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La diosa de la luna - Capítulo 92

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Capítulo 92: Capítulo 37: Un amparo real_2

Estaba sentada en una de las alas del barco, el rozar del viento en mi rostro me había provocado un poco de sueño, lastimosamente no podía llegar a descansar, sino por el contrario colocarme al día con las tareas que había dejado pendiente con mi visita al reino de los sueños.

Como si lo hubiera llamado con el pensamiento, Aries apareció con Beatriz. En el barco solo estábamos nosotros, los soldados que nos acompañaron al viaje y por supuesto quienes dirigen la nave. Caminaba despacio, aunque intentara disimular, tenía una sonrisa dibujada en su rostro, Eriol se intentó acercar para quitarlo de allí, pero no quería de nuevo una pelea, por lo que con un simple gesto le dije que no se acercara, no todavía. Él se sentó en la silla de mi lado, mientras me observaba, quizá esperaba a que hablara primero, pero no tenía ganas de hacerlo, con él las cosas cada vez iban peor.

—Agatha, quiero decirte algo, ¿puedes mirarme? —preguntó con una voz suave en comparación a otras ocasiones.

—¿Qué quieres? —le pregunté aún sin mirarlo.

No le iba a exigir una disculpa por lo que había hecho, porque sabía que quizá no lo haría o por el contrario me diría lo que ocurrió la última vez que “intentó” pedir disculpas por lo que me había dicho. Él se levantó de la silla, caminó con paso firme y se arrodilló frente a mí.

—¡Agatha Iluna! —gritó mi nombre captando la atención de todos. — Es inútil seguir negando lo que ya es inevitable. Te ofrezco no solo mi mano, sino el poder y la estabilidad del reino, para que juntos gobernemos como está destinado. Acepta este vínculo, porque ambos sabemos que el destino ya ha decidido por nosotros.

De su bolsillo sacó una pequeña caja que contenía un anillo.

Me quedé atónita, podría esperar más fácil que Aries me lanzara por la borda a que me propusiera matrimonio, nuestra relación no ha estado muy bien, y es una relación entre rey-reina, nunca vi nada amoroso de su parte. Por supuesto la gran mayoría desconocía como era él conmigo y por supuesto lo que había ocurrido anoche, de nuevo me estaba colocando en una presión para no tener escapatoria y poder decirle que sí.

Las noticias de la propuesta por supuesto hablando del rechazo, todos estaban a la expectativa de mi respuesta, Akina e Isobel vi sus rostro de extrañeza, Eriol por el contrario se le veía enojado, no le había pedido que interviniera, pero ojalá lo hubiera dejado, me hubiera ahorrado esta humillación.

La sirena del barco anunciando nuestra llegada al puerto Victoria me sacó de mis pensamientos, Aries continuaba arrodillado esperando una respuesta, pero no me iba a quedar de brazos cruzados, por primera vez me defendería y lo llevaría conmigo en este mar de vergüenza.

—No.

Mi determinación le sorprendió a Aries, se pudieron escuchar murmullos por parte de los soldados, la vena de su cuello comenzaba a marcarse de la ira.

—Entras a mi habitación sin ser invitado con deseos de ultrajarme y ahora pides mi mano en matrimonio como si nada, ¿qué te ocurre? —lo dije con la suficiente tonalidad para que todos escucharan.

—Bueno, sobre eso…

—Me insultas, me maltratas, haces cosas sin mi consentimiento, golpeas a mi guardián, ¿y quieres que acepte ser tu esposa?

—Agatha, creo que esto no es necesario. —comentó furioso y despacio para que solo yo pudiera oírlo.

—Mi respuesta es no, rey Aries, no quiero casarme con usted.

Lo que él quería lo había conseguido, la atención de todos, solo que no estaba ya puesta en mí sino en él. Me levanté de la silla pasando por un lado de él para desembarcar, inmediatamente tomó mi brazo como solía hacerlo, tenía su mano hirviendo que quemaba.

—Suéltame, Aries, me quemas.

—¡Caballeros! —gritó Eriol.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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