La diosa de la luna - Capítulo 9
- Inicio
- Todas las novelas
- La diosa de la luna
- Capítulo 9 - 9 Capítulo 7 El mensajero
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
9: Capítulo 7: El mensajero 9: Capítulo 7: El mensajero Mi agenda ese día se encontraba libre en su mayoría, el único entre tantas cosas pendientes a futuro, o por lo menos lo que se tenía previsto durante el siguiente año.
A diferencia del día anterior, Eriol se había presentado a la par que mis shauri en mi habitación, aunque no había algo en mi agenda, ellos debían de cumplir con su labor, no me molestaba la presencia de ellos, durante el templo siempre estuve sola, no compartía mucho con los monjes de mi edad porque el sacerdote no me lo permitía, por lo que la compañía de ellos me agradaba, aunque ellos solo lo vieran como una obligación por cumplir.
Tal como Akina me había dicho, me había conseguido todos los implementos para poder pintar, colores, pinturas, acuarelas, lápices y varios cuadernos que escoger.
Salimos hacía al jardín, ellos me acompañaron en mi proceso de descubrir como pintar.
Miré mi primer dibujo, un garabato mal hecho, aunque deseaba dibujar un pájaro, no salió como esperaba.
—¿Qué opinan?
—pregunté volteando mi dibujo para enseñárselos.
—Está muy bonito el conejo, majestad.
—comentó Isobel.
—Sean honestas.
—reproché.
—Y no es un conejo.
Ellas rieron ante el comentario de Isobel, contagiándome a mí de la risa, había sido mi primer intento, y aunque no me haya salido bien, me había entretenido mucho y había disfrutado en el proceso.
Un actividad bastante relajante, nunca había pintado antes así que sabía que en los primeros intentos no me convertiría en una experta.
Un par de horas después ya me había cansado de dibujar, nos quedamos en silencio contemplando el cielo, cuando escuchamos a alguien acercarse.
Eriol había detenido a un hombre de apariencia física de unos treinta años, se encontraba sucio junto con su ropa, sus manos temblorosas sostenían una carta un poco arrugada.
—¿Aristeo?
—pregunté confusa por su apariencia y él asintió.
Aristeo es el mensajero de los reyes.
Él posee un poder que ha sido registrado muy poco en toda Hirina, donde incluso solo la familia de él, los Mittens podían percibir que poderes tienen cada persona con solo mirarlos, ellos lo que dicen es que los reyes tienen mucha más energía que cualquier otra persona con poderes en Hirina, lo que es fácil para ellos saber en donde están y distinguirlos uno de otros.
—¿Lo conoce, majestad?
—preguntó desconfiado Eriol.
Me resultaba un poco extraño que Eriol no lo conociera, puesto que los Mittens era la única familia que servía al palacio como mensajeros.
Aristeo lo conocí hace aproximadamente dos años atrás, para ese entonces comenzaba con su labor de mensajero y lucía muy diferente que ahora.
—Si.
—respondí colocándome de pie.
—¿Qué te ocurrió, Aristeo?
—No… no puedo decirle, majestad.
Lo lamento.
—dijo él con mucho nerviosismo.
—Quien me dejó así, me pidió que le entregara esta carta.
—Aristeo, debes decirme que ocurrió.
Él negó, en sus ojos se notaba el miedo que sentía.
—¿Puedes mostrar sus manos levantando tus mangas?
No decir que ocurre sería por dos razones, un hechizo o miedo.
El miedo en sus ojos me recordó un poco cuando conocí a Nina, combinada con una inocencia, quizá como ella lo había dicho no lo sabía cuándo lo hizo, pero Aristeo con todos sus años de experiencia si conocía todos los hechizos y los poderes existentes en Hirina, esa mirada fue lo que me dio el sentimiento de coincidencia con Nina.
Sus manos temblaban mientras subía su manga izquierda y allí estaba la marca que confirmaba mi sospecha, una línea fina que rodeaba toda la muñeca izquierda, un poco enrojecida indicando que el juramento había sido hace poco.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com