La diosa de la luna - Capítulo 91
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Capítulo 91: Capítulo 37: Un amparo real
Los pasos de Akina e Isobel caminando por la habitación me despertaron, hacían el mismo trabajo que estuve haciendo antes de dormir, acomodar la habitación.
—¡Majestad! —gritó Isobel al verme con mucho horror, su rostro se había puesto pálido.
—Mi reina, su ojo… otra vez… —Akina no podía pronunciar una oración completa.
Akina se acercó a la cómoda y de ella extrajo un espejo que me dio, al observar mi reflejo pude ver de nuevo mi ojo izquierdo completamente negro, pero en esta ocasión no tenía líneas saliendo de su alrededor, miré mi cabello, pero no tenía los mechones negros y mis manos tampoco tenían esa apariencia, solo el ojo.
Ante el grito de Akina, por lo que había ocurrido en la madrugada, Eriol y varios centinelas llegaron corriendo a la habitación, Eriol, aunque se extrañó al verme así, no se horrorizó como los centinelas, quienes uno de ellos rápido dijo que llamaran a Myria. A los pocos segundos se había sumado Beatriz y Aries, a quien Eriol le dijo que se fuera, pero le hizo caso omiso.
Myria cuando llegó si mostró un gesto de sorpresa, les pidió a los centinelas que se fueran, detrás de ella, apareció Hu. Instantáneamente Hu entró a la habitación, todos comenzaron a sentir sueño, a excepción de Eriol quien ya había estado con ella, Aries tuvo la misma reacción mía cuando la conocí, llevó su mano al pecho y se quejó de un fuerte dolor. Ella no me miró asustada u horrorizada, sino fascinada. Se acercó lo suficiente a mí, con su mano suave y cálida tomó mi mentón para observar mi ojo, sentí un alivio muy grande con su tacto.
—Nathaniel. —susurró ella.
Retrocedí.
Ese era el nombre que había descubierto que era mi padre, Nathaniel Iluna. ¿Cómo ella podía conocerlo? Pero más allá de esas preguntas, más quería saber dónde se encontraba él.
—¿Pueden dejarnos a solas? Por favor. —pidió Hu.
Todos sin dudarlo salieron de la habitación, Eriol mantuvo su postura a un lado de la puerta que la cerró cuando todos se fueron.
—¿Lo conoces? —preguntó Hu.
—No lo conozco. —dije.
Al final no era una mentira, jamás lo he conocido en persona, solo sabía esa información de él. No sé si era un noble o un campesino.
—Ten cuidado, Agatha. —dijo ella ya con una expresión más seria. —Esos poderes pueden traer mucho sufrimiento.
—¿Poderes? —pregunté confusa.
—Te lo dije, no puedo ser yo quien te dé las respuestas. Pero me temo que esta será la última vez que nos veamos.
Sus ojos se cristalizaron un poco, alzó su mano, esta vez no para mirar mi ojo, sino para acariciar con dulzura mi rostro.
—Eres igualita a él. —dijo ella para luego marcharse.
De nuevo me había dejado con más preguntas que respuestas, pero el hecho de que me dijera que soy igual a él, me da a entender que en algún momento se conocieron y quizá eran buenos amigos.
Un par de horas más tarde, con mi ojo con su color natural, zarpamos del reino de los sueños, nos encontrábamos en el estrecho de Gael. Isobel, Akina junto con los shauri de Aries se encontraban en la borda del barco observando a los derinys que se encontraban en esta parte de Hirina. Faltaba poco para llegar a Sylvara, en ese momento recordé la campana de minatio que me había regalado Isadora, quizá la hubiera usado en el momento que entró Aries a la habitación hubiera creado más caos, pero en ese momento estaba agradecida que, aunque estábamos en el mismo barco, tenía tiempo que no lo veía cerca de mí.
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