué quieres decir?

—Agatha, estás en peligro.

—dijo Hu muy seria.

—Todos los ataques que has sufrido lo demuestran, esta persona sabe que no puedes morir, pero tiene los medios para lograrlo.

—¿Cómo?

Eso no sería posible… nunca ha muerto, un rey.

—cada palabra la pronuncié más despacio que la anterior a medida que iba cayendo en cuenta.

—Veo que recordaste a Aurora Gogledd.

Los sucesos ocurridos después de la muerte de Aurora se conocieron como “la ruptura del fuego”, se dice que su esposo creo el libro Gogledd, para concederle el deseo a su esposa, una descendiente de Agnes, reina del fuego, el deseo de morir antes de los doscientos años, lo cual desató un descontrol sobre el fuego que duró el tiempo de su ausencia, causando muchas muertes y daño a vegetaciones.

Dicho libro contiene muchos hechizos prohibidos que descubrió Joseph Gogledd en su búsqueda… solo eran coincidencias con lo que me decía, eso realmente no probaba nada, no deseaba creer que lo que decía era cierto.

Mi corazón empezó a latir muy deprisa, no entendía por qué era, quizá pueda ser miedo, puede que tenga razón, pero no había probabilidades de que algo así ocurriera, se dice que después de aquellos sucesos el libro fue destruido.

—Entiendo que no me creas.

—comentó Hu.

—Pero, sé que lo harás.

Se levantó de su silla, con calma caminó hasta donde me encontraba rodeando toda la mesa y se sentó a mi lado, aunque verla te resultaba tranquilizador, tenerla tan cerca resultaba amenazante bajo su carisma y su hermoso rostro casi angelical.

Extendió sus manos hacía mí, me quedó mirando unos segundos, hasta que con una seña con sus ojos me dio a entender que quería que las tomara.

Aunque con un poco de duda, tomé sus manos, se sentían frías aun para estar dentro de una isla.

Comencé a sentir un hormigueo, de repente mi visión se tornó borrosa, intenté soltarme del agarre, pero Hu me tomó con fuerza.

Como imágenes fueron pasando eventos que nunca había vivido, con personas que no reconocí, hasta que noté que estaba presenciando fragmentos del día de la redención a través de los ojos de Amaris, podía sentir todo lo que ella había sentido, amor, traición, ira, frustración… un vacío muy enorme en su corazón.

Me solté de las manos de Hu, levantándome de la silla muy deprisa que esta terminó en el piso, asustando a Eriol, comencé a llorar descontroladamente, aquellos sentimientos no se iban, se habían quedado en mí, mis manos temblaban.

Eriol corrió a abrazarme para poder consolarme, se quitó sus guantes de cuero y con sus dedos limpiaba mis lágrimas.

Había visto en cuestión de segundos toda la vida de Amaris, todo lo que vivió, todo lo que sufrió.

—¿Qué le hizo?

—preguntó Eriol gritando enojado.

—Acaba de vivir la vida de Amaris.

—respondió Hu.

—Te llamamos solo a ti, porque eres tú quien está en riesgo, tu guardián puede dar fe de ello.

—Majestad.

—dijo Myria en esta ocasión.

—La persona que casi la induce a un sueño eterno, fue contratado por alguien dentro del palacio.

No sabemos quién es y es lo único que nos puede decir, por un vacío que hubo en su juramento.

Por eso le solicitamos venir, para poder hablar de ello.

—No son una coincidencia tus ataques, Agatha.

—dijo Hu.

—Debes tener mucho cuidado, por ti y por Hirina.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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