La diosa de la luna - Capítulo 84
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Capítulo 84: Capítulo 35: Sentimientos
Eriol.
He presenciado muchas muertes, cometido muchas otras, pero jamás ninguna como el hombre que se encontraba en la celda del reino de los sueños. Tan brutal y cruel, pasó todo en cuestión de segundos, que al verlo sosteniendo la espada con Agatha y Beatriz tan cerca, solo se me ocurrió proteger a la reina, pero aun así Beatriz estaba conmocionada.
Ella al igual que yo había presenciado muchas escenas como esta y durante su servicio había matado, como todos en la caballería, pero el hecho que un “inocente” muriera por descuido de ella era algo preocupante.
Los centinelas del reino de los sueños nos llevaron a las habitaciones, no tenían forma de acusar a Beatriz de asesinato puesto que ella no le había pasado su espada, solo estaba allí cerca, de todas formas, todos habíamos visto como el hombre se la había arrebatado para cometer un acto de suicidio frente a todos.
Sabía que me necesitaría, había estado huyendo de ella, la última vez que conversamos, fue en realidad una discusión por culpa del rey Aries quien estaba agrediendo a Agatha de nuevo, ella lo protegía diciendo que él era así y que no le haría daño a nadie, el resultado fue diferente en ese momento. Ahora debía ignorar eso, de todos los permisos que me había concedido la reina decidí usar uno para estar con Beatriz, consolarla o apoyarla, pero no de la misma forma que ella había hecho conmigo.
Agatha sin dudar me concedió el permiso, no tenía de que preocuparme por ella, había muchos de nuestros caballeros rondando la mansión Dafina, un equipo elegido específicamente por mí para evitar cualquier tipo de incidente, pero, sobre todo, la mansión se veía muy protegida tal y como presumían los hermanos Dafina.
Beatriz no lloraba, solo estaba conmocionada, la acompañé hasta su habitación, su rey se había desentendido de ella encerrándose en su habitación.
—¿Estás bien? —pregunté mientras ella se sentaba en su cama llevando sus manos a la cabeza.
—No lo sé, creo que bien, supongo. ¿Por qué no te sientas? —preguntó señalando a su lado.
Decidí no hacerlo y sentarme frente del pequeño sillón que se encontraba cerca a los pies de su cama, ella me miró con recelo. Se levantó hasta sentarse encima de mis piernas para besarme, con un poco de brusquedad la alejé de mí.
—Beatriz, en serio, ya basta. —comenté. —No quiero seguir con esto.
—¿Por qué? No entiendo, estuviste con Calíope que no te daba ni la mitad que yo te puedo dar. —dijo ella molesta levantándose de mis piernas. —Nos conocemos desde niños, ¿por qué no podemos estar juntos?
¿Qué se supone que deba responderle para no herir sus sentimientos? No deseaba estar con ella, pero sabía que una respuesta como esa no bastaría para ella, necesitaría ser más detallado, no tenía las ideas suficientemente claras como para darle una respuesta, solo sabía que no quería que eso sucediera.
—¿Es por ella? ¿Cierto? —preguntó de repente.
La miré con desconcierto, no sabía a quien se refería, no tenía el tiempo de estar viéndome con otras mujeres, ni siquiera le había hablado a ella de alguna.
—¿A quién te refieres? —pregunté confuso.
—Eriol, te conozco lo suficiente para saber que estas enamorado de ella. —respondió Beatriz. —Como la miras, te diriges hacia ella.
—Aun sigo sin saber a quién te refieres.
—¡La reina Agatha, Eriol! —dijo ella con un poco de ira en sus palabras.
No, era imposible. No estaba enamorado de la reina Agatha, no la miraba o trataba diferente… bueno, quizá un poco, pero porque es la reina, además no tengo esa confianza para tratarla como lo haría con ella o incluso con cualquier otra persona, era distinto.
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