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La diosa de la luna - Capítulo 90

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Capítulo 90: Capítulo 36: El intruso_3

Sus manos tomaron las mías, lo que me tomó por sorpresa, dejando caer el agua que tenía, mojando su pantalón y mi pijama, al ver mi reacción me soltó, no sabía cómo procesar mis sentimientos con lo ocurrido con Aries, con un suave movimiento de mis manos recogí el agua que había botado para devolverla al tazón dejándonos secos.

—Majestad, ¿está bien? —preguntó.

No fui capaz de responder.

—Gracias por llegar. —dije. —Pero ¿cómo lo sabías?

No me había detenido a pensar en ello, había gritado, pero creía que no lo suficiente para alertar a los centinelas.

—Sentí que me necesitaba. —respondió.

Eriol miró mi hombro, Aries había bajado mi pijama dejando descubierta esa parte de mi cuerpo, por lo que enseguida lo volví a cubrir. A diferencia de la inesperada visita de Aries, me sentía mucho más cómoda con Eriol, su compañía me transmitía mucha tranquilidad, no sé si por el hecho que sé que me protegería de cualquier cosa o solo porque Aries intentó atacarme, porque eso fue lo que hizo, me quiso obligar a hacer algo que no quería, no sabía si esto debía reportarlo o no, pero ¿a quién se supone que reporte malas conducta de los reyes? Si la máxima autoridad éramos nosotros mismos, por lo que Aries, al ser rey, en pocas palabras podría hacer lo que quisiera, solo un igual a él podría colocarle un alto.

Aunque tenerlo allí conmigo me causaba mucha comodidad, por alguna razón mi cuerpo se sentía tensionado, atribuía eso a todo lo que había pasado. Decidí levantarme para llevar el tazón de agua de regreso al baño, pensé que el caminar liberaría la tensión, pero no fue así. Al salir del baño, Eriol me sorprendió, no fui capaz de escuchar sus pasos acercándose a mí, mi corazón dio un giro al tenerlo tan cerca de mí, ¿por qué me sucedía eso? Quizá podrían ser los nervios o el mismo miedo que sentí en un inicio.

—Gracias por curarme, majestad. —dijo él entrando más al baño para observar su rostro en el espejo. —La regeneración hubiera tardado un poco más.

Me acerqué a él buscando ver igualmente su rostro, quería asegurarme que sus heridas si hubieran sanado, para él que tarden más en curar es un signo que algo anda mal. Desconocía como eran los sanadores en el reino de los sueños, pero estaba segura de que, si lo pedía, Myria me traería los mejores de la ciudad.

Coloqué mis pies en puntillas para poder ver su reflejo, pero su altura no me permitía verlo, sin embargo, perdí el equilibrio, mi reacción instantánea era colocar un pie hacia delante para frenar una posible caída, pero Eriol se había girado colocando sus manos para recibirme. La última vez que mi cuerpo estuvo tan cerca al suyo fue cuando desperté del sueño eterno, que me consoló cuando lloraba sin cesar, en aquel momento no sentía la misma tensión que sentía en esta ocasión. Me levanté rápido de sus brazos, incorporándome.

—Al amanecer partiremos de regreso a Sylvara. —no sé porque lo mencioné en ese momento, pero esas fueron las palabras que salieron de mi boca.

—Si, majestad, ya habíamos escuchado eso.

“Habíamos”, en plural… entonces recordé que él había pasado la tarde con Beatriz, quizá haciendo lo mismo que Aries buscaba hacer conmigo, ¿qué se sentirá? ¿Será una misma experiencia como la de hace un rato? No son preguntas que deseo responder en ese momento, pero llegaron fugazmente a mis pensamientos.

La tensión que sentía, luego de la respuesta de Eriol fue desapareciendo poco a poco. No quería interferir entre cualquier relación que tuviera él con Beatriz, por lo que debía mantener distancia con él, solo el contacto justo y necesario para un guardián con su rey.

—Deberíamos regresar a dormir. —comenté suspirando.

—Pero, majestad… —dijo Eriol, luego apretó sus labios y añadió: —Si, majestad, buenas noches.

Hizo una reverencia, hacía mucho tiempo él no me hacia una. Sin voltear a mirar atrás, salió de la habitación. Recogí lo que podía de la habitación que ellos habían desordenado, pero el sentimiento no se iba, sentía una presión en mi pecho que me hundía cada vez más y más que si en ese momento entrara al agua, en lugar de flotar me hundiría.

Apagué las luces y regresé a la cama. Cerré los ojos por unos minutos, en mi mente fue proyectado la vida de Amaris de nuevo y pude reconocer uno de los sentimientos de ella, el vacío.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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