La diosa de la luna - Capítulo 86
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Capítulo 86: Capítulo 35: Sentimientos_3
Eriol
Cuando empezó a salir la luna los centinelas nos invitaron a tomarnos unas cervezas de barril dentro de la mansión, algo que disponían solo aquellos que habían terminado su servicio del día. Acepté acompañarlos para pasar un rato agradable y olvidarme de varias cosas, pero no deseaba tener alcohol en mi cuerpo, la última vez le había quedado mal a la reina y con las cosas que nos han estado pasando no quería arriesgarme a ello.
Llegamos a una pequeña taberna, se veía bien construida con la capacidad de al menos diez personas a la vez, se encontraba en la parte de atrás de la mansión junto al huerto, tenía grandes ventanas con una decoración un poco rústica en su interior.
Beatriz como siempre insistió en que bebería junto a ella un par de cervezas, me negué rotundamente, los centinelas rápido entendieron que se trataba porque estaba aun de servicio. Las conversaciones se pusieron muy amenas, hasta que pude notar como el cielo se iba nublando poco a poco, me levanté disculpándome por mi retiro.
—¿A dónde vas? —preguntó Beatriz.
—Debo comprobar algo, sino regreso me fui a dormir. —respondí.
—¿Se trata de la reina, cierto?
—Es mi deber, Beatriz. —respondí. —Juré protegerla, algo que por lo visto tú no entiendes.
Ella me miró disgustada ante mi comentario, pero no podía hacer más, nuestras discusiones eran así, por cosas que yo hacía que ella no podía comprender, aun así, continuábamos siendo amigos o al menos eso quería.
Mientras caminaba de regreso a las habitación la noche se iba ocultando cada vez más, cuando llegué a la habitación de la reina Agatha no quise tocar, quizá solo me estaba volviendo paranoico, no escuchaba nada desde afuera, algún ruido o algo que me hiciera entrar a la habitación de ella. Me quedé observando la ventana que estaba cerca de su habitación hasta que lo vi, una lluvia fina, gotas pequeñas que adornaban el césped del jardín, ligeras pero visibles, algo le ocurría.
Me detuve frente a su puerta y no lo pensé de nuevo, de una patada abrí la puerta.
—Majestad. —susurré al verla.
Mi corazón latía con fuerza, él siempre haciéndole daño y maltratándola, ahora en su cama encima de ella. Aries se apartó de ella cuando me escuchó entrar, pude distinguirlo con la luz que entraba del pasillo, adentro la oscuridad reinaba.
—Vete, muchacho. Estamos ocupados. —dijo él.
Quizá sea cierto, posiblemente la reina Agatha lo haya dejado entrar a su habitación, posiblemente ella quisiera que lo que sea que estuviera pasando ella lo haya querido, pero había algo que no me transmitía buena sensación.
Aries ignorando mi presencia, se lanzó encima de la reina, ella en un ágil movimiento se levantó, dejándolo aterrizar solo en la cama. Agatha me dedicó una mirada, no supe cómo interpretarla, pero pude ver en su rostro una lágrima seca, Aries se levantó de la cama e intentó obligar a la reina a volver, ella puso resistencia.
—Vete, Aries. —pidió la reina.
Entonces lo supe, él había entrado a su habitación sin su consentimiento, quería obligarla a hacer algo que Agatha no quería, iba a violarla.
La ira en mí iba creciendo cual lava en volcán, recuerdo haber dado dos o tres zancadas para llegar hasta él, abrió su boca para decir algo, quizá si lo haya hecho, pero el sonido de mi puño impactando en su rostro hizo que lo que fuera a decir se perdiera en el aire.
La fuerza de mi golpe había hecho sangrar su boca, a los pocos segundos reaccionó para lanzarse encima de mí dándome un golpe en el abdomen, en la pelea recibí distintos golpes de él con solidez, pero erráticos, lo que demostraba que tenía la fuerza, pero no la técnica para luchar.
Entre dos centinelas nos lograron separar, él no podía mantenerse de pie, la reina pidió que lo sacaran de la habitación. Sabía que ella no me echaría, así que caminé hasta su cama, me tiré en el piso para sentarme, me dolía la cabeza, Aries había alcanzado a golpearme dos veces en el rostro.
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